Cuarenta y seis. Rose
CUARENTA Y SEIS ROSE
Espero hasta que sea una hora razonable para dirigirme hecha una furia a la habitación de Harriet.
No porque me preocupen sus horas de sueño, sino porque quiero repasar mi teoría, en caso de que le encuentre fallas.
Pero, cuanto más la pienso, más convencida estoy.
Aunque considere la posibilidad de que Harriet simplemente viera los rumores en internet y me los estuviera echando en cara, no encaja bien.
Lo dijo con demasiada seguridad, demasiado rápido.
Estoy segura de que ella no sospechaba algo. Lo sabía .
Para cuando golpeo la puerta con el puño la primera vez, ella ya está levantada y vestida. Abre con una mirada de alarma.
–¿Rose? ¿Qué…?
Mi corazón comienza a golpetear. Si estoy equivocada, lo próximo que diga lo destruirá todo.
Estaría revelando mi secreto más peligroso a la persona que tiene más motivos para querer vengarse de mí, quizás más que todas las que conozco.
Pero, si estoy en lo cierto, esta es la única manera de asegurar la verdad.
Espero hasta que haya cerrado la puerta detrás de nosotras, luego bajo la voz y digo en el tono más amenazante que puedo reunir:
–Solo quiero saber por qué pensaste que estaría bien besar a mi novia conmigo en la habitación de al lado.
Harriet se queda pálida y se sienta sobre su cama hecha inmaculadamente. Por Dios, su dormitorio está impecable.
–Lo… Lo siento. Yo no… Ustedes dos ya no se visitaban tan seguido, tú te mostrabas con Alfie y, en la fiesta de Florence, ni siquiera se hablaban. Pensé que quizás habían terminado.
Luce avergonzada por su pobre razonamiento: estoy segura de que sabe tan bien como yo que no es apropiado besar a una persona comprometida solo porque sospechaba que podría haber terminado con su pareja.
Pero no podría importarme menos su reflexión.
Sin darse cuenta, me ha dado la respuesta por la que en realidad estoy aquí.
–Pero tú sí sabías que estábamos, o habíamos estado, juntas –presiono–. De alguna forma.
Sus ojos se abren como platos al darse cuenta de su error. El miedo le atraviesa las facciones.
–Porque lo has sabido desde noviembre –digo–. Cuando contactaste al palacio para decirles que me estaba viendo con Danni Blythe.