Nadie recuerda a Nora 77
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Baeza había provocado el corte desde la subestación de la fábrica.

Lo supimos por una cámara exterior que Nora consiguió abrir desde la consola. Apareció cojeando entre transformadores, con una mano libre y la otra todavía unida a una tubería cortada. Había utilizado la llegada de la ambulancia para atacar al conductor y escapar por una puerta lateral.

La subestación se encontraba en una nave separada, protegida por malla y señales de alta tensión.

Baeza conocía el cuadro y había retirado una protección antes del enfrentamiento.

No necesitó destruir el transformador. Alteró una secuencia de relés para forzar una caída breve y reactivación automática.

El corte interrumpía procesos sin dejar la instalación completamente a oscuras.

Las cámaras mostraron su recorrido en fragmentos.

La cojera dejaba una cadencia reconocible y las gotas de sangre unían zonas sin cobertura.

En un punto utilizó la manga para limpiar una barandilla, pero olvidó el botón metálico que había rozado antes.

La huella parcial no lo identificaba por sí sola.

Confirmaba que el hombre de la cámara había utilizado esa ruta.

Las antenas exteriores estaban conectadas a enlaces redundantes.

Baeza intentaba abrir una vía antes de que el cierre aislara el recinto.

Su objetivo podía ser enviar datos, recibir una orden o activar destrucción remota.

La incertidumbre obligaba a tratar cada cable como evidencia y amenaza simultáneas.

Julia salió hacia las turbinas porque conocía una válvula manual capaz de mantener energía en el nodo. Su colaboración no borraba que había diseñado el sistema. Cada conocimiento útil procedía del mismo control que había permitido los delitos.

—Va hacia las antenas —dijo Julia.

—¿Para activar el envío? —preguntó Nora.

—Para destruirlo. Si las antenas caen durante la exportación, los paquetes incompletos quedarán distribuidos sin claves de separación.

—¿Eso expone direcciones?

—Sí.

—Entonces ¿por qué lo hace?

—Porque prefiere un desastre que no pueda señalarlo a una prueba que sí .

Los sanitarios colocaron a Daniel en una camilla. Nora no soltaba su mano.

—Ve con él —le dije.

—No.

—Necesita que alguien…

—Tú también.

—Nora.

—No vuelvas a decidir usando una emergencia como excusa.

La frase detuvo mi respuesta.

—De acuerdo. —Respiré—. ¿Qué eliges?

Miró a Daniel, a la consola y al corredor por el que había escapado Andrés.

—Quiero que papá salga con los sanitarios. Quiero quedarme hasta que el Libro esté separado. Y si Andrés aparece, quiero que no finjáis que no está aquí para protegerme.

—Es demasiado peligroso.

—Eso es información. La decisión sigue siendo mía.

Julia observaba el diálogo como si presenciara un idioma desconocido.

—Acepto —dije—. Pero permaneces junto a Luján y sales en cuanto yo lo diga si hay fuego o disparos.

—Acepto.

Daniel abrió los ojos mientras se lo llevaban.

—Nora.

Ella se inclinó.

—Estoy aquí.

—No necesitas demostrar nada quedándote.

—Tú tampoco tenías que demostrar nada interponiéndote delante de una bala.

—Lo sé.

—No parece.

Daniel sonrió con dolor.

—Hablaremos cuando pueda respirar sin que me insultes.

—Entonces respira.

La camilla desapareció por la escalera.

Los cuatro agentes discutían con Luján. Uno hablaba por teléfono; otro miraba demasiado la consola. Julia se acercó a mí.

—El de la derecha pertenece a Andrés.

—¿Cómo lo sabes ?

—Lleva el distintivo correcto en el lado equivocado. Baeza reclutaba deprisa cuando tenía miedo.

El agente notó que lo mirábamos. Sacó el arma.

Luján lo derribó antes de que disparara. Los otros tres reaccionaron y lo esposaron. La confusión duró segundos, pero el generador perdió otro minuto.

AUTONOMÍA: 03:41.

EXPORTACIÓN: 48 %.

—Sala de turbinas —dije.

Julia señaló una puerta del archivo frío.

—El pasillo termina bajo el horno tres. La turbina tiene una palanca de carga y un volante. Hay que mantener ambos. Una sola persona puede hacerlo durante pocos minutos.

—¿Cuántos?

—Depende de cuánto quiera conservar las manos.

—Yo voy —dijo Luján.

—Tú debes asegurar la escena y proteger a Nora.

—Tú debes autenticar.

Julia miró la pantalla.

—Clara puede terminar sin mí. Ya tiene las firmas.

—Entonces ve tú —dije.

Una sombra cruzó el corredor exterior.

Andrés.

No se dirigía a las turbinas.

Iba hacia la salida por la que habían sacado a Daniel.

—Va tras él —dijo Nora.

Luján corrió.

El generador marcó tres minutos.

Julia y yo nos miramos.

Otra elección preparada.

—Turbinas —dijo ella—. Yo mantengo la energía. Tú terminas la exportación.

—Andrés puede matar a Daniel.

—Marcos va detrás.

—Y Baeza está en las antenas.

—No puedes estar en tres lugares.

—Ese siempre fue tu argumento.

—Y sigue siendo cierto .

La exportación llegó al cincuenta por ciento.

Nora tomó mi mano.

—Podemos dividirnos sin abandonarnos.

Julia se dirigió a la puerta de turbinas.

—Termina lo que Marta empezó.

—Y tú vuelve para responder por lo que hiciste.

Se detuvo.

—No confundas colaboración con redención.

—No lo hago.

Julia desapareció por el pasillo.