Nadie en especial Treinta y seis. Danni #3
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Treinta y seis. Danni #3

¿Qué demonios digo al respecto? Debí haberme tomado más tiempo para prepararme. Sé que pueden ver lo culpable que soy. Sé que mi rostro está rojo, que tengo los ojos vidriosos y que tienen todo filmado en las cámaras mientras respondo:

–Sin comentarios.

–Danni, ha habido rumores de que tienes una relación romántica con la princesa Rosemary. ¿Puedes contarnos algo sobre eso?

Obligo a mi cara a que se relaje. Necesito verme como si hubieran dejado de hacer preguntas serias y hubieran pasado a las ridículas. Y por todos los cielos, no puedo llorar.

–Rose es mi amiga –respondo, concentrándome tanto como puedo en sonar casual–. Y eso es todo. Ella ahora sabe que no soy hetero y ha manejado la información con el respeto que he llegado a esperar de su parte. Tengo mucha suerte de tener a alguien tan comprensiva como amiga.

–¿Cuán cercana eres con Harriet?

Por supuesto que saben su nombre. Han estado hablando con nuestras compañeras toda la mañana. Aun así, la pregunta me toma por sorpresa y frunzo los labios.

–No lo soy –espeto–. Gracias por sus… preguntas.

¿Así es como se termina una entrevista? Porque eso hice.

La muchedumbre comienza a moverse. Los periodistas tienen lo que querían. Ahora es una competencia por ver quién publica primero la historia.

Si tengo suerte, tendré la oportunidad de contarle a mamá antes que ellos.

Aferrándose a los costados de su falda, me encuentro a Rose sola, parada a mi izquierda, respirando agitadamente. Más lejos de nosotras, Molly y Eleanor se han encontrado.

Me acerco a Rose.

–¿Cómo te fue? –le pregunto en voz baja, tratando de lucir tan fría como sea posible.

–Dolió. Más de lo que esperaba.

–Lo sé.

Se siente como si me hubieran usado para alimentar a los leones del Coliseo, con mis compañeras de clase mirando como espectadoras. Molly y Eleanor se unen a nosotras y nos ocultan para que las otras estudiantes no nos vean.

–¿Saben qué? Es hora del almuerzo –anuncia Molly.

–Cierto. –Se apresura a agregar Eleanor–. Vayamos a comer. Hemos terminado aquí.

Rose y yo intercambiamos miradas sombrías.

No ha terminado, pero ni de cerca. Pero almorzar suena a buen plan.

Qué mal que no tenga tiempo para comer si quiero tener alguna oportunidad de ser quien le cuente la primicia de hoy a mamá.

Así que dejo que mis amigas vayan a almorzar y me dirijo a mi habitación para llamarla.

Pero, cuando reviso el registro de llamadas, noto que tengo dos perdidas. Una de Rachel y otra de ella.

Ni siquiera pude tener esto, ¿eh?

Mamá responde al segundo tono.

–¿Danni, cariño?

–Hola.

–Hola, corazón. –Inspira hondo y se ríe un poco–. Acabo de ver algo en las noticias.

–Es verdad –confirmo sin emoción, antes de que pase demasiado tiempo intentando decirlo–. Lo siento.

Cuando responde, lo hace con un tono de dureza:

–Jamás pidas disculpas, Danni. Jamás quiero oírte hacer eso. Ni a mí, ni a nadie.

Intento responder, pero estoy comenzando a sentir que podría echarme a llorar en cualquier momento, así que no digo ni una palabra.

Ella continúa.

–Te amo más que a nadie en el mundo entero. Eres mi niña y estoy tan tan orgullosa de ti. Cada día que pasa me pones más orgullosa. Eso es todo lo que tengo para decir.

Aprieto los labios; siento que las lágrimas agobiantes amenazan con saltar. Inhalo de forma entrecortada, intentando pensar qué decir.

–¿Estás bien, cariño?

Sacudo la cabeza algunas veces, tratando de encontrar mi voz. Cuando abro la boca, sale un sollozo en lugar de palabras.

–En realidad, no –logro decir.

–Me gustaría que vinieras a casa esta semana. Necesitas estar aquí con nosotros. Necesitas espacio.

–No puedo, mamá. Se acercan las prácticas de examen. Están ocurriendo demasiadas cosas.

–Al diablo con los exámenes –dice y me toma por sorpresa–. No harás ninguno. Has pasado por un trauma. Hay excepciones para eso. Hablaré con el director…

–No quiero que hables con él por esto…

–Entonces, le mentiremos. Le diremos que Dennis murió y que necesito que estés en casa para preparar el funeral.

–¡Mamá!

–Bueno, tal vez Dennis no. Eso se puede comprobar fácilmente. ¿Qué dices de la tía Kylie?

–Mamá –digo, con una sonrisa reticente–. Gracias. Pero no quiero ir a casa. Quiero quedarme aquí. Tengo que hacerlo.

–Bueno, si eso quieres, es distinto. Pero no creas que estás obligada. Tus calificaciones no valen más que tu bienestar.

–Okey, mamá. Gracias.

–Te amo, Danni. Por favor, no te olvides de llamarme cuando lo necesites. No importa qué hora sea ni qué día. Llámame.

–Lo haré.

–¿Lo prometes?

–Lo prometo.

–Okey. Y, cariño…, no tienes que contarme todo ahora. Cuando estés lista. Pero si hay una chica en tu vida y si quieres que la conozca, me encantaría hacerlo.

Quiero llorar, porque no hay otra cosa en el mundo que quiera más que presentarle a Rose a mamá. Pero no habla de Rose. Se refiere a Harriet. Cree que Harriet es mi novia.

–Claro. Tal vez.

Con eso, nos despedimos y nos desconectamos.

Dejo el teléfono sobre la mesa de noche y me acurruco para quedarme mirando fijo a la pared.