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Él siempre ha sido así. De los que salen en manga corta en invierno cuando todos van con chaqueta.
Debería quitarse el jersey. Pero eso sería si estuviese pensando en eso en vez de en lo otro.
Lo otro es la copia del mapa que sostiene entre sus manos. Con esa área circular que ha trazado mediante las conexiones de las torres a los teléfonos móviles. Esa en la que la señal se pierde.
Espinosa le ha quitado algo de peso a esa ubicación con su deducción. Y en parte, eso le ha enfriado.
Pero de vuelta a su habitación de hotel, Lasa ha vuelto a fijarse en ese círculo. Y entonces el calor ha vuelto.
Saca una fotografía con la cámara del teléfono móvil.
Comprueba la hora. Son casi las diez. No tenía sentido quitarse el jersey ya. Tiene que salir.
Marca el número de destinatario en el teléfono móvil. Y durante un minuto interminable se queda ahí, con el dedo a centímetros de la flecha de enviar. Dudando. Sudando.
Una décima de segundo más de duda. Dos.
Y pulsa la flecha.
Está hecho.
La foto del mapa con el área redondeada ha sido enviada.
Es el área de El Molar.