Veinte. Danni #3
Nos quedamos en silencio durante una eternidad, sin que ningún otro sonido llene el aire más que nuestra propia respiración. De pronto, soy híperconsciente de la sensación de su piel contra la mía, del aroma suave de su perfume.
–¿Danni? –dice–. Sé que vio las fotografías.
Mi cerebro debe haberse quedado atrás, porque estoy confundida.
–¿Quién?
–La persona por la que siento cosas. Sé que vio las fotografías de Alfie y yo.
No tengo permitido leer esto entre líneas. Me lo prometí a mí misma. Ella dijo específicamente “chico”, lo cual significa que esto no va a ninguna parte. ¿Por qué se me acelera el corazón de esta manera? Deja de acelerarte .
Cierro los ojos y me obligo a respirar.
–¿Cómo lo sabes?
Se toma un siglo en responder. Lo suficiente como para hacerme creer que no va a hacerlo. Lo suficiente como para que, cuando su voz corta por fin la densidad del silencio, me sorprende oírla.
–Comencé a decirlo, pero luego entré en pánico y mentí. Y ahora voy a decir la verdad, y si odias saber la verdad, ¿podemos fingir, por favor, que continué con mi mentira?
No le respondo, porque no hay modo en que pueda pronunciar una sola palabra en este momento. No estoy segura de recordar siquiera cómo hacerlo.
–Sé que vio las fotografías, porque me felicitó por eso hace como diez minutos.
Intento seguir respirando, pero todo se detiene, y lo único que puedo hacer es quedarme boquiabierta mientras mis entrañas colapsan y mi mundo entero implosiona.
No es posible que dijera lo que acaba de decir.
Oí mal. Lo estoy malinterpretando. No sé cómo, pero así debe de ser.
En cualquier momento va a continuar y va a quedar claro que me estaba imaginando cosas, como siempre lo hago.
Pero, lo juro por mi vida, no puedo pensar en a qué otra cosa pudo haberse referido.
Así que dejo que mi corazón se acelere. Me las arreglo para llenar los pulmones de aire helado, dejo que se me nuble la mente y que mi cabeza por fin gire para mirarla. Y Rose también me está mirando.
Una parte de mí quiere dar un paso hacia atrás. Un nudo se me atasca en la garganta. Lo único que espero es que se eche a reír, o peor, que me pregunte qué estoy mirando.
Pero no lo hace. Solo me observa entre la penumbra, con sus ojos verdes. Se le arruga la frente y yo me doy cuenta de que necesito decir algo. Lo que sea. Porque si ella acaba de decir lo que creo que acaba de decir, entonces…
–Dije que era grandioso –murmuro–. Alfie y tú. Pero lo que quería decir realmente era que es lo peor que jamás he visto.
Rose da un paso frente a mí, tomando mi cabeza con ambas manos y, cuando levanto el mentón y abro los labios a modo de respuesta, ella me empuja hacia sí con fuerza para que la bese.
Cuando nuestros labios se unen, ella suelta un leve sonido ahogado.
Algo parecido al asombro y al alivio juntos.
Y deseo. Sus dedos recorren mis mejillas hasta llegar a mi cuello y su pecho se une al mío.
En la oscuridad, bajo el refugio del bosque, presiono mi cuerpo contra el de ella con una desesperación que no sabía que podía sentir.
De repente, ella se aparta de mí y da un paso hacia atrás. Yo jadeo por la sorpresa y la adrenalina y me inclino hacia adelante para apoyar las manos en las rodillas. Mientras tanto, Rose se lleva las yemas de los dedos a la boca y deja la mirada perdida en la distancia.
–¿Qué estamos haciendo? –exclama.
Buena pregunta , pienso, intentando concentrarme. Me besó. Rose me besó. Y estoy despierta.
Rose me besó y ahora camina de un lado a otro.
–¿Qué estamos haciendo ? –vuelve a preguntar–. Ay, Dios mío. Siento tanto haber hecho eso. Ay, Dios mío .
La observo ir de aquí para allá, parpadeando, mientras yo me vuelvo a recostar contra el árbol.
Rose me besó, Rose, Rose , ella…
Se detiene de golpe y abre la boca. Luego parece pensarlo mejor, porque levanta las manos en el aire. Creo que es mi turno de decir algo.
–¿Estás bien? –pregunto, más que nada porque es evidente que no lo está.
–Sí. No. ¿Quizá? –Une las manos frente a ella y luce como si estuviera rezando–. ¿Qué deberíamos hacer? ¿Deberíamos regresar? Tal vez deberíamos regresar.
¿Se refiere a la escuela? ¿O a regresar en el tiempo?
–¿Quieres regresar? –pregunto.
Se abraza a sí misma y clava los dedos con mucha fuerza en las mangas del abrigo.
–Em…, em…, ¿no? No.
Luce como si sus pensamientos estuvieran hechos un remolino. Pero en cuanto a mí, el mundo es nítido, claro y simple.
–Yo tampoco –digo. Ella por fin me mira a los ojos. Y veo todo en ellos. Todo.
Se aproxima a mí con una mirada feroz y yo la miro fijo, con firmeza y total seguridad.
Primero apoya la frente contra la mía; su respiración tiembla.
Creo que está esperando que me aparte o que le diga que es una mala idea.
No hago ninguna de esas cosas. Solo espero a que ella descubra qué hacer después.
Cada segundo que pasa así me tensiona más y más el estómago, hasta sentir que podría morir si no vuelvo a sentirla otra vez.
Entonces, por fin, exhala y presiona los labios contra los míos.
Y yo quedo perdida.