Nadie en especial Treinta y uno. Danni
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Treinta y uno. Danni

TREINTA Y UNO DANNI

Esa noche, me paso toda la cena nerviosa. Tanto que apenas puedo comer.

–¿Estás segura de que estás bien? –me pregunta Rose, que está sentada a mi lado. Por debajo de la mesa, me da un golpecito en los dedos del pie con los suyos–. ¿Alguien sabe si la falta de apetito es síntoma de traumatismo en la cabeza?

–¿Por qué tendrías un traumatismo? –pregunta Molly desde el otro lado de la mesa mientras rompe su crème brûlée .

–Se cayó cuando estaba patinando y se golpeó la cabeza.

–¿Has ido a la enfermería? –Molly hace una pausa, con la cuchara a mitad de camino hacia la boca.

–No, estoy bien, se los aseguro. Ya no tengo dolor.

–No te ves bien –comenta Eleanor–. Te ves pálida.

–Soy pálida.

–Te llevaré a la enfermería después de comer –decide Rose.

–Tenemos la noche de presentación de artes después de la cena.

–No asistiremos –dice.

Me trago un bocado de crème brûlée con intención, pero eso no la convence.

Una vez que han retirado todos los platos y el director se pone de pie para anunciar los detalles de la presentación de esta noche, Rose me acaricia con la yema del dedo a lo largo del muslo, por debajo de la mesa, y un escalofrío me recorre por donde me rozó y me enciende por completo. Se me nubla la mente.

–Vamos –dice–. Podemos irnos ahora, a nadie le importará. Si no te sientes bien…

–No puedo irme –respondo, con el volumen más bajo que puedo lograr–. Te escribí algo.

–Tú… ¿qué?

El director va al centro del escenario y yo casi me desmayo. Aquí vamos.

–Para la presentación artística de esta noche –dice él–, nos deleitará, con una pieza original en el piano, Danni Blythe.

Para quienes no han tenido todavía el privilegio de conocer a Danni, ella ingresó este año desde Estados Unidos y es uno de los prodigios más destacados que Caroline ha visto en mucho tiempo.

Cualquiera que conozca a Caroline sabrá que ese es el mayor de los elogios.

Por la expresión de Rose, veo cómo va comprendiendo, mientras que nuestras amigas me gritan hurras y me alientan. Harriet se pone de pie, aplaudiendo y saltando emocionada. Y, si yo creí que estaba nerviosa en la cena, no es nada comparado con cómo me siento ahora.

Pero, como dijo Rose, tengo que dar el siguiente paso hacia adelante o me quedaré estancada. Si tengo alguna remota oportunidad de convertirme en solista algún día, tengo que dejar que me vean.

Además…, ya me han visto, ¿verdad? Mi rostro ha aparecido por todas partes: en las redes sociales de Molly, en la prensa sensacionalista y en artículos.

Me han observado, fotografiado y filmado una y otra vez para que me vean en todo el santo país.

Hasta incluso en otros países. Hoy es el ejemplo perfecto de eso.

Esta es solo una pequeñísima pieza para piano (muy sencilla, por cierto) para una sala llena de estudiantes.

Aun así, de algún modo, se siente mil veces más aterrador.

Trajeron el piano al escenario del salón comedor especialmente para esto. De hecho, me sorprende que su presencia no pusiera a Rose en aviso, pero estaba tan ocupada preocupándose por mi cabeza que no notó nada más.

Ya me he sentado en este taburete muchas veces y esta noche no será diferente (a excepción de mi coxis adolorido). Estoy en el salón de baile y no hay nadie más aquí. Las únicas personas que escuchan son las que están cruzando el patio. Estoy a salvo.

Entonces, cruzo miradas con Rose, ella sonríe y casi me creo lo que me estoy diciendo a mí misma.

Comienzo a tocar, con los dedos temblorosos y, para mi sorpresa, no me desmayo del miedo.

Me ayuda que sea una canción fácil, como dije.

Solo algo que compuse hace un par de semanas, cuando ninguna de las canciones de mi repertorio parecía capturar en verdad mis sentimientos.

Esta melodía es toda sobre Rose. Es sobre lo mucho mejor que se siente la euforia después de que has estado viviendo un infierno individual.

Sobre lo hermoso que es besar a alguien por primera vez y lo mucho más hermoso que es besar a esa persona cuando creíste que jamás volverías a hacerlo.

Sobre cómo se siente encontrar a alguien que te convierte en la versión de ti que quieres ser para siempre.

Al principio, iba a ser solo para mis oídos.

Pero luego, cuando estaba intentando pensar qué le iba a regalar a Rose por el día de San Valentín con un presupuesto en cero, se me ocurrió esto.

Tal vez dé vergüenza ajena o tal vez no sea suficiente.

Es obvio que no se puede comparar con un par de patines de cuero nuevos. Pero es todo lo que tengo.

Entonces, me atrevo a mirar al público, solo por un segundo. Pensé que estaría aterrada, pero nadie se está riendo. Nadie.

La encuentro a Rose, que me contempla con una mano sobre la boca. Sé que está sonriendo tanto como le es posible. Y Molly, la única persona en la sala que tiene noción de lo que está ocurriendo en este momento, está observando cómo Rose me sonríe a mí.

Para todos los demás, probablemente solo parezca que Rose está orgullosa de mí por subirme aquí.

Una parte de mí sabe eso, aunque otra no puede creer que nadie más pueda oír esta canción y no conocer todos mis sentimientos más personales.

Siento que estoy en el medio del comedor, gritando a todo pulmón que Rose y yo estamos juntas y que me estoy enamorando de ella mucho más que de nadie a quien haya conocido antes.

Supongo que es lo más cerca que estaré de hacer justo eso.

Estoy tan orgullosa de lo que he hecho, porque la expresión de Rose me dice que a ella no le resulta para nada vergonzoso ni insuficiente. De hecho, jamás la he visto exactamente así.

No estoy segura siquiera de haber visto a alguien mirar a otra persona del modo en que Rose lo está haciendo conmigo ahora.

***

Más tarde esa noche, cuando ya me puse el pijama, llaman a mi puerta. Antes de abrirla, tengo la esperanza de que sea Rose, y cuando la veo del otro lado no puedo evitar sonreír. Eso sucede hasta que noto la forma salvaje en que me mira e hiperventila.

–¿Qué ocurre? –le pregunto, dejándola pasar. Tan pronto como se cierra la puerta, ella se me echa encima para besarme y me lleva hacia la cama. Ya la he besado cientos de veces, pero estos besos parecen más intensos y urgentes. Hambrientos.

Chocamos contra la cama, con tanta fuerza que rebotamos.

Yo me estiro por debajo de Rose y enredo los dedos en sus rizos.

En un segundo, siento todo el peso de su cuerpo sobre el mío y luego se mueve un poco hacia un costado.

Apoya la rodilla en el espacio entre mis piernas y, al principio, creo que es para mantener el equilibrio.

Luego se mueve más arriba y la rodilla hace contacto conmigo y yo me detengo a mitad del beso.

–¿Está…? –Se interrumpe antes de terminar la pregunta, porque yo le respondo al alzar las caderas hacia ella.

Hasta que descubrí esta fricción, no tenía idea de lo mucho que la deseaba.

Me da un alivio instantáneo a la sensación de dolor a la que últimamente me había acostumbrado.

Más que alivio, incluso. Algo mucho mejor que eso.

Intento presionarme más contra ella y Rose responde llevando su peso hacia adelante para encontrarme con más firmeza y, al hacerlo, profundiza el beso y yo emito un sonido que jamás he hecho antes.

Me toma de ambas manos y enreda los dedos entre los míos; las lleva por encima de mi cabeza, sobre el colchón, así que lo único que puedo hacer es arquear la espalda y besarla con más fuerza mientras ella comienza a moverse hacia adelante y atrás.

Cada vez que se aleja de mí, el dolor regresa; más pesado e insistente que la última vez.

Al principio, cada vez que se inclina hacia arriba se vuelve mejor que la última vez.

Pero eventualmente, deja de ser suficiente.

Cuando intenta alejarse, la tomo y la traigo hacia a mí, negando con la cabeza.

Con gusto accede y cierra los ojos, con los labios apenas entreabiertos, mientras yo traigo todo el peso de su cuerpo hacia mí.

–Danni –susurra, soltando una de mis manos–. Quiero…

Cuando entiendo a qué se refiere, es como hundirme en un huracán.

Muchas cosas se vuelven verdaderas de golpe.

Yo también la deseo, tanto, más de lo que jamás he deseado algo, porque su rodilla ya no es suficiente para mitigar el dolor.

Y mis latidos se enloquecen y apenas puedo respirar y apenas puedo pensar .

Pero a la parte de mí que sí puede pensar se le ocurren muchos pensamientos aterradores.

Como, por ejemplo, ¿cómo sabré qué hacer?

Y ¿qué sucede si soy torpe y terrible y eso hace que ya no le guste más?

Y ¿qué sucede si odia lo que vea debajo de mi ropa?

Examina mi expresión y traga en seco.

–No tenemos que hacerlo –susurra, pero no, definitivamente no …

–Quiero. –Exhalo. Ni siquiera completo la oración ni me importa–. Por favor. Pero no lo he hecho antes.

–Yo tampoco –admite, dejando caer la rodilla hacia atrás–. Pero he estado pensando bastante en esto. Mucho.

Presiona su pecho contra el mío y puedo sentir que su corazón está igual de acelerado.

Supongo que, de alguna forma, me había olvidado de que esto es tan nuevo para mí como para ella, pero recordarlo me hace sentir mucho más segura.

Lo suficiente como para dejar de desperdiciar tiempo en preocuparme por eso y deslizar una mano entre las dos.

A diferencia de mí, ella no ha tenido ni un poquito de fricción en todo este tiempo, así que cuando la encuentro por encima de la ropa interior, suelta un jadeo estrangulado que se convierte en una serie de respiraciones rápidas y temblorosas.

Me hace sentir poderosa y deseada y tan caliente que siento que podría desmayarme si esto continúa por mucho tiempo más.

Cuando me desviste, dejo de preocuparme del todo, porque no es posible que me esté viendo del modo en que lo hace y cohibirse. Me recorre con la mirada y con las yemas de los dedos desde las clavículas hasta las caderas al unísono; ladea la cabeza hacia un costado y la sacude, y yo me siento…

–Eres tan estúpidamente hermosa –murmura; y eso es lo último que dice antes de darme, por fin, lo que le pedí.