Nueve. Danni #2
Justo en el medio de la tribuna hay dos filas con una buena parte de espacio libre.
Al principio, creo que debe de haber algo malo en ese lugar, pero cuando comenzamos a subir, unos estudiantes que ya están sentados nos dejan pasar para llegar al área vacía y me doy cuenta que está reservada para nosotras.
Florence y Harriet ya están sentadas allí junto con un grupo de chicos de Ashford.
–¿Cuál es Santi? –le pregunto a Eleanor mientras todavía estamos lo suficientemente apartadas como para que sea una conversación privada.
–Ah, es el de allí –responde apuntando hacia la base de la tribuna.
–¿Vas a acercarte a hablarle?
–No. Voy a mirarle el cabello –dice con una sonrisa radiante–. Toda una tarde mirando su cabello. Pellízcame.
No lo hago.
Entre Alfie (otra de las personas que conocí por un segundo en la fiesta de Molly) y Harriet hay un espacio vacío.
Ella nota mi presencia, se endereza y sacude el brazo para captar mi atención.
Sospechaba que en verdad solo estaba siendo amable conmigo porque es mi A.
R., pero tal vez, después de todo, me considera su amiga.
Señala el espacio, pero en ese momento exacto Alfie hace señas a Rose y apunta hacia el mismo lugar.
Estoy a punto de decirle a la princesa que ella puede quedarse allí (supongo que le debo una) cuando Alfie se mueve a un costado y, de pronto, se hace el espacio suficiente para que ambas nos sentemos una al lado de la otra.
La banca está salpicada de lluvia y Harriet usa la mano para limpiarla un poco para mí.
–¿Se cayó alguien? –me pregunta ella mientras tomo asiento–. Así fue como sonó.
–Rupert Mathers –Rose responde por mí, frunciendo el ceño–. Prácticamente nos tumbó a nosotras también con su caída.
Ahora se voltea hacia Alfie y los dos se ponen a hablar en voz tan baja que al principio no puedo escuchar con disimulo. Entonces, Alfie dice, con un volumen suficientemente alto como para que pueda entender:
–Lo siento, creo que estoy de mal humor. Es extraño estar aquí sin él , ¿no?
Él. ¿Oscar? Supongo que hoy habría estado con los chicos de Ashford si aún estuviera vivo. Es probable que en este mismo grupo.
Rose aprieta tanto los labios que casi desaparecen. Luego inhala con fuerza y yo me concentro a la espera de poder escuchar lo que tiene que decir sobre Oscar.
–No puedo imaginarme por qué alguien se uniría al equipo de rugby, sabiendo que las prácticas comienzan durante las vacaciones –dice–. No sé por qué no pueden comenzar la temporada un poco más tarde.
Es una respuesta tan insólita para darle a alguien que obviamente está buscando una conexión, que casi me pregunto si he oído mal o si es un código secreto. Pero no, no lo creo, porque Alfie la mira con decepción.
–Sí… Es pedirle mucho al equipo –dice él por fin y ese es el final del tema.
Me pregunto si esto es a lo que se refería Molly. Si Alfie echa de menos a Oscar, ella también. ¿Habrá algo que pueda hacer para ayudarla? La miro, pero está absorta por completo hablándole a la cámara. Tal vez sea la distracción que necesita en este momento.
Cuando comienza el juego, me concentro en mirar durante los primeros diez minutos. Al menos, hasta darme cuenta de que no tengo la más pálida idea de qué está ocurriendo. No parece haber ninguna regla, excepto que todos atacan al chico que tiene la pelota antes de que pueda hacer más de dos pasos.
–¿Entiendes cómo es el juego? –me pregunta Harriet, como si me hubiera leído la mente. Yo me sobresalto y niego con la cabeza–. Okey, bueno, es simple. Hay cuatro formas diferentes en que se pueden anotar puntos y todas valen distintas cantidades. Primero, está lo que se llama try …
Resulta que lo menos divertido de mirar un partido que no entiendo es mirar un partido que no entiendo mientras alguien me recita sin parar el libro de reglas entero.
Pero no soy tan cruel como para implorarle a Harriet que no siga (en especial, después de que se tomara la molestia de ser amable conmigo), así que dejo que continúe con su monólogo y asiento de cuando en cuando mientras, en silencio, deseo que el tiempo pase rápido.
Salgo de la hipnosis de golpe cuando creo que anotan el primer punto, aunque desconozco de cuál de los cuatro tipos fue. Todo lo que sé es que la multitud estalla en vítores y todos se ponen a pisar fuerte, con tanto entusiasmo que los asientos vibran.
–¡Eso, Oliver! –exclama Molly detrás de mí, que ha comenzado a transmitir en vivo otra vez y agita el teléfono–. ¡Siempre estás para ayudarnos!
Todo el mundo está de pie y se ha puesto a cantar (es una especie de cántico de animadoras sobre el equipo contrario “punteando los puntos”, que jamás he oído). Me levanto para unirme a ellos, pero me siento demasiado fuera de lugar tanto parada como sentada.
A mi izquierda, Harriet vocifera el canto fuerte y claro mientras me mira; entiendo que es su modo de enseñarme la letra.
A mi derecha, Rose está en silencio. Cuando se da cuenta de que la estoy observando, levanta la banderita verde y dorada que le dio Alfie cuando nos sentamos y apenas la sacude, haciendo su mejor esfuerzo por parecer lo menos entusiasmada posible.
No puedo evitar soltar una risita y ella comienza a levantar las comisuras de los labios sin quererlo.
Es la primera vez que puedo recordar en la que me ha mirado como si estuviéramos al mismo nivel.
No se está burlando de mí, no está siendo condescendiente conmigo ni me está desafiando.
Genera algo en su rostro: su belleza pasa de ser intimidante a accesible en un instante.
En realidad, me atrevería a decir que esa sonrisa en particular es adorable.
Tanto que me da un sorpresivo vuelco en el estómago.
–¿No estás entretenida? –me pregunta cuando volvemos a sentarnos.
–Me caigo de la emoción –respondo en susurros.
–Bueno, no querría tener que levantarte. Otra vez.
Okey, conque volvimos a las bromas. Aun así, conseguí que Rose mostrara su lado humano. Es un logro y así lo voy a tomar.
Media hora después, en verdad estoy casi deseando que estuviéramos en clase.
Harriet ha dejado de explicarme el juego y está demasiado ruidoso para tener una conversación normal.
Molly todavía está hablándole a la cámara, Alfie tiene la mirada fija en el partido y Eleanor le está hablando a un chico que no parece ser del cual está flechada.
En cuanto a Rose, está de un malhumor absoluto.
Prácticamente fulmina con la mirada a los jugadores, con la mandíbula apretada y empuñando con fuerza la banderita que sostiene.
¿Qué es lo que la tiene de este humor de mierda?
¿Estará tan aburrida como yo o será más profundo que eso?
No es mi intención quedarme mirándola, pero supongo que eso es justo lo que estoy haciendo, lo cual hace que sea un poco humillante cuando Rose gira la cabeza de golpe y me descubre concentrada en ella. Es demasiado tarde para mí fingir que estaba mirando otra cosa, así que intercambiamos miradas.
–Danni –susurra con una voz extraña, lo suficientemente alto para que pueda oírla.
Dios, me va a regañar por mirarla, ¿verdad? ¿Puedo inventar una buena excusa a tiempo? ¿Y si le digo que tenía un insecto en el cabello, o que estaba a punto de preguntarle algo, o…?
–¿Quieres ir a caminar conmigo? –pregunta.
Ah.
Esa es una de las últimas cosas que esperaba que dijera. Ya estoy nerviosa otra vez. Pero, aunque me haya dejado desconcertada, también estoy tremendamente aburrida y tengo mucha curiosidad por saber qué demonios quiere de mí. Así que me deshago de mi ansiedad lo mejor que puedo y asiento.
Y Rose sonríe.