Treinta y nueve. Rose
TREINTA Y NUEVE ROSE
Es devastador estar pegada al brazo de Alfie en otro evento familiar más.
No es nada personal con él, desde luego.
Estoy muy consciente de lo mucho que le debo.
Esta semana, más que nunca, es crucial que nos vea juntos la mayor cantidad posible de gente; y la boda de mi prima Emmeline es la ocasión perfecta.
Solo que, no puedo evitar ser mucho más consciente de que en este momento, mientras comemos aperitivos, rodeados de decoraciones florales y una banda de jazz que toca para nosotros, Danni está en la escuela sin mí, posiblemente sintiéndose peor que nunca.
Jamás he sentido que estoy representando una pantomima tanto como esta noche. No es solo falso. Es una farsa.
Eleanor también está aquí, aunque en este momento está sentada con sus padres.
Rogó que la invitaran cuando descubrió que Emmeline se casaba con Maria Vasconcelos, una descendiente de la aristocracia portuguesa.
Y Santi le confirmó en un mensaje (desde la fiesta de Florence se hablan a través de mensajes) que de hecho vendría.
Alfie y yo deambulamos por la recepción como una pareja, conversando con todas las personas que podemos.
Ven, aquí estamos. Somos una pareja completamente heterosexual, muy enamorada, por favor, por lo que más quieran ayúdennos a aquietar cualquier rumor antes de que mi novia se vea perjudicada otra vez.
Sonreímos y reímos una y otra vez con la gente mientras ellos hacen los mismos comentarios inútiles.
"Juntos se ven adorables". "Recuerdo mi amor de secundaria".
"Eres un hombre afortunado, Alfie, ella te va a mantener alerta".
Es como si alguien fuera caminando por delante de nosotros, entregando tarjetas para que los invitados lean en voz alta.
Yo aprovecho cada oportunidad que tengo para escribirle a Danni, pero eso no me hace sentir menos sucia. Me pregunto si ser una mentira andante es algo a lo que eventualmente uno se acostumbra.
–¿Qué anda haciendo Danni? –pregunta Alfie después de que extraigo el teléfono por décimo quinta vez en la noche.
Lo vuelvo a guardar en el bolsillo, reprendida.
–Estoy siendo grosera, ¿verdad? Lo siento, lo siento.
Echo un vistazo por el salón y encuentro a Eleanor en la pista de baile con Santi, tomados de la mano mientras se balancean. Ella está tan embelesada con él que no nota que la estoy mirando.
Más allá de la pista, veo al señor Paget-Harrington, con mis padres y el señor de la señora Smythe, los padres de una de las chicas más jóvenes de Bramppath.
La señora Smythe pertenece a la asociación de exalumnos junto con la madre de Alfie.
La señora Paget-Harrington me descubre mirando y hace un gesto para que nos acerquemos.
–Esconde el teléfono –me advierte Alfie–. Papá te hará trizas si te descubre. Es su obsesión últimamente. Al parecer, las pantallas matan neuronas.
–Entendido.
Nos estampamos una sonrisa cada uno y nos unimos al grupo.
–Rosemary –dice la señora Smythe, estirando el cuello para mirarme.
Es una mujer bajita, con cara de ave, quien jamás me agradó demasiado.
El que me esté saludando solo por mi nombre, aunque me conoce al menos tanto como a Alfie, no mejora ese hecho.
Hay un tono interesante en su voz, pero no puedo determinar qué–.
Qué agradable verte. Luces encantadora .
–Gracias, señora Smythe. ¿Disfrutó de la boda?
Aburrido, aburrido, genérico, aburrido, aburrido.
Espero que, al menos, Molly esté con Danni. Esta será la primera noche que no podré pasar a ver cómo está mi novia, ni siquiera por quince minutos antes de que se duerma. Estoy segura de que estará bien, pero aun así. No debería estar sola. Debería estar aquí, conmigo.
–Fue simplemente hermosa . Y ustedes dos serán los siguientes, ¿verdad?
Me río un poco demasiado fuerte ante el comentario, antes de darme cuenta de que solo está bromeando.
Alfie me mira de costado, sorprendido, luego se esconde tras una sonrisa practicada, coqueta.
–Creo que Rose querría terminar la escuela primero.
–Sensato –concuerda mamá.
–Las chicas jóvenes pasan demasiado tiempo siendo sensatas en esta época –dice el señor Paget-Harrington, dándome una palmada en el hombro. Fuerte–. No hay nada de malo con tomar algún riesgo. Un poco de romance. Helen y yo nos casamos a los veinte y mírennos ahora.
–Cuando tiene que ser, tiene que ser –agrega mi padre y yo lo miro con intención. Él me ignora.
–No esperes demasiado –añade la señora Smythe–. O a él se le acabará la paciencia.
Alfie se echa a reír y me toma de la mano.
–Sin presiones, pero yo soy alguien importante. No querrías perderme, ¿o sí?
El grupo ríe nervioso. Mi sonrisa se está volviendo más y más forzada. Sé que solo les está siguiendo la corriente, pero me está dejando a mí a punto de convertirme en la villana si no concuerdo verbalmente con todos ellos. Es como un paso más allá de lo necesario para convencerlos.
–Asegúrense de mantenernos informados si deciden dar el siguiente paso –agrega la señora Paget-Harrington–. Tal vez podríamos usar el anillo de mi madre. A ella le habría encantado que Rosemary lo tuviera.
No parece ser una conversación apropiada para tener entre personas ajenas a la familia, pero, aun así, aquí estamos. Qué manera excelente de iniciar un rumor.
Nos disculpamos y me llevo a Alfie hacia un rincón silencioso, con una sonrisa firme en el rostro mientras le hablo. Siempre da por sentado que todos te están observando. Si todavía no aprendí la lección, jamás lo haré.
–¿Ahora vamos a comprometernos? –pregunto–. Porque pensé que la costumbre era corroborar entre nosotros antes de adentrarnos a algo así.
Él solo se ríe.
–Por supuesto que no. Estaban bromeando.
–¿Eso crees?
– Sí , Rosie. Tenemos diecisiete. Eso es lo que sucede cuando estás alrededor de tus padres con tu pareja. Te gastan bromas.
–No tendría cómo saberlo –digo, todavía forzando la misma sonrisa.
–¿No me seguirás a Oxford? –pregunta, con los ojos centelleando.
–Con gusto te visitaré en Oxford. ¿Qué te parece?
–Tal vez deberías considerarlo. Tu padre no está del todo equivocado, sabes. –Hace una pausa–. ¿Has… pensado lo suficiente en tu futuro?
–Solo estamos en quinto año.
–Lo sé. Pero, de pronto, vamos a estar en sexto. Y luego, quién sabe. Admito que me da curiosidad. ¿Qué sucederá contigo a largo plazo? ¿Planeas casarte?
–Supongo que sí. Algún día.
Él asiente, pensativo.
–Y me arriesgaría a adivinar que querrías un esposo que estuviera feliz de cubrirte mientras tú participas de… otras actividades detrás de escena.
–Me imagino que sería bastante difícil si él no estuviera feliz.
–Opino igual. –Sonríe con picardía–. En ese caso, sabes, podrías conseguir a alguien mucho peor que yo.
–¿Te estás ofreciendo como voluntario? –me burlo.
Él deja de sonreír y yo casi me olvido de mantener mi propia expresión agradable.
–¿Te estás ofreciendo… como voluntario? –repito.
Él solo se encoge de hombros.
–Pero ¿por qué? –pregunto, desconcertada–. Si de verdad estás hablando en serio, ¿por qué demonios te ofrecerías a casarte conmigo sabiendo que no me a…
Me interrumpo y lo miro con un horror perplejo.
Él pone los ojos en blanco.
–No estoy enamorado de ti, no te preocupes. Pero estaría mintiendo si dijera que no he pensado cómo sería ser tu esposo.
–¿Y?
–Y… creo que eres maravillosa. Y sería más que feliz de pasar la vida contigo.
–Hasta que sí te enamores de alguien.
–Bueno, asumo que no exigirías monogamia de mi parte. ¿Acaso los amantes secretos no son una de las valiosas tradiciones de los reyes del mundo?
Yo me quedo mirándolo fijo y él parece darse cuenta de lo que acaba de decir.
–Bueno, de los reyes de antaño –se corrige.
–En otras palabras –digo con frialdad–, el destino que tengo que aceptar, ese en el cual debo esconder por siempre a la mujer que amo, ¿es algo que tú escogerías por voluntad propia?
–Es tan voluntario para ti como lo sería para mí –dice.
Me enfurezco y abro la boca para reprenderlo, pero él me interrumpe antes de poder hacerlo.
–Piénsalo. Tú estás eligiendo convertirte en reina.
Si te hicieras a un lado, podrías hacer lo que quisieras con tu vida.
Pero sabes, como yo también, que esconderse es un pequeño precio a pagar por estar a la cabeza de un país.
Por ser la única a quien todos respetan y prestan atención.
Por tener el poder de hacer cambios. Piensa en el bien que podríamos hacer juntos.
Sé que yo no podría sacarlo adelante por mi cuenta. Pero a tu lado…
Supongo que, ahora que lo menciona, puedo ver a Alfie en el rol.
Cuántas veces me he maravillado ante su capacidad de mantener conversaciones triviales y cautivar a extraños y ser el centro de atención.
Nació para eso, de maneras en que yo no.
Pero yo en realidad nací para esto y, por esa razón, mi elección siempre tendrá un peso distinto a la suya.
–Es más complicado que eso para mí –digo sin fuerzas.
–Tal vez. Pero creo que, en el fondo de todo, estás intoxicada por el potencial que podría tener tu vida en esa posición.
–Tal vez –admito–. O tal vez tú simplemente asumes que debo sentirme así porque eso crees tú .
–Claro, porque yo no conozco tu mundo interno en absoluto –dice, viéndose… sorprendentemente divertido–. Desde que conociste a Danni Blythe, de lo único que hablas es de querer ser buena. No hay un bien más grande que este.
Miro más allá de Alfie al oír ese comentario. Mi mente está inundada de pensamientos que apenas puedo comenzar a analizar. Miro a sus padres, a los míos, más allá de ellos (más allá de la multitud) y encuentro los ojos de William perforándome los míos mientras nos observa hablar.
–Somos amigos –le digo a Alfie mientras todavía miro a William–. Yo no podría…
–Pero ¿acaso un extraño sería mejor? En verdad, piénsalo, Rosie.
Y lo hago. Me imagino todo.
Alfie pidiendo mi mano con el anillo de la familia Harrington. Matrimonio. Hijos. Coronación. Secretos. Mentiras. Jaulas.
Mi futuro se puso en marcha hace mucho tiempo y no tengo otra opción más que dejarme arrastrar.
¿Y cómo se ve ese futuro? En serio. Besos furtivos en habitaciones secretas, mientras que todo el tiempo me aterre que alguien descubra la verdad y perder el afecto de mi familia, el cariño de mi país, mi futuro y mi identidad, todo de un tirón.
Casarme con alguien a quien jamás pueda amar y dormir con él, una y otra vez, mientras mi cuerpo entero se retuerce de la repulsión, solo para que pueda servir como incubadora para la continuación de la dinastía.
Gritar de la agonía, o desangrarme en una cama de hospital, como le ocurrió a mamá, para dar a luz a hijos que jamás quise dentro de mí para empezar.
Todo eso mientras que reprimo, más y más, hasta que ya no esté aquí.
Intento neutralizar la ola de angustia que me provoca esa idea, pero por primera vez, no puedo. No puedo apagarla. Así que intento consolarme. Tal vez , pienso, no tendré que soportarlo durante tanto tiempo. No todos llegan a ser ancianos.
Aunque al principio me consuela pensar eso, pronto me doy cuenta del horror. ¿Qué significa esto, si la idea de quedarme en este camino es más horrorosa que la idea de tener una muerte temprana?
¿Qué me sucede, que me puedo conformar con eso?
¿Qué me sucede, que me tomó todo este tiempo darme cuenta de lo aterrador que es en verdad mi camino preestablecido?
–Bailemos con Eleanor y Santi –dice Alfie, tomándome de la mano.
¿Cómo llegamos aquí? ¿Cómo puede ser que, hace solo unos meses, conocí una chica llamada Danni Blythe y ahora estoy hablando de compromiso con Alfie? Me siento como un copo en una bola de nieve.
Lo sigo sin mediar palabra.