Veintidós. Danni
VEINTIDÓS DANNI
A la mañana siguiente, me despierto después de haber dormido cuatro horas, lista para enfrentar de cabeza el desafío de piano. Entonces descubro un chupetón gigante de color magenta en mi cuello.
Le tomo una fotografía y se la envío a Rose, junto con el mensaje:
Buen día. Te odio, mierda.
Intento ponerme corrector, pero es extremadamente obvio, sin importar cuántas capas le ponga encima. Ignoro los mensajes de Rose pidiéndome disculpas (no hay tiempo) mientras lo limpio y vuelvo a intentar. Entonces, demasiado pronto, Molly llama a la puerta para ir a desayunar.
–Oye, me quedé dormida –grito–. Te veré allí, ¿okey?
–Ah –dice del otro lado de la puerta. Es probable que se esté preguntando por qué no la abro. Por desgracia, estoy demasiado cansada para inventar una explicación convincente. Un segundo después, pregunta–: ¿Necesitas ayuda?
–¡Nop! Estaré allí en un segundo. Guárdame un asiento.
Al final, busco un videotutorial para aplicar corrector.
Queda mejor, pero todavía se ve bastante obvio.
Y entonces me doy cuenta de que, de cualquier forma, ya es demasiado tarde.
No puedo entrar a desayunar sin que me reciba un coro de zapateo y hoy, de todos los días, prefiero quedar hambrienta a que pase eso.
Unos minutos después, llaman a la puerta.
Jamás me he salteado el desayuno, así que mi primer pensamiento es que han enviado a alguien para ver cómo estoy, para asegurarse de que no estoy en cama sin poder caminar o algo así.
Me levanto el cuello de la camisa para cubrirme la piel (algo que no me permitirían hacer en clase, pero para estar en mi propia habitación está bien) y voy a la puerta, donde me encuentro a Rose del otro lado.
–Me imaginé que necesitabas apoyo cuando no te vi en la fila del desayuno –explica. En las manos tiene un pote pequeño y un pincel–. Tengo maquillaje escénico. Esto debería funcionar.
En realidad, lo que tiene es una crema milagrosa.
Me sienta en la silla del escritorio y, en menos de un minuto, consigue que deje de verme como si hubiera tenido un altercado con un vampiro sin dientes, a parecer como si tuviera una erupción muy leve en el cuello, en el peor de los casos. Y eso, solo si se lo mira con atención.
–Lamento que hayas tenido que perderte del desayuno –digo mientras ella trabaja ocupada.
–Creo que podemos decir, con toda seguridad, que es mi culpa en esta ocasión –replica con suavidad.
Cuando queda satisfecha con la obra, asiente y se apresura a lanzarse hacia adelante para besarme el otro lado del cuello.
– Rose . –Me echo a reír, doblando la cabeza hacia el hombro–. No necesito dos .
–Lo siento. Es imposible pasar tanto tiempo tocándote el cuello sin besarlo –dice, pero no parece lamentarlo–. No soy tan fuerte.
–Puedes besarme. –Sonrío–. Solo deja a mi cuello afuera de esto.
No tengo que pedírselo dos veces.
***
–Te ves fatal. –Molly me saluda alegremente cuando me encuentra afuera del aula media hora después. Rose no está (decidió regresar a su habitación y venir a clase más tarde, así no despertamos sospechas)–. ¿Aunque sea te cepillaste el cabello esta mañana?
Lo hice. Pero no después del paso de Rose. Digamos que perdimos la noción del tiempo. Se me encienden las mejillas y uso las palmas de las manos para aplastarme el cabello con furia. Mientras tanto, Molly extrae una banana.
–Esto fue lo mejor que pude conseguir –dice–. Intenté traerte tostadas, pero me obligaron a comerlas antes de salir del comedor.
La acepto agradecida.
–Gracias. En realidad, tengo otro favor que pedirte.
–¿Otro? ¿Después de que acabo de contrabandear una banana?
Nos movemos por el corredor para poder seguir conversando. Una vez que entramos al aula, se supone que debemos permanecer en silencio detrás del escritorio, pero los corredores son tierra de nadie.
–Lo sé, estoy tentando a la suerte –bromeo. Busco el video que me envió Rose anoche y se lo reenvío a Molly–. Bueno, sé que es un poco extraño, pero me preguntaba si podrías… publicar esto. Sé que no es algo de una marca ni nada por el estilo, pero…
–Claro –dice–. Por supuesto.
Se lleva el teléfono a la oreja para escuchar. Detrás de ella, Rose y Eleanor entran al aula. Rose me mira y me sostiene la mirada durante un segundo demasiado largo y siento una precipitación tan intensa en el estómago que casi me olvido de cómo respirar.
–Es que tengo una nueva meta –le explico, obligándome a regresar la atención a Molly–, acostumbrarme a que me vean.
Ella me mira con una expresión divertida.
–Bueno, conozco muchas personas que estarían felices de verte –dice mientras guarda el teléfono–. ¿Rose lo filmó?
–¿Cómo lo supiste? –pregunto, antes de recordar el final del video, donde Rose dice que estuve grandiosa–. Ah, cierto. Su voz.
Maldición. Aunque Molly jamás me pidió que ignorara a Rose ni nada de eso, siento como si me hubiera atrapado traicionándola de algún modo. Respiro hondo y me pregunto si ella se siente de la misma manera.
Pero solo se ve un poco triste.
–¿Cómo está Rose? –pregunta–. ¿Está bien?
–Ah, em, sí… Está bien.
Me mira como si fuera a preguntar algo más, pero luego se encoge de hombros.
–Lo publicaré después de la clase. Te contaré qué sucede.
***
Y eso hace. Al final de la tercera hora, me deja revisar los comentarios mientras caminamos. Es reciente, así que solo hay algunos, pero todos son muy bonitos. La mayoría me hace cumplidos por cómo toco. Además, una persona señala que quien filmó es la mismísima princesa Rosemary.
En Educación Física, me envía varias capturas de pantalla similares en contenido.
Los comentarios están salpicados por alguien que dice que soy bonita, lo cual no debería hacerme sentir así de resplandeciente, pero supongo que estoy obsesionada con recibir validación de extraños.
Por mucho que admire a las personas que no necesitan de comentarios externos para sentirse bien consigo mismas, yo no lo puedo entender.
Mientras la profesora está distraída, le escribo un mensaje a Molly para preguntarle si ya recibió alguna crítica horrible, pero ella insiste en que no.
Finalmente, después de clase, me tomo unos minutos a solas en mi cuarto para leer todos los comentarios.
Lo han visto una cantidad desmesurada de veces.
Conozco el internet, para este momento debería haber al menos alguien que critique el hecho de que aceleré el tempo original de la canción, o mi cabello, o mi postura.
Pero si los ha habido, Molly los ha estado eliminando.
Si ese es el caso, supongo que preferiría no saberlo.
He sido vista oficialmente y, hasta ahora, estoy sobreviviendo. ¡Quién me viera!
Y recién ahora noto la descripción de Molly:
Mi mejor amiga es más talentosa que la tuya.
Con un suspiro de felicidad, me llevo las rodillas al pecho y cierro la tapa de la computadora.