Nana Kay 23
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Cenan arroz y filetes de ciervo. Lleva oscuro varias horas. Por alguna razón, en el bosque la oscuridad llega temprano. A las ocho de la noche, la cocina ya está recogida y Kay se acerca a la estantería y saca un libro pequeño.

—Creo que eres demasiado joven para la Biblia.

Noah suelta una risa burlona.

—La llevo estudiando desde niño.

—Eso no es lo que estudiaste. Si es que estudiar es la palabra adecuada. No sabes dónde estás, y mucho menos quién eres. Prueba con esto.

Lanza el libro delgado al sofá y desaparece en el dormitorio.

Es Los mensajes ocultos del agua de Masaru Emoto, y Noah no lo abre, sino que se sienta un rato en el sofá, trasteando con el móvil.

Lo abre y pasa las fotos. Hay docenas de fotos de él y Brooke, y ahora mismo daría cualquier cosa en el mundo por oír su voz.

Pero no hay cobertura. No hay conexión. No hay forma de alcanzar el mundo.

Pasa las fotos de The Revanchists, y le arrancan una sonrisa.

Sus ojos se detienen en su favorita: los cinco miembros de la banda en el centro de uno de los escenarios del Summerfest, justo después de terminar la última canción.

Están sudorosos, intrépidos, felices, con las manos en alto, celebrando con el público.

Noah recuerda las palabras exactas:

—Somos unos putos dioses ahí arriba —dijo Stevie cuando volvieron a ver su actuación después, una y otra y otra vez—. ¡Lo somos! —coincidieron todos—. ¡Somos dioses!

Ese recuerdo remueve algo en el pecho de Noah, y siente que los ojos se le llenan de lágrimas.

Kay tiene razón. No quiere decirlo en voz alta, pero siente que conoce la respuesta.

Dime, Noah, ¿qué es Dios?

Sonríe entre lágrimas.