27
Mientras Kay está en la casa preparando el almuerzo, Noah coge una pala y despeja el patio a toda prisa. Ya no es meticuloso. No tiene sentido. La nieve volverá a caer y tendrá que empezar de nuevo.
Por si acaso, camina hasta el cobertizo del fondo mientras despeja el camino, y lo mira con recelo.
Un pájaro azul revolotea nervioso alrededor del cobertizo, como si Noah estuviera a punto de perturbar su nido, y se posa en el borde del tejado. Mira fijamente a Noah desde arriba y suelta un graznido burlón. Noah le devuelve una mirada igual de hostil y se aleja.
Luego quita la nieve de alrededor de su coche. Otra vez. Por si acaso.
Por si acaso, camina hasta la carretera y mira con tristeza la nieve que nadie ha despejado.
Ni siquiera está decepcionado. Cuando llegue el momento, llegará.
En vez de eso, rebusca los cigarrillos en el bolsillo del abrigo y enciende uno.
Se queda allí parado, notando cómo el humo le llena los pulmones, y de alguna manera sabe aún mejor después del ejercicio físico.
Será mediodía, piensa Noah, aunque no está seguro.
De algún modo, el tiempo es irrelevante en esta parte del mundo.
El silencio es abrumador. Es el sonido del aislamiento.
Pasea la mirada a su alrededor. Sus pensamientos hacen lo mismo.
Se imagina que no hay nadie en kilómetros a la redonda.
¿Vecinos? No vio ninguna casa de camino hasta aquí, pero la carretera sigue más adelante.
Quizá haya alguien. Debería preguntarle a Kay.
En el silencio del cielo gris y los pinos altos y la blancura, el tiempo se detiene y el cigarrillo parece durar eternamente. Podría estar fumándose un porro con Toby ahora mismo. Que esté atrapado en casa de su abuela todavía le hace gracia.
Es este aislamiento lo que hace que Noah sienta que está perdiendo el tiempo aquí cuando podría estar…
¿Qué, pasándola en grande en Pittsburgh?
Se para a pensar qué haría ahora mismo si se despertara en casa: fumarse un porro, pasar una hora con el móvil, quizá dos, quedar con alguien, tal vez intentar escribir una canción nueva y trastear con la guitarra.
No ensayaría mucho porque Stevie tiene un trabajo de día.
Llamaría a Brooke. Espera, está fuera del país.
Así que mataría el tiempo hasta la tarde, luego iría a su turno en el bar, o haría el vago, llamaría a alguien, quedaría y saldría a beber.
La verdad es que, por mucho que Noah intentara escapar de lo mediocre, no escapó hacia mucho más.
Bolos sueltos. Fiestas. Alcohol. Drogas recreativas.
Chicas. Más fiestas. Más conciertos que le hacían sentir que iba a ser el próximo Sid Vicious, predicando libertad y anarquía.
A fin de cuentas, Noah no estaba llegando a ningún lugar fabuloso como había soñado.
A fin de cuentas, seguía siendo el mismo Noah, remando con los demás, buscando esa libertad en el mar interminable de la nada.
Kay tiene razón. Aunque esa libertad lo rodeaba por todas partes, no lo hacía mucho más feliz. Seguía dependiendo de otros para compartirla. Seguía necesitando a alguien con quien compartir su felicidad.
Pero cuando necesitas a alguien, ¿sigue siendo libertad?
¿Entiende siquiera qué es la libertad? Todavía está enfadado con sus padres, todavía se despierta por las noches de las pesadillas bíblicas con sensación de asfixia.
Todavía está paranoico por lo de Brooke.
Todavía tiene miedo de decepcionarse a sí mismo.
Ahora tiene toda la libertad del mundo para hacer lo que quiera, para vivir como quiera el próximo año, para mandarlo todo a la mierda, para cometer lo indecible, lo escandaloso, lo hermoso, lo importante.
Pero ¿sabes qué? Solo quiere dar un concierto más, sentir el éxito, tener a Brooke a su lado y compartirlo con ella, que alguien lo necesite una vez más, estar atado, y tener una oportunidad de futuro.
Ah, el futuro.
Céntrate en el presente. Vive el hoy.
¿Quién es el listillo que dijo eso?
Vive la vida como si fuera tu último día.
Noah quiere partirle la cara a ese alguien.
Porque resulta que —la suerte de siempre de Noah— ya no tiene futuro.
Un año como mucho no basta. Es como ver un muelle que se adentra en las vastas aguas del océano.
Ves el final, pero no necesitas llegar hasta allí para saber que se acabó.
Puedes pasear por la orilla buscando otra opción, solo que Noah no tiene otro muelle a la vista.
Ningún bote para escapar. Ningún barco. No hay futuro.
No hay mañana. ¡Felicidades! ¡Es la línea de meta! ¡Lo conseguiste!
Sí, Noah vive en el presente, pero digan lo que digan, es muy difícil disfrutar del presente sin futuro.
Ahora sabe que todos esos coaches y gurús motivacionales son un fraude.
No saben de qué hablan. No están a las puertas de la muerte.
E incluso cuando lo están, se inspiran cuando les dan una segunda oportunidad.
No, no puedes amar el presente sin el futuro. La motivación es cosa del futuro. Las metas no existen sin la perspectiva del futuro. Ni los sueños. Ni la esperanza.
Noah ladea la cabeza al pensarlo.
Un momento.
La esperanza es complicada. Es una superviviente nata. Es un gusano, por pequeño que sea. Aunque le cortes casi todo, sigue vivo.
Noah sonríe para sus adentros. Todavía le queda algo de esperanza.