Diecisiete. Danni
DIECISIETE DANNI
Me paso la mayor parte de la noche mirando las fotografías de Rose y Alfie.
En verdad parece estar enamorada. Estoy tan feliz por ella. Estoy tan malditamente feliz por ella que tengo que morderme el puño con mucha fuerza para evitar derramar lágrimas de felicidad.
Una vez que me aseguro de haber leído cada artículo que se publicó hoy, donde se menciona el beso entre Rose y Alfie –lo cual es superdivertido para mí, en especial cuando se trata de notas que incluyen fotografías de cuando los dos eran pequeños, para señalar que básicamente son almas gemelas y que el país entero esperaba que un día terminaran juntos–, intento consolarme con un episodio nuevo de la serie de médicos con la que estoy obsesionada.
Cuando incluso eso no funciona –lo que es un poco loco, dado que en el último episodio mi personaje favorito terminó en un accidente de automóvil–, decido que es hora de practicar un poco con el piano.
Así que tomo mis cosas, me encamino hacia el salón de baile, levanto la tapa del piano y comienzo a golpear las manos sobre las teclas.
El salón se llena con un estallido de notas disonantes.
Estoy TAN. EMOCIONADA. MALDITA. SEA.
Una parte de mí espera que Caroline entre hecha una furia al salón para regañarme por maltratar al piano.
Pero nadie lo hace. Estoy completamente sola.
Tan completamente sola, carajo, que toco lo primero que se me viene a la mente.
Es una canción de consuelo, una que aprendí cuando tenía quince, después de mi primera –y única– gran ruptura con mi novio de tres meses, Matt.
Él me dejó, si acaso importa. Me dijo que se había vuelto cercano a una chica que había conocido en el autobús, pero claro que no me había engañado, así que yo no tenía que preocuparme.
Con engaño, sin engaño, como sea…, aun así sufrí y me hizo sentir fea, poco interesante y desesperada.
De todos modos, ese día aprendí esta canción de memoria. No es la más triste que conozco, ni la más lenta, pero tiene una letra hermosa. Compara la muerte del amor con recostarse en medio de un jardín de rosas, hasta que los tallos te cubren y… Como sea, tocarla siempre me hace sentir mejor.
Hoy, tocarla no parece estar ayudándome demasiado. Así que vuelvo a comenzar desde el inicio y espero a que el sentimiento se desvanezca.
No puedes no notar cuándo alguien entra al salón de baile porque la puerta es enorme y pesada y, al cerrarse, el salón tiembla, como sucede ahora. Me detengo en medio de un acorde y me volteo a ver a Molly, que está cruzando la sala.
–¿Has estado llorando? –me pregunta, mirándome a los ojos.
Sonrío como una maniática.
–No…, es alergia al polen.
–Ah, claro. –Se detiene junto al piano y me mira–. ¿Vas a venir a cenar?
¿Cómo es que ya es hora de la cena? ¿Acaso he estado tocando la misma canción una y otra vez durante media hora? Qué extraño.
–Em, no tengo mucha hambre.
Ella no se mueve aún. Es domingo y las comidas son más casuales los fines de semana. No hay que vestirse con las túnicas negras, hacer fila en la puerta ni rezar en latín. Es solo una hora en la que puedes aparecer con la ropa que quieras y tomar comida.
–Es una linda canción –dice Molly, dándole unos golpecitos al piano, como si hubiera hecho algo bien.
–Gracias. Me gusta mucho.
–Me di cuenta –señala con una risa. Recuerdo que el salón de baile no está hecho precisamente a prueba de sonido, lo cual significa que es probable que cualquiera que pasó por el patio oyó tocar mi interpretación de media hora de Rosas y él. El día se pone cada vez mejor.
–¿Viste las noticias? –pregunto de manera muy casual.
–Así es. En lo personal, no me parece que necesitemos otro estadio, pero oí que algún día no muy lejano esperan ser anfitriones de los Juegos Olímpicos.
La miro sin expresión. Ella se queda observándome y luego finge darse cuenta de qué estaba hablando.
–Ah, te refieres a Rose y Alfie.
De algún modo logro evitar poner los ojos en blanco. Solo porque estoy de un humor de mierda no significa que tenga que agarrármelas con ella.
–Sí, Molly, me refería a eso.
–Sí, lo vi…
–¿Te sorprende? Quiero decir, no sabía que siquiera fuera algo. Aunque hay tanto sobre lo que no estoy enterada, así que supongo que tal vez no lo noté.
Ella apoya un codo sobre el piano y echa la cabeza hacia atrás.
–Em, supongo que sabía que algún día ocurriría. Alfie ha gustado de ella durante años.
–Sí…, claro –exclamo, como si estas no fueran noticias para mí–. Pero no lo sé, Rose jamás habló así de él. Al menos, no conmigo.
Molly inspira profundo, lento. Me recuerda a mamá cuando estoy en graves problemas e intenta calmarse antes de arrancarme la cabeza.
–Mira –dice–. Por favor, no te ofendas. Te prometo que no estoy enfadada contigo. Pero, realmente, no me interesa la vida amorosa de Rose y no quiero hablar de eso, si te parece bien.
–Oh, desde luego, claro que sí. Lo entiendo.
–En realidad… –Se interrumpe a sí misma, como si hubiera pensado mejor qué iba a decir.
Luego me mira con decisión–. He estado pensado que me vendría bien un poco de distancia de Rose.
No sabía cómo decírtelo de una manera que no sonara como si quisiera que escojas entre ella y yo, porque no es eso.
Solo creo que me gustaría pasar menos tiempo con ella si es posible.
Supongo que no me sorprende oírlo. En todo caso, me había dado cuenta de que alguna de las dos iba a tener que ceder eventualmente, de un modo u otro.
¿Por cuánto tiempo puedes ignorar a una persona si compartes todas las comidas con ella, pasas tiempo después de clase con el mismo grupo que ella?
Pero jamás he visto a Molly estar con alguien más por fuera de nuestro grupo.
Al parecer, ser famosa en internet no se traduce en tener cientos de amigos en la vida real.
Y si su intención no es que repudiemos a Rose o que escojamos bandos, ¿en qué lugar la deja a ella?
¿Tendrá que sentarse sola y transmitirá en vivo su almuerzo?
La idea hace que se me retuerza el estómago. Después de todo lo que Molly hizo por mí cuando comencé aquí. Ella es la razón por la que jamás pasé un solo segundo sola en las comidas ni en clase. No puedo tolerar la idea de que eso le suceda a ella.
Vuelvo a pensar en Rose. En el partido de rugby. En el palacio. Nuestros intercambios de mensajes, cómo pasaron de ser semanales a diarios.
Pero no me ha escrito desde esta mañana. Me dejó en visto. Para ir a besarse con Alfie.
Por más que no quiera perderla a ella ni a Eleanor como amigas, no puedo evitar sentir que un poco de distancia de Rose puede que sea bueno para mí también.
Tal vez, si me tomo más tiempo para pasar con Molly durante unas semanas, eso le dará a ella la oportunidad para calmarse y yo podré deshacerme de este enamoramiento estúpido.
Sé por experiencias pasadas que no es fácil suprimir los sentimientos si pasas tiempo con esa persona todos los días.
Y lo último que necesito es estar languideciendo por una chica comprometida durante el próximo año.
Hay que cortar desde la raíz, ¿cierto?
–Si quieres que solo seamos tú y yo durante un tiempo, por mí está bien –digo.
Molly luce como si fuera a besarme. Ella también, no. En verdad lo estoy viendo por todas partes
–¿En serio?
–Claro. Dijiste que no querías que yo escogiera un bando, ¿no es así? Quiero decir, ¿no es que esto sea una declaración de guerra o algo por el estilo?
–No –responde con firmeza–. Claro que no. Tú eres libre de hacer lo que quieras. Si quieres hablar con Rose o pasar el rato con ella, hazlo. Pero yo no seré parte durante un tiempo. Y me gustaría… Honestamente me gustaría poder continuar haciendo cosas solo contigo si estás de acuerdo.
Cuanto más lo pienso, más me convenzo de que es la mejor idea que he oído en mucho tiempo.
–Por supuesto –exclamo–. Hagámoslo. Cuenta conmigo.
Molly aplaude. Esta situación debió haber estado consumiéndola.
Debió haber esperado que le dijera que la echaría de menos y que le desearía buena suerte.
Y creo que puedo entenderlo. Si me hubiera preguntado esto hace dos días, no sé si habría podido ofrecerle abandonar al grupo juntas así de rápido.
Pero eso fue hace dos días y esto es ahora.
–¿Estás segura de que no quieres comer nada? –me pregunta. Me alegra que lo haya hecho otra vez, porque hace un par de minutos comenzó a rugirme el estómago. Tal vez, todo lo que necesitaba era distraerme de las noticias del día.
–Bien, iré –exclamo, cerrando el piano. Atravesamos el salón de baile juntas y luego salimos hacia la noche helada. En el camino, pregunto–: ¿Y qué hay de Eleanor?
–¿Qué cosa?
–¿Necesitas tomar distancia de ella? ¿O puede estar con nosotras?
Molly se echa a reír, pero es una risa amarga.
–Puede estar con nosotras. Pero no lo hará.
–¿No?
–Se quedará con Rose sin importar qué suceda.
–¿En serio? –pregunto–. Pensé que era amiga de las dos.
–Lo es. Pero las cosas son diferentes entre ella y Rose.
–¿Cómo? –pregunto mientras entramos al patio y pasamos junto a la fuente. El agua helada nos rocía y me limpio la mejilla.
Ella ralentiza el paso antes de que entremos al salón comedor. Está claro que no quiere decir lo que sea que esté a punto de decir mientras esté rodeada de decenas de estudiantes.
–Rose y Eleanor eran amigas en preescolar, pero Rose y yo fuimos a una escuela primaria distinta a la que fue ella.
Vino a Bramppath con nosotras, pero no teníamos nada que ver con ella.
Luego, en tercer año, su madre engaño a su padre con el de Millicent Roper y todo el mundo se enteró; así que toda la clase excluyó a Eleanor.
Entonces, Rose mandó a todas al demonio.
Estaban demasiado asustadas de sacar su peor costado por ser unas imbéciles con Eleanor, por lo que todo volvió a la normalidad. Y así fue cómo llegamos a conocerla.
Pienso en Rose y en lo que me dijo, que no es una buena persona. No seré psicóloga, pero en mi opinión parece ser una persona bastante buena. A mí me suena como que ella es la Rachel de Eleanor; y Rachel es una de las mejores personas que conozco.
Alfie tiene mucha suerte.
Al entrar al comedor, me da la extraña sensación de que llamamos la atención.
Como si todo el mundo estuviera mirándonos, aunque sé que en realidad nadie ha notado que entramos.
Rose ha regresado de besarse con Alfie y está sentada con Eleanor, Florence y Harriet en nuestra mesa.
Al principio, ninguna nota ni a Molly ni a mí.
No hasta que tomamos nuestra comida y nos sentamos juntas en el lado vacío de una mesa que está en la otra punta del comedor.
Molly se sienta frente a mí, dándoles la espalda a ellas, lo cual significa que no puedo evitar notar cuando Rose nos ve.
No puedo evitar ver el dolor que le atraviesa el rostro y la confusión en sus ojos cuando intercambiamos miradas.
No puedo evitar observar cuando les cuenta a las chicas sobre nosotras y todas estiran los cuellos para corroborarlo por sí mismas.
La expresión de Rose me apuñala el pecho y la culpa se esparce como tinta hasta mi estómago. Por más que hoy haya sido un día horrible para mí, no quería lastimarla a ella. En especial, porque no fue su intención lastimarme. Es probable que ni siquiera tenga idea de que lo hizo.
Se lo explicaré tan pronto como termine la cena, para que no piense que estoy molesta con ella ni nada por el estilo.
Pero bueno, si aun así se enfada, de seguro Alfie estará allí para consolarla.