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Treinta y siete. Rose

TREINTA Y SIETE ROSE

William viene directamente a visitarme aquí, a Bramppath después del almuerzo. Al menos, primero me permitió comer. Bastante considerado de su parte.

Las entrevistas de esta mañana salieron a la perfección.

No esperaba menos de Molly, Eleanor y de mí misma, pero Danni me sorprendió después de contarme que le aterra ser el centro de atención.

De alguna manera, logró voltear toda la sesión de preguntas a nuestro favor.

En las fotografías, Danni se mantiene estoica, tranquila, con la frente en alto. Mantuvo un contacto visual firme.

Estos meses que pasó bajo la mirada del público la han cambiado más de lo que me di cuenta. Solo espero que haya sido para mejor.

Desde luego, William no está muy de acuerdo.

–No sé cuánto más claro podría haber sido –espeta.

Estamos sentados uno frente al otro en una de las oficinas para reuniones, en una mesa larga de madera.

Tiene una mancha de café en el traje. Me pregunto si se ha dado cuenta–.

Entonces, explícame, Rose, ¿por qué tu amiga escogió hablar directamente con los medios en lugar de colaborar conmigo para elaborar un comunicado como lo indiqué?

Bueno, debe haber sido porque jamás le dije a Danni que esa era una opción. Mucho menos, una orden.

–La sacaron del clóset el día de hoy –comienzo a decir–. En contra de su voluntad. Se merecía tener, por lo menos, el control completo sobre lo que tenía para decir al respecto.

Y claro que yo no quería que la manipularan o que la hicieran sentir culpable por decir algo que salvara mi reputación a costa de la propia.

–Pero ¿qué demonios te llevó a salir a dar tu propia declaración? –dice con un tono mezquino–. Tú no hablas con los medios. Lo ignoraste deliberadamente.

–Lo hice para evitar que publiquen una declaración implicando que Danni tiene conductas inapropiadas conmigo –replico, molesta–.

O que me ha besado en contra de mi voluntad (en caso de que alguna vez se filtre una fotografía y necesitemos una negación creíble preparada de antemano); o que la odio en secreto, o cualquier cosa dentro de esos límites.

¡No te permitiré que la uses como escudo humano para defender mi reputación!

–Sí, este año ha quedado bastante claro que tu reputación es de muy poca importancia para ti –dice con un tono helado, doblando las manos sobre la mesa.

–¿Acaso lo que dije es tan horrible? ¿Es tan distinto de lo que me habrías obligado de decir?

William luce como si le estuviera rezando a Dios para que le enviara paciencia. Es una reacción que provoco bastante seguido en las personas.

–No te habría hecho decir nada, Rose. El contenido no es el punto. ¿Cómo crees que se ve que la princesa heredera haga una declaración pública sobre el drama de la sexualidad de su amiga?

–¿Drama? –repito sin emoción.

–No hace falta decir que necesitas pasar un tiempo alejada de esta chica. Al menos, en cualquier sitio donde puedan verte.

–No hay reporteros en Bramppath.

–¡Pero hay estudiantes, Rose! No sabemos cuántas de tus compañeras están alimentando estos rumores, pero sabemos que al menos hay una.

Y eso es todo lo que se necesita. –Le sostengo la mirada y él se oscurece–.

Piensa, Rose. Acabo de regresar de calmar a tu padre.

Quiere a esa chica fuera de Bramppath. Ya no confía en que tú mantengas la discreción y, para ser franco, puedo entender por qué.

Lo convencí de que esperara hasta que manejáramos la situación, pero no creo que no la envíe de regreso a Estados Unidos si es necesario.

Me obligo a mí misma a desacelerarme y mantenerme tranquila. Está claro que, en este momento, resistirme no me llevará a ningún sitio. Sin embargo, puede que conciliar y negociar evite que el palacio se entrometa entre Danni y yo.

–Okey –exclamo–. Solo… no la lastimen. Y me mantendré lejos de ella.

A William se le desinfla un poco el ánimo.

–No hay necesidad de ser tan dramática. No van a asesinar a la chica.

–Hay más de una forma de lastimar a alguien –digo.

–Sí, bueno. Te he conseguido una última oportunidad, Rose. Yo no la desperdiciaría.

Aprieto los dientes hasta que me duele la mandíbula y asiento.

***

Me permiten regresar a la escuela rápidamente después de la cena. Molly está saliendo de Dewitt justo cuando yo estoy a punto de entrar. Ya se cambió el uniforme y se puso un par de pantalones y zapatillas deportivas, lo cual significa que o no va a filmar nada esta noche, o ya ha terminado.

–Camina conmigo –dice, tomándome del brazo–. Estaba a punto de imprimir algo.

–Eso suena tan normal –digo con una risa–. Es extraño que todavía puedan suceder cosas normales cuando el mundo se está cayendo a pedazos.

Ella me mira con compasión.

–¿Sabes que hoy me enviaron una petición? Alguien quiere que la comparta para que puedan reunir firmas y así exigirles a tus padres que les permitan a ti y a Danni estar juntas.

Gruño.

–Ah, sí, eso cambiará todo. Cuéntenles cuántas personas creen que Danni y yo estamos juntas, ¡por escrito!

–Al menos piensan lo correcto. –Molly sonríe mientras pasamos por debajo de un rosal. Luego se serena–. ¿Estás bien?

–En realidad, no. Mis padres dicen que debo impedir que me sigan viendo con Danni. Con la consecuencia de que, si me atrapan siquiera hablando con ella, nos castigarán.

Molly cierra los ojos con fuerza, como si hubiera temido esto mismo.

–Okey. Lo resolveremos.

Yo no estoy tan segura, pero oírla decirlo me alivia un poco la tensión que tengo en los hombros.

–¿Tú crees?

–Claro. Tal vez haremos una lista de turnos, o algo parecido. Algunos días Danni está conmigo y tú con Eleanor y luego, cambiamos.

–Okey. Y Danni y yo podemos pasar las noches juntas, quizás.

Pasamos por al lado de un grupo de chicas de tercer año y nos quedamos en silencio. Cuando volvemos a estar solas, Molly frunce el ceño, preocupada.

–¿Aun así vas a arriesgarte a verla? Piensa en lo que podrías perder.

Hemos llegado a la entrada de la biblioteca, donde están las impresoras. Pero también es donde las estudiantes suelen reunirse. Así que, por ahora, nos quedamos en el patio, cerca de una pila de nieve amarronada a medio derretir, que alguna vez estuvo fresca y blanca.

–Podrías perder más que a Danni –continúa Molly cuando no respondo–. Estoy hablando de perder todo tu futuro. ¿Acaso no te aterra?

Me llevo los dedos a las sienes y las aprieto, porque sé cuál es la respuesta correcta a eso, pero la siento como una mentira.

–¿Te puedo contar algo que es un poco turbio? –pregunta Molly.

–Okey.

Echa un vistazo a nuestro alrededor.

–Cuando murió Oscar…, al principio… había días en que deseaba que yo hubiera muerto.

Cuando estás en ese tipo de duelo, es difícil ver las cosas con claridad y creí que lo había perdido todo.

Es obvio que no morí y ¿sabes qué? Me agrada mi vida.

Me gusta vivir. Haría casi cualquier cosa por deshacer aquella noche –agrega con rapidez–.

Pero él no era mi vida. Oscar era una parte increíble y asombrosa de ella; y lo echo de menos todos los días.

Pero mi vida todavía tiene valor sin él.

Y no quiero que tú eches a perder todo lo que te importa por ella.

Tu vida es más grande que Danni y la de ella es más grande que tú.

Lucho contra sus palabras, las pienso de todas las formas posibles. Al final, lo único que puedo hacer es asentir como gesto de agradecimiento mientras me ajusto la túnica. La túnica de Danni.

–Tengo que regresar adentro. Pero gracias.

Ella suspira y me devuelve el gesto.