Nana Kay 79
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Sueña.

Se oyen los gritos ahogados de Mooney.

Ese tonto se ha encerrado otra vez.

Una risita.

Noah ve dos figuras caminando por la nieve: Kay y Mooney. Hay un águila en lo alto. Se oye un gorjeo familiar en algún lugar cercano. ¿Un arrendajo azul? Kay y Mooney llevan raquetas de nieve. No hay un par de repuesto para él. Noah corre tras ellos, pero se hunde en la nieve.

—¡Esperad! —grita Noah.

Se dan la vuelta.

Kay niega con la cabeza, como suele hacer. No lleva gorro, y Noah quiere decirle que se va a resfriar.

Ella le grita algo, pero él no consigue oírla.

—¿Qué? —Noah frunce el ceño, pero se da cuenta de que se está hundiendo en la nieve y de que es imposible alcanzarlos sin las raquetas.

Kay abre la boca y le grita algo, pero solo alcanza a oír la última parte:

—¡Por el otro camino!

Mooney y Kay se dan la vuelta y empiezan a alejarse.

Noah mira hacia atrás.

Su Stallion —ve una nube de humo saliendo del tubo de escape— ¡está en marcha! ¿Cómo pudo olvidar que lo encendió? ¡Tiene que irse! ¡Se marcha!

Se gira para mirar a Kay y Mooney, pero ya no son más que puntos en el borde del campo.

Noah tiene que irse.

Tiene que volver a casa…