Cincuenta y dos. Danni
CINCUENTA Y DOS DANNI
–Estoy tan orgullosa de ti –dice mamá por décima vez–. Siempre he estado orgullosa de ti, lo sabes, cariño. Pero, cielos, te has vuelto valiente . Mi niña valiente.
Ha estado limpiando mi habitación. Ha sacado y vuelto a doblar toda la ropa de los cajones, ordenó el desastre de papeles sobre el escritorio y me ha hecho la cama con tanta perfección que le daría orgullo a Harriet.
La adoro y estoy feliz de verla, pero ya estoy lista para que conozca a Rose y regrese a casa para poder recuperar mi espacio.
De seguro estoy sonrojada en este momento.
–No soy tan valiente.
– Sí lo eres. ¿Cuántas veces reprobaste una presentación oral, allá en Boulder, porque no podías hablar frente a la clase?
¡Mírate ahora! –Me mira de arriba abajo, negando con la cabeza–.
He recibido tantos mensajes de amigos de allá en estos últimos días.
Ellos también están orgullosos de ti. Ah, ¡y la gente en internet!
Todos te adoran. Vi uno de esos… ¿Cómo se llaman?
Chasquea los dedos.
–Artículos –dice al recordar– que aparecieron en mi feed de noticias y, todos los comentarios, ah. Tantas chicas que te admiran.
–¿En serio? –pregunto–. Siento que las personas me odian.
–Sí, bueno, siempre has prestado mucha más atención a las críticas que a los cumplidos.
Eres mi muy valiente niña inspiradora, motivada por hacer las cosas bien.
Y… Ay, Danni, no puedo creer que no me contaras que la princesa es tu novia.
–Si me dijo diez veces que está orgullosa de mí, esto lo dijo como veinte mil veces–.
Soy tu mamá . Yo no le habría contado a nadie.
–No es “la princesa”, mamá. Es solo Rose.
–Sí…, pero… –Me lanza una mirada herida–. Danni, esto es importante. Debiste haberme contado.
–¡No podía revelar el secreto! Además, contarte que soy bi ya era suficiente para que procesaras de un solo golpe.
–Bueno, eso es cierto –admite–. Descubrir que soy la futura suegra de la futura reina es una bomba aparte.
–Por favor, no te llames a ti misma “futura suegra” cuando ella llegue –pido con desesperación.
–Por supuesto que no, Danni. ¿Por qué no confías en que no te avergonzaré?
–Porque siempre me estás avergonzando.
–¡Menciona una vez!
Estoy a punto de hacer eso cuando llaman a la puerta. Por fin, por fin . Me abalanzo hasta allí y dejo pasar a Rose, estrechándola en un abrazo al mismo tiempo.
–Hola –balbuceo–. ¿Estás bien? ¿Qué te dijeron? ¿Te dijeron que va a suceder ahora? ¿ Estás bien ?
Ella se desprende de mis brazos, riéndose.
–Aguarda, un segundo, un segundo. –Se endereza, se voltea hacia mamá y extiende una mano–. Hola, soy Rose.
Mamá la abraza con fuerza y Rose suelta un “uf” cuando lo hace.
–Hola, Rose. Estoy maravillada de conocerte. He oído hablar tanto de ti.
–Encantada de conocerla –dice Rose. Le sonríe a mamá mostrándole los dientes, tanto que se le ahueca el mentón. Me descubre mirándola y levanta las cejas, como preguntándome si no es increíble que esté conociendo a mi mamá. A mi mamá, que sabe acerca de nosotras.
A decir verdad, sí que es increíble.
–¿Tus padres? –Le doy un golpecito con el codo y ella sale de su burbuja de felicidad.
–Sí. –Está buscando qué decir, pero no encuentra las palabras. Al final, solo suspira y sacude la cabeza–. Todo estará bien.
Puede que mamá no conozca bien a Rose, pero eso jamás impediría darle su opinión.
–Vi tu discurso en internet –dice en tono serio–.
Lo hiciste muy bien. Puede ser difícil ser buen padre cuando un hijo hace algo que no te parece correcto.
Solo quieren que seas feliz. Cuando se den cuenta de que esto es lo que en verdad quieres, estarán muy orgullosos de ti.
Cualquiera estaría orgulloso de tener una hija como tú.
–Gracias –murmura Rose, que parece conmovida, pero un poco pensativa.
Por más que esté disfrutando de su encuentro, me estoy muriendo por tener una conversación con Rose a solas.
No hemos tenido oportunidad de hacerlo en todo el día y ha sido un día infernal .
Así que comienzo a empujar a mamá de la habitación con todo el cariño y afecto que puedo.
Ella se va, pero no sin antes hacer que Rose le prometa ir a cenar a casa durante las vacaciones.
Y hacerla prometer que cuidará de mí. Y darle su número mientras le hace jurar que le escribirá si alguna vez la necesito y me pongo demasiado obstinada como para contactarla.
Para cuando por fin se marcha, siento que Rose ya no es tanto mi novia, sino una espía de mamá.
Finalmente, estamos a solas. Rose se desmorona tan pronto como se cierra la puerta. Apoya todo su peso contra mi escritorio y entrelaza los dedos detrás de la nuca.
–Bueno –dice–. Hoy fue un día muy distinto al de ayer.
–Es una forma de decirlo –concuerdo, recostándome contra la puerta, a modo de barricada, como si mamá fuera a intentar volver a entrar en cualquier momento para seguir obligando a Rose a que prometa cosas–. ¿Sabes si Alfie ya lo ha visto?
Ella hace un gesto de dolor al oír mi pregunta.
–Cierto. Olvidé contarte.
–¿Contarme qué?
–Mm. Bueno, para resumir, él fue quien expuso nuestra relación frente a mi familia el año pasado, inició los rumores en internet y filtró el video de ti y de Harriet, para hacer que su madre te expulsara… y que él y William pudieran convencerme de casarme con él.
Es lo último que esperaba que me dijera.
–¿Qué?
–Lo sé.
–No, en serio, ¿qué?
Rose se lleva las yemas de los dedos a los labios.
–Alfie ya no importa. Tú me importas. Y he estado intentando preguntarte, ¿qué te gustaría hacer con la prensa? Con respecto a nosotras.
Al principio, no entiendo lo que me está preguntando. Luego, comprendo y me olvido por completo de Alfie.
–¿Te refieres a que estaría bien si les contamos acerca de nosotras? –pregunto.
–Danni, desde el primer día he estado queriendo pararme sobre un podio y gritarlo para todos los que quisieran oír.
Si hubiera podido, lo habría hecho. Y ahora puedo.
Pero, si les contamos sobre nosotras, tú serías parte de esto.
Y habrá más atención. Como aquellos fotógrafos en la pista de hielo y en el palacio.
Se volverán parte de tu vida cotidiana. Bramppath es una burbuja, pero no estaremos aquí por siempre.
–Me toma de las manos–. Si no quieres eso, lo entiendo.
Podemos inventar una historia. Si le contamos a todo el mundo, habrá odio y una parte estará dirigida a ti.
Algunas personas estarán furiosas con respecto a nosotras.
Tantas cosas han cambiado. Mi anonimato ha ido desapareciendo gradualmente, tanto que apenas noté que sucedía.
No soy quien era cuando llegué aquí. Soy la persona que puede tocar el piano en una sala llena de gente, una cuyo nombre es conocido por los paparazzi, una que se ha parado frente al país y reveló algunas de las partes más privadas de sí misma.
Soy alguien a quienes los extraños voltean a ver en la calle.
Soy alguien sobre quien escriben en internet.
Y sí…, alguien a quien muchos extraños odian.
Pero creo que también a aún más extraños les agrada.
Soy Danni Blythe y soy una futura pianista de conciertos, la novia actual de Rose y estudiante del Colegio Bramppath, porque dejé de temerle a la idea de que las personas pudieran percibirme.
Quién sabe, si Rose jamás se cansa de mí, hasta podría llegar a ser la reina consorte algún día. Claro, si le permiten convertirse en reina. Y si no es así, tal vez una versión futura de mí pueda ser la esposa de la “no reina Rose”.
No hay nada que me resulte aterrador en todo eso. Ya no. Lo único que siento es la emoción por comenzar a vivirlo.
De dar el siguiente paso hacia adelante.
Camino detrás de Rose para acomodar mis brazos alrededor de sus hombros.
–Sé lo que significaría estar públicamente contigo. Y ya lo hemos superado.
Ella me toma de las manos y las aprieta contra su pecho, con fuerza.
–Ah, ¿sí?
–Sí… No puedes darme cosas sencillas. Pero tú eres lo que puedes darme. Tú eres lo que quiero. Ya basta de escondernos. Basta de mentiras. Hemos hecho demasiado de eso para toda una vida.
Una comisura de sus labios se levanta.
–Bueno, los reporteros están allí todavía. Y el director no ha pensado en prohibirme que les hable aún, así que, técnicamente, no estaremos rompiendo ninguna regla si vamos allí afuera.
Una emoción se enciende en mi pecho.
–¿Entonces? –le pregunto.
Ella se desprende de mí, luego me extiende una mano y dice:
–Entonces, ¿salimos a presentarnos?