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Dentro, la cabaña del guardabosques es cálida y huele a cerrado, y se siente extraña después de horas a la intemperie.
El guardabosques está al teléfono.
Michael y Megan están desplomados en el banco, con las cabezas apoyadas en la pared.
Se han quitado los gorros. Resulta que Michael es rubio teñido, y Megan tiene el pelo largo y oscuro, ahora revuelto, húmedo y pegado a los lados de la cara.
Ambos giran la cabeza, sin despegarla de la pared, y miran a Noah cuando entra.
Megan sonríe débilmente y lo saluda con la mano.
—Tío —dice Michael en voz baja.
Es una versión rubia de Toby, y la idea hace sonreír a Noah.
Hablan durante un minuto. Megan estará bien.
El guardabosques llamó al hospital local, pero Michael dice que irán por su cuenta.
Van a acortar sus vacaciones. Ya han tenido suficiente esquí para una década.
Su risita queda es un alivio y una disculpa.
Añaden a Noah en las redes sociales para mantenerse en contacto.
M&M, como Megan los llama a ella y a Michael en broma, son de Brooklyn.
—Pittsburgh —dice Noah, y Michael asiente.
—Respeto.
Noah no está seguro de si va por su ciudad natal o porque un chico de ciudad como él esquíe mejor.
El destello de los faros se desliza por la ventana, recorre la pared y se detiene en el centro.
—Dean está aquí —dice el guardabosques mientras oyen cerrarse de golpe la puerta de la camioneta.
Dean es más alto que Noah, un hombre delgado en edad de jubilación y de tez oscura.
Bajo el gorro de piel, el pelo largo y canoso le cuelga despeinado hasta los hombros.
Sus cejas tupidas son casi tan espesas como su bigote, y sus ojos penetrantes se clavan en Noah por un momento.
Pero entonces el hombre guiña un ojo y exclama:
—¿Dónde está Jesús el salvador?
Y de repente toda su expresión se transforma en una máscara sonriente, seguida de una risa grave.
Noah quiere decir que él es Noah, pero entonces se da cuenta de que el gracioso probablemente también hará un chiste con su nombre.
—Otra gran aventura en la nieve, ¿eh? —Dean echa un vistazo a la joven pareja, luego al guardabosques—. ¿Todo bien, Greg?
—Sí. Esta vez va a salir todo bien —responde el guardabosques.
Esta vez. ¿Cuántas veces no sale todo bien?
Dean emite otro sonido, similar a una risa, y Noah piensa que no tiene ninguna gracia que la gente se pierda en el bosque y muera congelada, pero luego recuerda que leyó en algún sitio las alarmantes estadísticas sobre cuánta gente se pierde o se hace daño en plena naturaleza cuando se adentra sin
preparación.
—¿Adónde te llevo, joven? —Dean se vuelve hacia Noah de nuevo.
—Eeh... —Noah está bastante seguro de que Kay y Dean se conocen, pero, por si acaso, dice—: Pine Trail Road, saliendo de Jay Creek Road.
—¿Ah, sí? —Dean lo mira con complicidad.
—La casa de Kay.
—La de Kay, ¿eh?
El hombre lo mira sin parpadear durante lo que parece una eternidad.
—¿Te estás quedando con Kay o algo así?
—Sí, por un tiempo.
—¿Ah, sí? —Dean sigue mirándolo fijamente, y Noah no sabe por qué, pero aparta la vista y mira al guardabosques, que también lo está mirando fijamente.
Luego los ojos del guardabosques se desplazan hacia Dean.
La mirada de Dean salta de Noah al guardabosques y de vuelta a Noah, como si les hubiera dado alguna pista oculta.
Entonces la comisura de la boca del hombre se tuerce en una media sonrisa.
—Bueno, pues vamos allá —dice finalmente, se da la vuelta, y Noah lo sigue, lanzándoles un «Cuídense» a Michael y Megan como si fueran a otra excursión.