12
En el porche, Noah suelta un suspiro de alivio. El monstruo que lleva en la cabeza está en calma después del desmayo. Siempre lo está. Como un terrorista después de un atentado.
Está oscureciendo. La nieve cae con más fuerza. El viento la ha amontonado casi hasta la puerta de la cabaña. Es un día extraño. No por el desmayo, sino por esto: quedarse atrapado en casa de Nana Kay a pasar la noche.
La casa es rara, la anciana está como una cabra, todo resulta muy extraño, las circunstancias y demás.
Pero Noah se siente aliviado, incluso feliz.
No solo por la posibilidad de sacarle algo a la vieja sanadora, si es que hay algo de verdad en las historias.
La verdad —y lo sabe— es que se alegra de estar en algún lugar.
Siente cierto propósito, cierta pertenencia a un sitio, aunque sea solo por una noche.
Y no está solo. De entre toda la gente —y las opciones eran escasas— está con Nana Kay.
La jodida Nana Kay.
Cuando le cuente a Toby este viaje, su amigo va a flipar.
Noah sonríe.
Se abre paso a duras penas entre el viento y la nieve para sacar la mochila del coche. Cuando vuelve a entrar, la mujer le dice que traiga más leña. Por si acaso.
—¿Para que esté acogedor? —Sonríe de oreja a oreja, encantado de complacerla. La chimenea está fría, pero la casa está caliente. Hay calefacción.
—Si el viento derriba un poste eléctrico y nos quedamos sin calefacción, lo acogedor será lo último en lo que pienses, chico.
Claro. Ella piensa en todo.
Cuando termina con la leña y trae las palas de nieve del lateral del edificio hasta la puerta, como ella le ha pedido, se queda fuera, bajo el alero.
Enciende un porro y fuma, encorvado y tiritando por el viento.
El calor áspero que le quema la garganta contrasta con el aire frío.
Pero lo disfruta, este invierno inesperado, la nieve que en dos minutos deja una capa de polvo blanco en las botas y los vaqueros hasta las rodillas, incluso bajo el alero.
De algún modo, este mal tiempo no es tan malo. De algún modo, este día extraño va mejorando. De algún modo, piensa que Nana Kay puede que no esté tan mal.
Antes de volver a entrar, Noah mira hacia el patio: la oscuridad de la noche cae sobre él y sobre el bosque, mezclándose con la locura blanca. La vida es extraña así. Blanco y negro. Sonríe.
Así que aquí estoy.
Abre la puerta y desaparece en el interior.