Nadie en especial Veintinueve. Rose
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Veintinueve. Rose

VEINTINUEVE ROSE

–Quiero contarte algo. Por dos cosas: porque somos amigos y porque esto te afecta a ti.

He venido a encontrarme con Alfie en la Academia Ashford, ya que esta no parecía ser una conversación apropiada para una videollamada.

Aunque a las estudiantes de Bramppath no se las suele recibir por fuera de los eventos de las escuelas hermanas, ser princesa tiene sus beneficios.

Sin embargo, no me permitieron ir más allá de la recepción, así que con Alfie optamos por merodear alrededor de un sitio más privado cerca del portón de hierro forjado frente de los jardines de la oficina.

Hace un frío extremo aquí; ambos nos abrazamos a nuestros torsos a pesar de tener puestos abrigos de invierno gruesos.

–Suena serio –dice él con una sonrisa.

–Alfie, soy lesbiana.

Es directo, pero me preocupa que, si lo demoro por mucho tiempo, jamás llegue a pronunciar las palabras.

Él parpadea por la sorpresa y se quita un mechón de cabello del rostro.

–Ah –dice, con una expresión de evidente desconcierto (la cual había esperado) y, en cierto modo, divertida (la cual no me había esperado).

–Sí –digo–. Así que… Aguarda, ¿por qué lo dijiste de esa manera?

–Bueno, eso explica el beso.

–Dijiste que no fue tan malo .

–Bueno, tampoco fue tan bueno –replica y se ríe entre dientes. El primer amigo con quien, formalmente (y adrede), salgo del clóset y se convierte de inmediato en insultos. Me ofende.

–¡Me besaste dos veces!

–Sí, ¡en caso de que fueran los nervios de la primera vez!

–Okey, bueno, ahora lo sabes. No fueron nervios, fue porque soy lesbiana. Y aunque seas muy guapo y te adore, es físicamente imposible para mí disfrutar besarte.

–“Físicamente imposible disfrutar besarte” es todo lo que un chico quiere oír, Rosie. Deja de halagarme, me sonrojo.

–El punto es que creo que es hora de dejar nuestra relación falsa.

–¿Estás rompiendo el falso noviazgo conmigo?

–Así es.

–¿Precisamente hoy?

Hago una pausa, apenada.

–Espera, ¿qué día es hoy?

Él sonríe.

–Ninguno, solo quería ver tu expresión. Entonces, ¿qué tiene que ver que…? A menos que… –Se ilumina–. ¿Me estás diciendo que estás saliendo con alguien?

Eso es, en efecto, lo que vine a decirle.

Esta mañana, cuando le conté a Danni que terminaría con Alfie y con mi pequeña aventura de manipulación a los medios, además de que le contaría a él que soy lesbiana, le pregunté cuál le gustaría que fuera su rol en lo que vendrá.

Rápidamente y con una sonrisa muy satisfecha en el rostro, me dio su aprobación para que le contara a mi amigo acerca de nosotras.

–Así es. Con Danni. Blythe.

–Conozco a Danni –responde, enarcando una ceja.

–Claro, por supuesto.

–Mírate, toda nerviosa. –Da unos saltitos en el lugar, para entrar en calor–. Jamás te veo nerviosa. ¿Qué dijeron tus padres? Supongo que lo saben.

–Saben que soy lesbiana, pero no saben acerca de Danni y no quiero que lo sepan.

Pone caras bastante extrañas.

–Rosie, estoy confundido. ¿Quieres que esto sea un secreto?

–Sí.

–Sin embargo, ahora mismo tienes la pantalla ideal. Conmigo. Para dar amplia evidencia de que no estás saliendo con Danni. ¿Y quieres… terminar con eso?

Me quedo mirándolo, sorprendida.

–Supuse que tú lo querrías, una vez que te enteraras.

–¿Que eres lesbiana? –pregunta–. ¿Pensaste que yo querría terminar con nuestra relación falsa cuando descubriera que es… extrafalsa ?

Intento ocultar la sonrisa.

–Bueno, no lo sé.

–¡Pensabas que yo estaba haciendo esto con la esperanza de que termináramos juntos!

–No fue por eso.

–Claro que sí . ¡Te dije que no lo hacía por eso! ¿Por qué te cuesta tanto creer que no estoy enamorado de ti?

Ignoro eso.

–Pero ¿qué obtienes?

Alfie se pone serio y responde:

–Ayudarte.

Bueno, tendré que hablar con Danni al respecto, por supuesto. Pero no puedo negar que sería útil para nosotras que Alfie se involucrara. Inconmensurablemente útil.

–Uh –exclama de repente–. Deberíamos hacer algo por el día de San Valentín. Algo bien público. Podemos hacer eso, ¿verdad? Tendremos tiempo para planearlo.

Dudo.

–Ah, es… una buena idea, pero quiero pasar San Valentín con Danni.

–¡Tráela! –dice al instante y yo me río–. Me gustaría conocerla mejor. Si ahora va a estar en tu vida, bien podríamos intentar encontrar algo que nos agrade del otro.

–Cuidado, eso fue casi amistoso.

Alfie levanta un hombro y sonríe en esa dirección.

–No sé a qué te refieres, Rosie, soy la persona más agradable que conoces.

–Tal vez, si solo me quedara una neurona –respondo y él finge estar injuriado–. Además, estoy segura de que eso es exactamente lo que debo hacer. Un evento falso para la prensa con Danni el día de San Valentín.

–Yo estaría allí.

–Sí, pero, de todos modos.

Lo piensa durante unos momentos. Percibo que está decidido con la idea, lo cual significa que será difícil hacer que desista. Y el problema cuando él está convencido con una idea es que, la mayoría de las veces, tarde o temprano encuentra un modo de convencerme a mí también.

–Llevaremos con nosotros a un amigo mío –dice–. Citas falsas para todos.

Yo me echo a reír y pongo los ojos en blanco.

–Vamos –exclama–. Es una buena idea.

–Mm. Tal vez.

–Rosie.

– Tal vez .

***

Alfie gana.

Danni está emocionada con el plan de pasar San Valentín juntas en público.

Menos emocionada ante la idea de que Alfie venga con nosotras y mucho menos con la promesa de su amigo.

Pero sí está de acuerdo con que es una jugada inteligente.

Y cuando descubre que tiene el permiso de faltar a clases ese día para participar de un asunto importante en el palacio, se ablanda mucho más.

Paso a buscarla por su habitación con un paquete grande envuelto en papel dorado.

Ella abre la puerta con su parka color verde militar.

La que estaba usando en el partido de rugby, cuando pudimos conocernos mejor, y la noche en que nos besamos en el bosque.

Hay tantos momentos maravillosos atados a ese abrigo, que verlo me hace resplandecer.

Danni nota el regalo de inmediato y se ve nerviosa.

–Okey, no acordamos esto, porque es un tema incómodo, pero yo no tengo mucho dinero. Para nada. Así que, cuando se trata de presentes…

–Yo no espero nada –replico.

–Bueno, no deberías no esperar nada , porque sí tengo algo para ti. Pero no va a ser algo ostentoso. No me compraste algo ostentoso, ¿o sí?

Bajo la mirada hacia la caja que tengo en las manos y vuelvo a levantarla, culposa.

–Define ostentoso .

–Grandioso –exclama, poniendo los ojos en blanco, pero al menos sonríe.

–No es un coche ni nada de eso –advierto mientras la sigo adentro de la habitación.

–Bueno, ¡gracias al cielo! Gracias al cielo que no me regalaste un coche para San Valentín.

–Sabes, si te hubiera comprado un coche, me estarías haciendo sentir bastante mal en este momento.

–No tan mal como me sentiría yo, te lo aseguro. Un día no muy lejano, vamos a tener una conversación acerca de lo que implica dar obsequios cuando ambas pertenecemos a distintos tramos fiscales… Aguarda, ¿siquiera pagas impuestos?

Abro la boca para responder, pero ella continúa hablando sin parar.

–No tiene importancia, saberlo solo me alterará. Hoy me va a encantar lo que sea que me hayas obsequiado, porque estoy segura de que es muy bonito y pensaste bien en qué regalarme. Y no voy a sentirme para nada extraña por el hecho de que no pude comprarte nada.

–Excelente plan –exclamo, entregándole el obsequio–. Aunque ahora siento que estoy generando expectativas muy altas. No te compré nada que sea como regalar un coche.

O si vamos al caso, un reloj Vacheron Constantin.

–Mucho mejor.

–Todavía no me gustas tanto como para eso –agrego. Ella se sienta en la cama, con el obsequio sobre el regazo y me lanza una mirada fulminante. Entonces, la insto–: Ábrelo.

Cuando lo hace, deja ver el par de patines de hielo de cuero por los que pasé horas agonizando durante la semana pasada. Ahora que los veo, me agradan mucho más de lo que recordaba. Más que los míos.

–Pensé que hoy serían útiles. Además, me encantaría darte otra clase individual. Si quieres.

Extrae uno y lo voltea en las manos.

–Ahora son oficialmente los objetos más bonitos que poseo –dice, lo cual creo que es un cumplido–. ¿Crees que pueda quitarles las cuchillas y usarlos como zapatos?

–Creo que te costaría –respondo con seriedad y ella levanta la mirada, sonriéndome.

–Me encantan. Gracias.

–Me alegro. Entonces, ¿sin rarezas?

–Ah, lo haré como tú –dice a la ligera, apretando la lengüeta de la bota. Es afelpada. Mucho más cómodos que los que hay en la escuela.

–¿A qué te refieres?

–Me la guardaré hasta que ya no pueda sentirla.

Me ahogo con mi propia risa y ella guarda los patines en la caja.

–Tu regalo viene después. Vamos –exclama, poniéndose de pie y extendiendo una mano hacia mí. Dejo que me levante y luego nos soltamos. Ahora, ya no podremos volver a tomarnos de la mano hasta la noche.

Pero, al menos, podré pasar el día con ella. Aunque sea tengo eso.