Treinta y tres. Danni #3
–Sí…, ella le está hablando.
–¿Cuándo ocurrió?
–Hace como cinco minutos. –Luego lo pienso un poco mejor–. O tal vez fue hace media hora.
–Prácticamente lo mismo, ¿eh?
–No suelo beber. Pero me alegra mucho haber venido –digo con una sonrisa.
–A mí también me alegra que vinieras.
Dios, me siento tan animada y confusa. La tristeza y la amargura han desaparecido.
Aquí tengo amigas. Gente en la que puedo confiar.
Puedo estar sola en una fiesta sin sentirme rara, incluso si me la paso a solas durante demasiado tiempo.
Les agrado a estas personas y ellas me agradan.
Desearía poder regresar en el tiempo, hasta varios meses atrás, y decirle a la Danni del pasado que no tenía que preocuparse por venir a Henland, porque hay buenas personas por todas partes.
Estoy tan feliz , carajo.
–Todos aquí son tan geniales –digo. Me recuesto contra la pared de ladrillos y dejo que la cabeza me caiga hacia atrás–. Eleanor es genial, y Rose, Molly y tú eres genial. Eres muy muy buena. Soy tan afortunada.
– Tú eres genial.
–No, tú lo eres. Eres supergen …
Juro que no lo noto. No me doy cuenta de que se aproxima hasta que la tengo justo frente a mí, porque todo me da vueltas y no tengo la vista muy bien enfocada y, de pronto, está allí y me está besando.
Y todo sucede en el mismo momento exacto.
Me besa, me pone una mano en la mandíbula y me aprieta contra la pared.
Me besa y pasa un grupo de chicos por este costado de la casa, y de lo único que soy consciente es de los labios de Harriet sobre los míos y del parloteo de los chicos.
Me besa y yo me aparto en el instante en que me doy cuenta de lo que está ocurriendo.
–Harriet –susurro y ella enseguida se da cuenta. Está horrorizada .
–Lo siento –exclama–. Pensé… Pensé que tú…
Los chicos, que se están riendo, se detienen y hacen todo un show para alejarse de nosotras. Ni siquiera puedo ver bien quiénes son, porque todavía estoy intentando procesar el hecho de que Harriet acaba de besarme.
Un momento, ¿acabo de engañar a Rose? ¿Eso cuenta?
–No –digo–. Tú me agradas, pero no de ese modo.
–Pero a ti te gustan las chicas, ¿verdad? –me pregunta–. Te gustan . Solo que yo no te gusto.
Esto no puede estar sucediendo. No tiene sentido y creo que voy a vomitar. Todo se nubla y luego vuelve a tomar forma. Apoyo las manos contra la pared para estabilizarme. ¿Acaso me puse más ebria?
–Mierda, lo siento tanto, en serio –dice Harriet y me doy cuenta de que no lo finge–. Supuse que… Mierda. No debí haberlo supuesto. Estoy ebria y creo que pensé que estabas diciendo una cosa, pero no fue así y, por favor, lo siento mucho.
–Ahora necesito estar a solas –digo y ella asiente.
–¿Quieres que busque a alguien? ¿Necesitas algo?
–No. Solo necesito espacio, por favor.
Entonces, me deja sola. Respiro varias veces hasta que me siento tranquila y enfocada.
Y en ese momento afloran el enojo y la amargura, como si estuviera en un bote salvavidas que tiene una perforación en el medio.
Esto es una mierda. Al diablo con todo. Al diablo con la gente que piensa que soy queer y al diablo con el hecho de que no pueda ni decirles que lo soy.
Y al diablo con el hecho de que ni siquiera pueda estar al lado de mi propia novia cuando lo único que quiero es estar con ella, carajo.
Que se vayan al diablo todos lo que andan mirando, con sus teorías estúpidas y su obsesión incansable con nuestras vidas, porque las suyas están tan vacías que para satisfacerse deciden joderme la mía.
En especial, al diablo con Harriet por besarme sin aviso.
Y por más injusto que sea, al diablo con Rose por estar lejos de mí cuando la necesito. La necesito . Que se vaya al diablo por no saberlo por arte de magia.
Atravieso el jardín dando tumbos y cierro la puerta de la cocina de un golpe, con la botella de vodka de Eleanor metida abajo del brazo.
No sé dónde está ella, ni Rose ni Molly y me importa un carajo.
En el piso de arriba, encuentro un cuarto vacío; un dormitorio con una cama extragrande y una estantería de libros con novelas clásicas que se ven como si jamás las hubieran abierto.
Me quito los zapatos a patadas, me subo a la cama y bebo vodka directo de la botella.
Es básicamente como un shot. Me recuerda a Rachel con su petaca, vertiéndola en nuestros ponches aquella noche en el baile de invierno.
Un momento, Rachel. Quiero hablar con Rachel .
Le escribo un mensaje y no me responde. Luego, lo corroboro y me doy cuenta de que en Boulder están a mitad de la jornada escolar.
Por supuesto que sí. Al diablo con todo, incluyendo a los husos horarios.
Yo misma me haré sentir mejor. Ya sé que beber lo suficiente puede hacer que me olvide de las cosas, porque no puedo recordar nada de la segunda mitad del baile escolar de invierno de décimo grado.
Así que mi objetivo es olvidar que esta noche hablé con Harriet siquiera.
¿Cuántos tragos podría llevarme?