Cuarenta y uno. Rose
CUARENTA Y UNO ROSE
Camino hacia la oficina del director impulsada por furia pura.
Cuando llego allí, golpeo la puerta con fuerza y me dejo caer en el asiento más cercano.
Han convertido la zona afuera de la oficina en una pequeña sala de espera decorada con viejos retratos del personal, sillas y mesitas auxiliares ornamentales cubiertas con copias de la revista escolar.
Resisto el impulso de patear los muebles.
Me pongo de pie en cuanto del director abre la puerta.
–Esto es discriminación –digo, cruzándome de brazos–. Y usted lo sabe.
–Pasa, Rose –dice él con un suspiro.
Yo continúo hablando mientras me hace ingresar.
–Eleanor. Molly. Harriet. Ámsterdam. Yo. Noticias internacionales. Drogas, alcohol. Alguien murió . A nosotras no nos expulsó. Ni siquiera jamás amenazó con hacerlo.
El director se sienta sobre su sillón con poca energía. No había notado antes lo lento que se mueve.
–Rose –comienza a decir–. Ustedes cuatro tienen una historia en esta escuela.
Tienen conexiones aquí. Conozco a sus familias, a sus hermanas y hermanos, cómo las han educado.
Todas han demostrado quiénes son antes de cometer sus errores.
Las circunstancias de Danni son muy distintas.
Es una estudiante nueva. No tiene registro de buen comportamiento que la respalde.
No puedo justificar tenerla aquí y negarle la oportunidad de asistir a otra estudiante que lo merezca más.
–Entonces, su argumento es que la está expulsando por ser una estudiante becada. Eso también es discriminación.
–Rose, la escuela tiene un reglamento de tolerancia cero hacia el alcohol.
–Sí. Reglamento que solo parece importar cuando conviene.
¿Le importaría echarles un vistazo a las cuentas en redes sociales de algunas estudiantes al azar?
Tengo acceso a unas extremadamente buenas.
No creo que le queden muchas alumnas una vez que acabe de hacer cumplir ese reglamento de no tolerancia suyo.
Nos quedamos mirándonos fijo uno al otro. Tengo la sensación de que espera que le pida disculpas. No lo hago.
–Y ya que estamos, ¿qué hay de Harriet? –pregunto–. Ella también aparece en esas imágenes. Esa es una segunda infracción, por increíble que parezca.
–Harriet, al igual que tú, tiene un precedente en la escuela –dice el director.
–Se refiere a que tiene padres ricos.
–Se le entregó una advertencia formal –culmina.
Le muestro una sonrisa sin humor.
–Claro. “Cero tolerancia, a menos que nos agrades más que la otra estudiante, en cuyo caso, somos extraordinariamente tolerantes”.
Sé que estoy tentando a la suerte. Él se vuelve sombrío.
–Rose, no eres la protectora de Danni, no estuviste involucrada en ese incidente, así que no te corresponde defenderla.
–Señor, ella necesita esta escuela…
–Como también la necesitan otras muchachas.
–La mitad de la escuela estaba en esa fiesta. Ella no estaba haciendo nada que el resto no.
–Estoy dispuesto a hacer la vista gorda siempre que puedo –dice–. Sabes que así es. Pero esas imágenes de Danni con una botella medio vacía de alcohol fueron a parar a los periódicos. No me dejaron otra opción.
– Por favor , dele una segunda oportunidad.
–Esta no es mi decisión. Si lo fuera, lo haría. Créeme. –Al decirlo, el director titubea, los ojos se le encienden y aprieta los labios–. No repitas eso, Rose. Pero lo haría. Desafortunadamente, hay demasiadas personas que no están de acuerdo conmigo. Tengo las manos atadas.
¿Demasiadas personas? ¿Como quiénes? ¿Padres?
¿Figuras de la diócesis? Entonces recuerdo que Danni mencionó a la asociación de exalumnos.
¿Por qué les interesa tanto un error que cometió una estudiante?
No es la primera vez que atrapan a una estudiante de Bramppath en una situación comprometedora, incluso sin considerar lo de Ámsterdam.
Si la familia de Danni tuviera enemigos en altas esferas, podría entenderlo, pero ella es la persona más inofensiva que conozco.
–No hay nada que puedas hacer que pueda hacerme cambiar de opinión con respecto a esto, Rose –dice el director.
Lo miro con frialdad y me pongo de pie. Esto aún no ha acabado. Recién he comenzado.
***
–¿Tú estás detrás de esto, William? –pregunto–. ¿O es alguien más del palacio?
Del otro lado de la línea, William suena genuinamente agotado.
–No, Rose. Hasta donde sé, tú has cumplido con tu parte del trato. Tus padres están más o menos apaciguados.
–Pero es demasiada coincidencia. La semana pasada querían que Danni se largara de Bramppath y, ahora, convenientemente la asociación de exalumnos está de acuerdo. Vamos. Mis padres conocen en persona a la mitad del consejo. ¡Los Kwon! ¡Los Paget-Harrington!
–Rose, te aseguro que, si tus padres tuvieran algo que ver con esto, yo lo sabría. Es una coincidencia.
Aprieto los dientes. Estoy furiosa, pero hay algo en su tono de voz que me hace creerle.
Si eso es positivo o no es un tema aparte.
¿Qué es peor? ¿La idea de que mis padres pudieran separarme de mi novia sin un buen motivo o que no estén relacionados con esto y que, por consiguiente, no pueda negociar con ellos para revertir la decisión?
Aunque…
–Tal vez tú puedas ayudarme, entonces –digo.
–¿Ayudar?
–Tú eres mi publicista. Encárgate de esto .
Si hablas con el director, estoy segura de que puedes hacerle entender lo innecesario que es todo esto.
Y, si eso falla, siempre puedo pedirles a mis padres que intervengan.
Después de todo, ¿qué es más intimidante?
¿La asociación de exalumnos o la monarquía?
William se queda en silencio durante tanto tiempo, que sé su respuesta sin necesidad de que hable.
–¿Por qué no? –pregunto, enfadada.
–Sé que la muchacha te importa en verdad, lo sé. Pero tal vez esto sea lo mejor. Si ya no está en Bramppath, no habrá riesgo de que te atrapen con ella. Una ruptura limpia.
–¡William!
–Hice mi mejor esfuerzo para evitar que castigaran a Danni por el delito de tener una relación contigo, Rose. Pero ella se metió en este problema y mi trabajo no es protegerla. No tiene que ver con lo que quieres que haga, sino con proteger tu reputación, lo primero y primordial.
Me levanto del borde de la cama y comienzo a caminar por la habitación, agitada.
–Bueno, tal vez, si pierdo a Danni, no me importará demasiado cómo se vea mi reputación. Quizás adquiera el hábito de andar desnuda. O quizás me tome una o dos píldoras en alguna cena de Estado; eso me ayudará a alivianar la noche. O…
–Creo que podría haber un enfoque más productivo –me interrumpe William con ironía.
Dejo de ir de un lado al otro sobre la alfombra.
–¿Eh?
–Sí. Por ejemplo, si hubiera una historia más grande, más positiva que te involucrara, esa sería una forma mucho más útil de acallar las especulaciones, excepto las de los peores periódicos amarillistas.
Y si esa historia les diera a los lectores motivos para dudar de los rumores acerca de tu sexualidad…
No hace falta ser un genio para entender la insinuación.
–¿Te refieres a algo que tenga que ver con Alfie y yo?
William procede con cautela.
–Sabes que tus padres parecen bastante convencidos de que Alfie terminará casado contigo algún día. ¿Estás consciente?
–No es la primera vez que lo oigo.
–Bueno, en lo que respecta a tener una pareja estratégica, podría irte mucho peor. Él es competente con los medios, proviene de una buena familia, es guapo…
Espero a que llegue al punto, y por suerte, lo hace.
–Si crees que esto te convendrá en el futuro, te recomendaría comprometerte pronto. El momento no podría ser mejor.
Aunque sabía a dónde se dirigía, todavía me asombra oírlo verbalizarlo.
–Tengo diecisiete.
–Sí, y casarse ahora sería ridículo. Pero si estás dispuesta a llevar adelante un compromiso a largo plazo, ¿sería tan distinto a simplemente esperar a comprometerte? El tiempo pasará de cualquier manera, pero si pasa con un anillo en tu dedo, puede que estos rumores por fin se apacigüen.
Y entonces no importará dónde esté Danni o si por accidente le echo un vistazo.
–A menos que estuvieras guardando la esperanza de esperar hasta conocer al hombre indicado –dice William con un aire de ligereza. Nuevamente, entiendo su punto. Pero todo esto está ocurriendo tan rápido.
Pero… Danni.
–Lo que me estás sugiriendo es inmenso –digo–. ¿Y todo a cambio de que simplemente hables con el director?
–Este no es un trato para mí. Es una sugerencia para ti.
–Ah, pero lo es. Porque, como dijiste, tu trabajo es proteger mi reputación. Y esto te haría ver bastante exitoso, ¿verdad?
Ahora es su turno de quedar en silencio.
–Tendría condiciones –digo finalmente–. Necesitaría una serie de reconfirmaciones con respecto a Danni. Mantenerla a salvo y feliz también será parte de tu trabajo porque, de lo contrario, te juro que romperé con ese compromiso durante una salida al balcón.
Cuando William responde, hay una sonrisa en su voz. Me da náuseas.
–Podemos conversar las condiciones –dice–. Expone tus términos.