Nana Kay 55
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Por la noche, Noah está tumbado sobre su edredón en el suelo, junto a la chimenea, mirando las fotos del teléfono.

El mundo exterior le parece tan lejano, pero aun así no puede evitar sonreír cuando repasa las fotos de The Revanchists, el dulce rostro de Brooke y las muecas graciosas de Toby.

Los echa de menos. Quiere verlos pronto y, de algún modo, sabe que así será.

Será triste despedirse de Kay cuando llegue el momento. Debería venir aquí arriba con Toby de visita alguna vez. Ahora que lo piensa, no ve ningún parecido entre Kay y Toby. ¿Cómo puede ser su nieto? La idea le hace sonreír. Debería hacerse una foto con Kay.

De repente tiene una idea. ¡Claro! ¿Cómo no se le ha ocurrido antes?

Va al dormitorio y avanza despacio y con cuidado en la oscuridad hasta el cajón junto a la cama, lo abre y busca a tientas el papel y los lápices. Los lleva al salón y se sienta en el suelo junto a la chimenea.

Necesita dejar una parte de sí mismo aquí. El problema es que no es artista, pero eso ni siquiera importa. Tanto si cree que lo es como si no, tiene razón.

Noah suelta una risita y garabatea algo en el papel. Luego añade algo más. Y después, otro elemento.

Al poco rato, frunce los labios y se muerde el interior de la mejilla, dibujando en ese papel en el suelo como un niño, como solía hacer en su infancia, como si nadie lo estuviera mirando ni juzgando, porque nadie lo hace ni lo hará, y aunque así fuera, a Noah le daría exactamente igual.