Treinta y dos. Rose
TREINTA Y DOS ROSE
Para la tarde del lunes, las fotografías del día de San Valentín están por todas partes.
Y no son, por desgracia, las poco convincentes de Alfie y yo.
En realidad, son otras, tomadas por el público desde el área asignada para ellos, detrás de los conos de tránsito.
Entre las decenas de personas que nos estuvieron filmando todo el tiempo, capturaron cada una de las metidas de pata.
Desde Danni y yo intercambiando miradas al otro lado de la pista, el gesto de miedo en mi rostro cuando ella se cayó, hasta yo levantándole la cabeza del hielo.
Y, aunque la mayoría de esos momentos duraron un segundo o dos, como mucho, cuando se capturan –una mirada de deseo, una microexpresión– en un fotograma fijo, duran una eternidad.
Tampoco son solo una o dos cuentas que publican esas imágenes.
Puede que haya comenzado de ese modo, pero mientras que la última ronda de especulaciones en internet no logró escalar, esta vez, hay muchas personas que están comenzando a escuchar.
Es el tema de muchos foros de discusión, videos de teorías, ensayos personales y artículos sensacionalistas de mal gusto.
EL ROMANCE ESCOLAR SECRETO DE LA PRINCESA. ROSEMARY.
¿QUIÉN ES. DANNI BLYTHE? ¡ESTO ES LO QUE SABEMOS ACERCA DE LA SUPUESTA AMANTE DE LA PRINCESA. ROSEMARY!
“DANNI DUERME EN LA CAMA DE LA PRINCESA. ROSEMARY EN EL PALACIO”: UNA FUENTE REAL REVELA TODO.
Ahora también la gente está hablando en las redes sociales.
Mucha gente. Danni me pasa su teléfono con tristeza, mientras esperamos afuera de la clase de Historia, para mostrarme las decenas de notificaciones y solicitudes de mensajes que ha recibido solo durante la hora del almuerzo.
Hasta Molly nos aparta para mostrarnos el aluvión de comentarios que hay en sus publicaciones preguntando por nosotras.
El rumor finalmente está echando raíces ahora que tiene el terreno ideal para crecer.
Una cosa es que la princesa ande un poco demasiado cerca de una chica de su escuela.
Pero que la princesa ande un poco demasiado cerca de Danni Blythe, un nombre que tanto los fanáticos de Molly como los monárquicos están comenzando a reconocer… , es mucho más interesante.
Es como si el universo mismo estuviera conspirando para complicar mi relación con Danni.
William me llama durante una clase. Yo le devuelvo la llamada cuando termino con la de apoyo de Italiano.
–Rose –dice, al contestar después del primer tono–. Es hora de que seas honesta conmigo.
En verdad, preferiría que no.
–¿Sobre qué? –pregunto con inocencia.
–Muchas personas están especulando acerca de Danni Blythe y tú, tanto que los periódicos quieren publicar la historia.
–¿Qué? –exclamo con aspereza.
–Lo estoy manejando, pero estas son precisamente las cosas para las que podría haber estado preparado si me hubieras contado acerca de Danni desde un principio.
–Ya ni siquiera me está pidiendo que lo confirme.
En lo que a él respecta, es un hecho. Su reacción es exagerada sobre la base de (otra vez) evidencia limitada.
¿Acaso simplemente me conoce tan bien? ¿O ha visto esto mismo lo suficientemente a menudo como para unir las piezas por sí solo?
–. No te pido transparencia para entrometerme en tu vida personal, Rose.
Lo hago para poder hacer mi trabajo . Y tú me lo estás haciendo mucho más difícil de lo que debería ser.
Quiero decirle que lo siento, solo por instinto, pero no es así. No siento negarme a revelar a Danni frente a él, como tampoco lo siento por buscar un ápice de privacidad. Así que, en cambio, le pregunto lo que en realidad quiero saber:
–¿Mis padres saben?
–¿Sobre los rumores? Rose, estoy seguro de que, a estas alturas, hasta la primera ministra sabe.
Independientemente de eso, hemos hecho oídos sordos a la historia de todos los periódicos sensacionalistas importantes.
Si los más pequeños publican su historia, bueno, a nadie en verdad le parecen respetables.
También estamos trabajando con Horizonte Diario para darle un nuevo ángulo a la historia del día de San Valentín.
Solo para advertirte, habrá una declaración de una fuente interna que dirá que tú y Alfie han comenzado a discutir sobre un probable compromiso.
–Disculpa… ¿qué?
La respuesta de William es fría.
–Tal vez, si hubiera tenido más información, no sería imperativo, pero ahora necesitamos una historia más fuerte para distraer las especulaciones. Les da algo con qué entretenerse durante un rato y esperemos que esta tontería de internet se vaya apagando cuanto antes.
La cabeza me da vueltas.
–Un compromiso –repito–. ¿Mis padres saben de ese plan?
–Tus padres saben, al igual que tú deberías, que una mentira piadosa es necesaria y adecuada para situaciones como esta. Para ti es intrascendente; lo único que tienes que hacer es ignorarla. Si el compromiso no se efectúa, la gente simplemente supondrá que la fuente estaba mal informada.
–¿ Si no se efectúa? –Me río–. Tengo diecisiete años, William.
–Entonces, cuando , Rose. Por favor, no nos enfoquemos en la semántica mientras estoy usando una gran parte de mi capacidad cerebral para mitigar el incendio que tú provocaste. ¿Cuándo aprenderás a tener un poco de autocontrol?
Apenas sé cómo responder.
–¿Hay algo más que pueda hacer por ahora? –pregunto, pisando mis sentimientos heridos hasta aplastarlos.
–Sí. Aléjate de las cámaras, por todos los cielos. Y mantente alejada de Danni Blythe. Al menos hasta que esto se calme.
Me dejo caer sobre la cama y me quedo aquí sentada durante media hora, hasta que Danni viene a visitarme.
–Ahora, me da paranoia hasta venir a tu piso –se queja en voz baja una vez que cierra la puerta–. Siento como si todos nos estuvieran vigilando. Tengo miedo de encontrarme con alguien en las escaleras.
Nos metemos en la cama y ella se acurruca en mis brazos cuando nos recostamos de costado.
–Hablé con William más temprano. Él y mis padres ya han decidido que creen en los rumores. Les van a decir a los periódicos que Alfie y yo pronto nos vamos a comprometer.
–Ay, qué dicha.
–Mm.
Comienzo a acariciarle la parte alta del brazo y ella se acerca más a mí. Todo lo que puedo sentir es el aroma de su jabón y su calor e, incluso con todo lo que está sucediendo, ahora que la estoy abrazando ya estoy más relajada.
–Tengo miedo –le digo–. Me da miedo que se esté creando una bola de nieve y no sepa cómo controlarla. Incluso cuando tengo la mejor de las intenciones, siempre digo o hago lo peor. Temo que vaya a perderte y que ambas paguemos el precio y que sea mi culpa.
–¿Cómo puede ser tu culpa?
–Soy demasiado impulsiva. Sigo actuando sin pensar. Debí haber dejado que Edmund te ayudara cuando te caíste. Lo sé bien.
–Sí…, debiste haber dejado que me pudriera en el suelo.
Eres la peor novia que jamás tuve. –Yo sonrío sin ganas y ella presiona los labios con suavidad contra la curva de mi cuello.
Su cabello me hace cosquillas. Luego pregunta–: ¿Y qué si nos dicen que no podemos estar juntas?
¿Quién dice que tenemos que hacerles caso?
Solo diles que hemos terminado. De todas formas, no tienen pruebas.
Muevo la cabeza para apoyar el mentón sobre su cabello.
–No es tan simple –murmuro–. Si quieren que te vayas, te irás.
Pueden darle tu beca a alguien más. –Ella se tensa entre mis brazos–.
O tal vez a tu mamá le hagan una conveniente oferta laboral en Estados Unidos que no pueda rechazar.
O recibirás un llamado sorpresa de, ay, no sé, Julliard, para ofrecerte que comiences el año con antelación.
–Oye, eso no suena tan mal –bromea Danni.
Yo le hundo un pulgar en la axila y ella se retuerce.
Cuando se recompone, dice–: Vamos a estar bien.
Todavía estamos aprendiendo. No pueden esperar que seamos perfectas desde el inicio; tampoco es que ninguna de nosotras ya haya tenido una relación secreta antes.
Hace una pausa y continúa:
–Bueno, yo no, de todos modos. Y si tú sí, tal vez tengas que darme algunos consejos de la última vez, porque la mantuviste supersecreta .
–Ah… Si te contara sobre mi última novia, tendría que matarte.
–Ese es un modo de acallar los rumores.
Río por la nariz; ella arroja un brazo alrededor de mi torso y me aprieta. Yo me pregunto, de forma ausente, qué hice para merecer a alguien tan perfecta. Sin dudas, nada en esta vida.
O tal vez ese sea el punto. Ella debe ser perfecta para que, cuando la pierda, me duela lo mucho que me merezco.