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Treinta y ocho. Danni

TREINTA Y OCHO DANNI

Parece que solo he dormido un par de minutos cuando una llamada a la puerta me despierta de repente.

Intento no prestarle atención –es difícil permanecer consciente después del día que he tenido–, pero eventualmente el golpeteo se vuelve demasiado molesto y salgo de la cama a los tumbos.

Abro apenas la puerta y me encuentro a Rose parada del otro lado, sosteniendo una manta doblada frente a ella.

–¿Estabas durmiendo? –pregunta, pasándome por al lado para entrar.

–Es como la una de la mañana, así que sí –respondo, frotándome los ojos–. ¿Qué estás haciendo?

–No podía dormir. Además, jamás me respondiste los mensajes después de tu siesta y estaba preocupada.

Vuelvo a subirme a la cama, busco mi lugar tibio y levanto las cobijas.

–Métete –le ofrezco, con un golpecito en el espacio a mi lado.

Ella se pone de cuclillas frente a mí. Pienso que va a besarme, pero en cambio, me susurra:

–En realidad, ¿puedes vestirte? Quiero que salgamos a caminar.

–Hace un frío fatal allí afuera –gruño–. Y mi cama está tan calentita. ¿No podemos acurrucarnos y quedarnos dormidas y fingir que no existe nada más fuera de esta habitación?

Ella extiende la manta a modo de respuesta, orgullosa de sí misma por lo previsora. Sí… Okey. No será de mucha ayuda, pero no puedo decirle que no a ese rostro, ¿verdad?

Nos deslizamos por el corredor sin decir una palabra.

Noto que su guardaespaldas no está con ella.

Es la primera vez que veo a Rose salir de los edificios cercanos sin uno de ellos.

Hay un momento de tensión cuando abre la puerta frontal con cuidado y esta cruje como un animal agonizando, pero nadie sale de sus habitaciones.

No puedo evitar romper el silencio con una risa nerviosa mientras cruzamos el patio.

–¿Por qué estamos haciendo esto? –pregunto.

–Porque no creo que vayamos a tener oportunidad de vernos afuera de nuestras habitaciones en un largo tiempo.

Se me estruja el corazón. Quiero pedirle más información, pero, por otro lado, no. Puedo imaginarme por contexto a qué se refiere, y no puedo . No puedo lidiar con más malas noticias. Así que me aguanto y la sigo para adentrarnos en la noche.

Llegamos al borde del bosque y levanto la cremallera de mi parka. Con el invierno en retirada, ya no nieva, pero está bastante cerca de hacerlo.

Rose ahueca mis manos en las suyas.

–¿Dónde están tus guantes? –me reprende.

–Me los olvidé.

Sin decir nada, se quita los de sus propias manos y me los da a mí.

–No quiero entrar en el bosque, Rose –admito, soplándome las manos enguantadas para calentarlas–. Es aterrador de noche.

–Merodeamos por el bosque todo el tiempo –dice con frivolidad.

–No lo hacemos todo el tiempo –protesto–. Y por lo general tenemos a Theodore con nosotras. A propósito, ¿por qué no lo despertaste?

Mira hacia el bosque con seriedad.

–Tengo que hablar contigo.

Se me hiela la sangre.

–No.

–¿No?

–No. –Planto los pies con firmeza y me cruzo de brazos–.

No vas a romper conmigo. No vamos a tener una conversación seria.

Esto no está ocurriendo. Hoy me sacaron del clóset frente al mundo entero.

No necesito que esta noche me rompan el corazón.

Necesito que mi maldita novia me abrace y me diga que todo va a estar bien.

Me sorprende llegar tan lejos antes de que aparezcan las lágrimas y me interrumpan. Rose me estrecha entre sus brazos antes de que se escape el primer sollozo y me aprieta con fuerza contra su pecho.

–No estoy tratando de romper contigo –me dice y yo me derrito del alivio–. Danni, te dije desde el inicio que estaba contigo; y cuando me comprometo con algo, hablo en serio. Me temo que tendrás que soportarme.

–Acabo de tener un día muy malo –lloro y ella comienza a acariciarme el cabello metódicamente.

–Lo sé –susurra–. Y lamento haberte despertado.

–No, me alegra que lo hicieras. Quería verte.

Es solo que… –Me tomo de su abrigo para apoyarme; ella me abraza, parada con firmeza, hasta que mi respiración vuelve al ritmo normal y los latidos del corazón se desaceleran por el maldito frío–.

Entonces, ¿de qué querías hablar? –pregunto, abrazándola todavía.

Imito el vaivén de su pecho cuando inspira con fuerza el aire helado hasta el tope de los pulmones.

–No dejo de pensar en la estudiante de Bramppath que le contó al palacio acerca de nosotras en primer lugar.

–¿Qué hay de ella?

–No entiendo cómo podría haber sido una estudiante cualquiera. Fuimos precavidas. Lo estábamos ocultando. Para que alguien nos hubiera descubierto, también tendría que haberlo sabido. Tendría que haber estado muy cerca de nosotras. Es probable que fuera alguien de Dewitt.

Me aparto de ella y la miro horrorizada.

–¿Tú crees?

–Es lo único que para mí tiene sentido. Y también he estado pensando en los rumores en internet. Y el video de Harriet y tú que enviaron a los medios. Me hace sentir que estoy rodeada de personas que quieren hacernos daño.

–Yo también.

–Pero ¿y si no estamos rodeadas? ¿Y si es solo una persona que está muy cerca?

No sé cuál de las dos ideas me revuelve más el estómago.

–¿Como quién?

Rose se encoge de hombros.

–No lo sé. Pero lo que sí sé es que William dijo que tenemos que fingir que ya no somos amigas. Incluso entre las estudiantes de Bramppath. Pero, Danni, deberías saber que amenazaron con deshacerse de ti.

–¿Deshacerse de mí? –pregunto con voz aguda. La primera idea que se me viene a la mente es la de un hombre a la distancia con un rifle de francotirador.

–Dijo que te querían afuera de Bramppath.

–Ah. –Eso suena más realista.

–Tienes que saber lo que está en riesgo. Si continuamos viéndonos y nos atrapa la persona incorrecta…

–No voy a romper contigo –digo con ferocidad–. Y no me importa con qué nos amenacen.

A menos, quizás, que haya un francotirador.

La expresión de Rose es seria.

–No te lo tomes a la ligera, Danni. No necesariamente se detendrían con echarte de la escuela. Podrían enviar lejos a tu familia. A ti y a tú mamá, sus visas…

¿Nuestras visas? Intento que no se note tanto lo mucho que me impacta esa idea.

–No creo que lleguen a eso.

–No es algo que crea. Se lo hicieron a mi padre. Deportaron a su novia cuando no era mucho mayor que yo.

Okey, bueno, eso es aterrador. Y horroroso. Pero no sucederá porque no nos atraparán. No voy a permitir que me acosen. Otra vez no. No más.

Cuando Rose ve mi mirada desafiante, asiente agotada. Aunque no parece ni un poco decepcionada.

–Sí, bueno, eso significa que vamos a tener que escondernos por completo.

Nada de amistad, nada de contacto, ni nada de nada en lo que respecta a nosotras dos.

Nos escribiremos mensajes con nombres de contacto diferentes, o con teléfonos prepagos.

Nos veremos solo una vez que todos estén dormidos.

Y les diremos a todos que nos distanciamos una de la otra.

Incluyendo a Eleanor y Molly. Incluyendo a Theodore y Sidney.

–¿Crees que podría ser uno de ellos? –pregunto, espantada.

–Creo que el riesgo es demasiado alto para suponer cualquier cosa en este momento. Hasta que sepamos más, las únicas personas en las que confío están aquí.

No tiene sentido para mí. ¿Por qué Theodore o Sidney querrían interferir en nuestras vidas?

¿Por qué lo harían Eleanor o Molly? Pero al mismo tiempo, comprendo lo que Rose está diciendo.

Hay muchísimos extraños anónimos que comenzaron a interesarse mucho en nuestras cosas de repente.

Pienso en la primera persona que publicó algo, la que creó el ensayo con fotografías y videos tomados de las redes de Molly.

Imaginé que era uno de sus tantos fanáticos.

Pero ¿y si no fue un fanático? ¿Qué pasa si fue una de las… amistades de Molly?

Temblando, me volteo hacia el bosque. A la luz del día, parece pintoresco, acogedor, como si saliera de un cuento de hadas. Uno de los lindos, no como Hansel y Gretel . Ahora me da más vibras a El proyecto de la bruja de Blair .

–Hecho –afirmo–. Será solo entre nosotras.

–Entre nosotras.

–Pero, mientras seamos solo las dos, no voy a poner un pie en ese maldito bosque.

–Pero nadie puede vernos allí –se queja Rose–. Podemos hacer lo que queramos y por una vez no tendremos que estar encerradas en un cuarto.

–Para ser justa –digo, dando una vuelta en el lugar–, nadie puede vernos aquí tampoco.

Ella mira alrededor, pensativa. Luego se lanza sobre mí, me envuelve el torso con los brazos y me levanta del suelo.

– Rose –chillo, dando patadas al aire–. ¡Suéltame!

–Oblígame.

–Esto es un secuestro –protesto mientras ella camina conmigo.

Se detiene justo dentro de la línea de árboles, aproximadamente a medio metro dentro del bosque, todavía conmigo en brazos.

–Dime, ¿acaso no es romántico? –pregunta, rugiendo por sostener mi peso.

–Bájame –le ordeno.

Lo hace y yo le lanzo unas palmadas. Ella me esquiva, riendo.

–Solo porque eres la princesa no significa que… –Me toma de las muñecas–. Decidas lo que hacen los demás.

Intento fulminarla con la mirada, pero me pongo a sonreír después de unos segundos.

Sonrío con más ganas mientras ella me guía hacia el árbol más cercano hasta la parte de atrás y me envuelve con los brazos.

Me besa y me aferra en el lugar; mi espalda queda pegada al tronco, sus manos en mis muñecas y sus caderas contra las mías.

Eventualmente, lucho para liberar mis manos y empujarla más hacia mí.

Somos un enredo de brazos y piernas, amarrado como un nudo que jamás podrá ser desatado.

–Tampoco te puedes salir con la tuya solo porque eres sexy –digo contra sus labios cuando se aleja.

Ella finge enfurruñarse.

–Pero eso es lo opuesto que me enseñaron a creer –dice, soltándome.

Salgo del bosque, en mayor parte para mostrarle que tengo razón. Ahora yo también estoy riendo, pero cuando Rose me persigue y me atrae hacia sí con otro beso, no protesto.

Tiene el cabello alborotado por el viento, los ojos arrugados y el abrigo caído de un hombro.

Incluso después de todo este tiempo, todavía me sorprende cuando me detengo y admiro lo hermosa que es.

Y no solo en el físico. Viéndola ahora, me asombra saber que haría cualquier cosa por proteger a esta chica. Cualquier cosa que necesite, lo haré.

–No creo que estuviera bien sin ti –digo.

Rose me acaricia la mandíbula con el pulgar.

–Soy tuya. No vas a perderme.

–Estoy a un solo paso en falso de hacerlo.

Ella niega con la cabeza.

–No mientras estés sobre esta tierra. No hay sitio donde puedan enviarte donde yo no te siga.

Eres… ¿Cómo puedo siquiera explicar lo mucho que significas para mí?

Has redefinido lo que significa la felicidad para mí.

Todas las noches, me voy a la cama emocionada porque al despertar, puedo vivir otro día conociéndote.

Y sé que anoche dejé que te lastimaran, pero aquí y ahora, juro que eso no volverá a suceder.

No lo permitiré, porque verte sufrir es mil veces peor que soportarlo yo misma y, simplemente, a mí ya no me importa qué me echen encima.

Lo único que me importa eres tú, Danni. Quería convertirme en una mejor persona, pero tú me haces bien.

Antes no me di cuenta, pero ahora sí. Te necesito y necesito la versión de mí en la que me convierto cuando estoy contigo.

Si te pierdo, me pierdo a mí misma. Y lucharé por ti hasta que quede rota y ensangrentada si es necesario.

Me quedo mirándola fijo, completamente anonadada.

–Rose…

–Te amo –termina con ferocidad y, por solo un segundo, el mundo se detiene.

–Yo también te amo –me oigo decir. Y es la verdad. He sabido que es la verdad desde hace un tiempo ya. Me da un miedo terrible, pero así es.

Es increíble cómo en el mismo día pudo ocurrir uno de los peores y uno de los mejores momentos de mi vida.

Ella sonríe y es como si el sol saliera entre las nubes.

–¿En serio? –pregunta.

–Por supuesto que sí.

Da algunos pasos alejándose de mí, inclina la cabeza hacia atrás e inhala de forma temblorosa.

–Te amo. –Se echa a reír.

–No lo digas muy fuerte.

–Te amo –dice otra vez, levantando la voz y extendiendo los brazos a los costados–. Estoy enamorada de Danni Blythe. Siempre estaré enamorada de Danni Blythe. Que lo publiquen en las portadas, me importa un carajo.

La única respuesta es el viento y nadie puede oírnos, a excepción de los animales del bosque.