Cuarenta y tres. Rose
CUARENTA Y TRES ROSE
Danni no está respondiendo mis mensajes, así que me dirijo al cuarto de Eleanor.
Eleanor es la persona que buscar cuando necesitas a alguien para hacer fluir ideas porque no es particularmente terca, pero es notablemente alentadora.
Cuando llego, encuentro a Molly ya allí, lo cual es mucho mejor para mí.
Si hay alguien con interés en trazar un plan para rescatar a Danni, esa es Molly.
–Danni nos contó lo que ocurrió –dice. Está sentada en la silla de Eleanor, todavía con el uniforme puesto. Eleanor ya se cambió y se puso un pantalón de jean y un suéter de algodón.
–¿Cómo te encuentras? –pregunta ella, sentada de piernas cruzadas sobre su cama.
–Ah, maravillosamente –respondo, dejándome caer en el suelo, con la espalda contra el armario de puertas espejadas–. En realidad, tengo una noticia emocionante. He acordado que voy a comprometerme con Alfie.
Eleanor deja caer el teléfono y se echa a reír. Molly me mira como si hubiera anunciado que voy a huir con un circo.
–¿Que qué ?
–William sabe negociar –digo. Intento sonreír, pero no lo logro.
Eleanor, que parece recién haberse dado cuenta de que estoy hablando en serio, se endereza y pregunta:
–¿A cambio de qué?
–A cambio de que hable con el director acerca de Danni. Entre otras cosas.
Los ojos de Molly prácticamente se le salen de las cuencas. Comienza a caminar de un lado al otro, agitando las manos. Eleanor y yo seguimos con la mirada su andar frenético.
–No –dice–. Nop. Mala idea. Terrible idea. Rose, eres lesbiana .
–¿En serio? ¿Por qué no me avisaron antes?
–¡No puedes casarte con Alfie! No puedes deshacer ese tipo de cosas. No con facilidad.
–¿De verdad? Y yo aquí pensando que el matrimonio era uno de esos contratos legales vinculantes que podían revertirse con facilidad.
Molly me fulmina con una mirada exasperada.
–Me alegra que pienses que es tan gracioso. Rose, en serio, no lo hagas. Llama a William y dile que no vas a casarte con Alfie. Ahora.
–Siento que estás más enfadada por esto que yo –digo.
–Acabo de enterarme de que una de mis mejores amigas acaba de venderse a sí misma como novia infantil, así que sí… estoy un poco enfadada.
Eleanor ríe con disimulo al oír eso. Yo solo me recuesto contra el espejo, con los codos apoyados en las rodillas.
–¿No crees que eso es un poco sensacionalista?
–No seas una mártir. –Molly me mira fijo. Luce como si estuviera a punto de llorar.
Yo me encojo de hombros, sin otra cosa que hacer.
–¿Acaso hace la diferencia? ¿En verdad? Tarde o temprano iba a casarme con alguien que no amo. –No puedo evitar reírme un poco al terminar la oración; y Molly luce todavía más alarmada. Me controlo–. Danni perderá Bramppath si no lo hago.
–Lo cual apesta. Por supuesto que apesta. Pero, vamos. Piensa en lo que estás diciendo.
–¿Acaso Alfie quiere casarse contigo? –pregunta Eleanor.
Pero yo apenas la oigo. Hay algo en las palabras de Molly que ha capturado mi atención.
–Entonces, ¿lo que tú estás diciendo es que no importa si a Danni la expulsan? –pregunto con lentitud.
–Yo no dije que no importara…
–Porque suena a que estás diciendo que no quieres que William la ayude –continúo.
–Yo no creo que suene así –comenta Eleanor de forma sumisa.
La ignoro. Hay algo en la expresión de Molly que me está molestando.
–No si eso significa que tú tengas que comprometerte con alguien con quien no quieres estar –dice Molly, cruzándose de brazos.
–Tendré que hacerlo tarde o temprano. ¿Por qué no temprano?
–Todos vamos a morir tarde o temprano también, pero ¿crees que deberíamos apresurar eso?
–Se supone que Danni es tu amiga –digo–. ¿No deberías apoyar algo que podría evitar que la expulsen?
Molly mira a Eleanor con impotencia. Eleanor le devuelve un gesto pequeño, casi imperceptible, de hombros encogidos.
–Ella es mi amiga –dice Molly–. Pero… Vamos, Rose, tú y yo hemos sido amigas durante casi toda la vida. ¿Qué quieres que diga? ¿Que no me importa que eches a perder tu futuro para que Danni pueda quedarse? Esto es exactamente el tipo de cosas por las que me preocupaba la semana pasada.
Pienso en la advertencia de Alfie. Pienso en Oscar y en que Molly tiene muchos motivos para querer vengarse de mí.
Para arrebatarme la persona más importante, del mismo modo en que yo le arrebaté la suya.
Pienso en lo bien que conoce el cronograma de Danni y el mío.
En cómo se alimentaron los rumores en internet con videos y fotografías, en su mayoría tomados de sus redes sociales.
Pienso en lo bien que sabe cómo convertir algo en viral e influenciar a las masas.
Y, con un jalón en el estómago, pienso en su madre, que es miembro de la asociación de exalumnos.
“Hay demasiadas personas que no están de acuerdo conmigo. Tengo las manos atadas”.
–¿Recuerdas mi cumpleaños, cuando descubriste lo nuestro con Danni? –le pregunto.
Molly parece dudar, pero responde:
–¿Sí…?
–¿Cómo supiste que estábamos juntas?
Eleanor observa a Molly con cautela mientras el rostro se le contorsiona.
–No lo supe hasta que tú me lo contaste. Pero no habría sido difícil darse cuenta de que algo estaba ocurriendo entre ustedes dos –responde; y agrega–: Sin ofenderte, Eleanor.
Yo asiento y mantengo la expresión pasiva.
No sé si le creo del todo, pero no estoy lo suficientemente segura para acusar a nadie.
¿Cómo puedo discernir entre una sospecha genuina y la paranoia que se asegura un lugar en mi mente?
¿Cuánta evidencia necesito antes de volverme en contra de mis propias amigas?
–Muy bien –digo en tono fingido.
Molly se muerde el labio y se pone de pie con lentitud.
–¿Crees que fui yo quien las expuso a ti y a Danni fuera del clóset frente a tu familia?
Me quedo en silencio.
Ella se sujeta las manos por el frente como gesto fingido de gratitud.
–Estupendo. Gracias, Rose. Encantador. ¿Sabes qué? Haz lo que quieras con Alfie. Me importa una mierda. Buena suerte.
Me lanza una mirada feroz al final y se marcha. Eleanor recoge su teléfono e infla las mejillas.
–Bueno, eso fue incómodo –murmura.
Dejo caer la cabeza contra el espejo, sucumbiendo en una ola de vergüenza y cansancio extremo.
–Lo siento –digo.
–Oye, no te disculpes conmigo –dice en un tono ligero, pero con cierta reprimenda. Hasta Eleanor, la famosa parte neutra, piensa que me equivoqué con esto. Ahora estoy aún menos segura que antes de dónde estoy parada.
Me pregunto, si aprieto los ojos con la fuerza suficiente, ¿puedo hacer que todo esto desaparezca?