Nadie en especial Cuarenta y cinco. Rose
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Cuarenta y cinco. Rose

CUARENTA Y CINCO ROSE

Haría cualquier cosa por ver a Danni en este momento, pero no puedo arriesgarme a que se enteren en el palacio.

No cuando han prometido enviar a William mañana.

Así que hacemos nuestro mejor esfuerzo para no mirarnos una a la otra mientras nos retiramos de la cena y nos dirigimos a nuestras habitaciones.

Para distraerme, le envío a Alfie los detalles sobre el dilema. Bueno, la mayoría de los detalles (los que involucran el aprieto de Danni). Pero no menciono el punto crucial acerca de mi promesa de comprometerme con él.

Me inunda un sentimiento de horror. Comprometerme con él. ¿De verdad voy a hacer esto? ¿Puedo comprometerme a pasar el resto de mi vida casada con alguien por quien jamás me sentiré atraída ni mucho menos amaré? Sí, sabía que esto ocurriría eventualmente. Pero no creo que esté lista aún.

Aunque, ¿se puede estar lista alguna vez para algo así?

¿Y qué dirá Danni cuando se entere de mi promesa? ¿Verá mis esfuerzos por lo que fueron? ¿Un recurso desesperado para salvarla? ¿O acaso lo considerará como la peor traición? Como la confirmación definitiva de que jamás admitiré públicamente que ella significa algo para mí.

Alfie responde quince minutos después y siento una avalancha de alivio.

No te preocupes. Mamá hablará con el director mañana.

Yo también voy a ir para asegurarme.

Lo solucionaremos.

Gracias al cielo. Con William y con la señora Paget-Harrington abogando por Danni, su lugar en Bramppath debe quedar asegurado. Sin dudas, no importa qué tipo de presión venga de la asociación de exalumnos si su directora está de nuestra parte.

Espero hasta las once y media, cuando estoy segura de que todos están dormidos. Luego, le envío un mensaje a Danni (quien, por fortuna, todavía está despierta y esperándome a mí) y me escabullo hacia su habitación.

Ella cae en mis brazos tan pronto como se cierra la puerta. Yo la llevo hacia su cama y me recuesto a su lado para recubrir su cuerpo con el mío.

***

A la mañana siguiente, me despierto en la oscuridad absoluta por los chillidos de mi alarma. Echo un vistazo por la habitación de Danni, momentáneamente confundida por mi paradero.

En algún momento, ella y yo debemos habernos separado mientras dormíamos. Ella está recostada de lado, frente a mí, con el rostro arrugado a modo de protesta.

–¿Qué hora es? –murmura–. Volví a despertarme anoche para hacer algo. Me quedé despierta hasta muy tarde.

–Aún no amanece –susurro. Tengo que marcharme temprano, para asegurarme de que nadie me atrape. Entrecierro los ojos en la oscuridad, busco a tientas la ropa y me visto. Para darme un poco de luz mientras lo hago, apoyo el teléfono contra la lámpara.

–Ten cuidado cuando te vayas –dice Danni entre bostezos–. Harriet siempre me deja ir cuando me ve, pero tú no eres su persona favorita en este momento.

Me detengo mientras me ato los cordones del zapato derecho.

–¿Acaso te atrapa seguido? –pregunto.

–Solía hacerlo. No te preocupes. Nunca me delató.

Danni vuelve a rodar y se cubre la cabeza con un brazo para continuar durmiendo.

Y yo me quedo mirando fijo hacia adelante, perturbada.

Acusé a Molly por chantajearnos porque ella había sospechado de la sexualidad de Danni. Pero Molly tenía un excelente punto a favor. Ella pasaba más tiempo con Danni y conmigo que nadie. Por supuesto que notaría nuestro comportamiento, junto con cualquier cambio repentino en él.

Alguien más, alguien que no fuera tan cercano a nosotras podría haber sospechado que Danni y yo no éramos hetero, en especial después de los artículos sobre nosotras que aparecieron las últimas semanas.

Pero leer unos pocos artículos y tener una sospecha no es lo mismo que saber que alguien es queer .

Y, sin dudas, no es lo mismo que saber con certeza que dos personas son queer y que tienen una relación entre sí.

De pronto me viene a la mente algo de la noche de la fiesta de Florence.

Algo que me dijo alguien. En ese entonces, lo había interpretado como un insulto infantil.

Una insinuación de que estaba siendo sobreprotectora con Danni.

Es claro que Eleanor se lo tomó de la misma manera cuando lo oyó, porque la tomó por sorpresa cuando salí del clóset al día siguiente.

Aun así, debí darme cuenta . Tenía el contexto para hacerlo.

Esa noche, le grité a Harriet por besar a Danni.

En mi ataque de ira, ni siquiera se me ocurrió que fuera un tanto extraño que Harriet diera por sentado que Danni estaba interesada en las chicas (con la confianza suficiente como para besarla , incluso), dado que no estaba coqueteando abiertamente con ella.

La noche en que Danni y yo nos besamos, fue como jugar a ver quién se rendía primero, donde las dos íbamos dando pasos graduales con nuestras palabras y nuestro lenguaje corporal, evaluando con cuidado si la otra se sentía de la misma manera y si nuestras insinuaciones estaban cayendo en suelo fértil.

Incluso después de semanas de lo que era, a simple vista, un coqueteo descarado , aún no tenía la certeza de que a Danni le gustaran las chicas.

Pero Harriet no es yo, así que, aunque encuentre extraña la idea de besar a una chica sin estar segura de ser correspondida, no es condenatoria.

Lo que sí es condenatorio es el hecho de que, cuando Harriet me gritó a mí esa noche, se refirió enfadada a Danni como mi novia.