58
Noah se da cuenta de que no es un paseo normal cuando Kay saca del granero dos pares de raquetas de nieve antiguas, con marco de madera. Parecen arcaicas. Con ellas vienen unos bastones de esquí desgastados.
—¿En serio?
Lleva semanas aquí y es la primera vez que planean caminar más allá de donde llega la máquina quitanieves.
—¿Sabes usar estas? —Kay lo observa ponerse las raquetas con una sonrisa burlona.
Él le devuelve una sonrisa de suficiencia. La filosofía será el fuerte de Kay, pero él no se chupa el dedo.
—¿Listo? —Ella lo mira de arriba abajo.
—Nací listo —responde él.
—Ajá —es lo único que dice, y asiente con una sonrisa.
Ya que ella insiste, Noah dará este paseo con ella, pero mañana irá al pueblo. Si hace falta, irá a pie. Quizás este paseo sirva de calentamiento.
Noah se anima. Kay cruza con cuidado el montículo de nieve acumulada y se adentra en el campo. Él la sigue, dejando atrás los pensamientos sobre su coche y el alternador.
Siempre hay un mañana.