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—¡Tíoooo! —grita Toby al teléfono—. ¡Estás loco! ¿Dónde coño te metiste? Estuve dando la brasa a todo el mundo intentando localizarte. Pensé que te habías tirado de un puente o algo así. O que te habías pasado con la mierda que pillaste del Hombre Medicina.
—Tranquilo. Solo le pillé algo de hierba —responde Noah con una sonrisa. Echaba de menos a Toby.
—Sí, tío, vale, como sea, no tienes que ocultarme nada. Me dijo que pillaste algo más fuerte también. Su reserva especial. Veneno de sapo y otras cosas. Después de una semana, pensé que a lo mejor te habías ido de retiro al mundo del DMT —se ríe Toby.
¿De qué está hablando? Noah frunce el ceño. ¿Veneno de sapo? ¿DMT?
—¿Y dónde estabas? —la voz de Toby va y viene. Hay otras personas de fondo, y Noah oye el chasquido de un mechero y el borboteo de un bong.
—Ay, tío —dice Noah sonriendo.
¿Por dónde empieza? ¿Cómo lo explica?
Pero Toby lo interrumpe.
—Tenemos que ponernos al día porque, espera —su voz desaparece y vuelve— han pasado un montón de cosas mientras estabas desaparecido. O sea, mi abuela murió. Esa historia es de locos.
La sonrisa de Noah se desvanece. Lo sabe, pero no puede decírselo a Toby por teléfono.
—Quedemos, tío —dice Noah—. ¿Cuándo puedes?
—¿En serio? ¡Espera! —Noah oye a Toby dar una calada al bong y volver aguantando la respiración—. ¿Cuándo no estoy disponible para ti? Soy todo tuyo. Solo dime cuándo y dónde —dice Toby con el último aliento antes de que le dé un ataque de tos de fumeta.