¿Qué es más probable…?
ADRIÁN
Hace dos semanas que Naiara me propuso un periodo de prueba de un mes para saber si somos compatibles para vivir juntos. Si estamos en la misma página al cumplir el mes de convivencia, se instalará de manera oficial.
Hemos quedado con todo el grupo en la cafetería. Idea propuesta por mí, no puedo dejar que Fidel y Luis sigan tirando del carro de nuestra amistad solos. Por el camino, decidimos jugar a nuestro pasatiempo favorito.
—¿Qué es más probable: que me eches la bronca por dejar el espejo del baño lleno de salpicaduras, o por no reponer el papel higiénico?
—Por el espejo. ¿Qué te cuesta limpiarlo? —responde en una dulce queja.
—Intentaré limpiarlo, cuando me acuerde.
Beso el dorso de su mano, que está entrelazada con la mía, pidiendo en silencio un poco de comprensión. Hasta cuando se queja me parece la mujer más maravillosa del mundo.
—¿Qué es más probable: que no soportes que use tu cargador del móvil, o que te haya invadido el armario del baño con mis básicos?
—¿Básicos? Tienes trescientos tipos de cremas, desmaquillantes, tampones, barras de labios, maquillaje… Por no hablar de que nunca guardas la plancha o el rizador de pelo.
En realidad, me encanta que invada la casa con sus cosas. Me gusta picarla. Cada vez que lo hago, arruga la nariz y puedo fijarme mejor en sus bonitas pecas.
—Solo lo hago cuando tengo prisa —se defiende antes de llegar a la cafetería. Luego, saludamos al grupo—. No puedo guardarla caliente en el cajón a menos que quieras ver arder tu preciosa casa.
—Veinte euros —susurra Isaac a Fidel.
—¿Ya estáis con el jueguecito ese otra vez? —pregunta Gia.
—A veces, me dan ganas de vomitar cuando jugáis a esa tontería —dice Fidel, dando un billete de veinte euros a Isaac.
Naiara tiene asumido que somos los menos puntuales del grupo y ha dejado de importarle. Ella toma asiento entre Ariadna y Sergio. Dejan los asientos así aposta para despegarnos.
—¿Estáis apostando con nosotros? —le pregunta Naiara a su hermano.
Isaac asiente y choca las cinco con ella. Miro a Fidel, molesto por perder la apuesta. Le regañaría por no conocerme bien, pero nunca me ha visto tan enamorado como lo estoy de Naiara. No lo culpo.
—Son supermonos, aunque tengan problemas de ricos y pijos —añade Ariadna.
—¿Rica y pija? ¿Yo? Os recuerdo que estoy estancada laboralmente. Los únicos clientes que me llegan son los padres tacaños de las fiestas infantiles —replica Naiara y suelta una carcajada que me llena el corazón.
—De rebote, pero sí.
Gia e Isaac responden al unísono. Se complementan tan bien que es raro que no se den cuenta de su conexión. O se hacen los tontos.
—¿Por qué no te vas a hacerle esquemas por colores a mi hermano? —Naiara bromea con Gia. Todos soltamos una carcajada, excepto Isaac, que le echa una mirada de advertencia.
El camarero aparece y Naiara pide dos cervezas, una para ella y otra para mí.
—Ya veremos quién se ríe el último cuando sea bombero y me niegue a ir a vuestras mansiones porque se os ha descontrolado la barbacoa del fin de semana —nos amenaza.
—Yo no tendré nunca una mansión, así que… —responde Ariadna.
—No tendrás huevos de hacérmelo a mí, que te estoy ayudando —replica Gia.
—En el trabajo no hay favoritismos. Pero, por si acaso, más te vale tratarme bien—bromea él.
Ella coge una servilleta, hace una bolita y se la tira en la cabeza.
—Yo te puedo ayudar a apagar tus fuegos, bella .
—Ya te gustaría.
Fidel flirtea con Gia desde que la conoce, y ella siempre lo rechaza. Y, sin embargo, no hay ningún tipo de incomodidad entre ellos.
—Vamos a lo importante —interrumpe Sergio.
—¿Has leído ya lo del maletín? —Paula va directa, es la más intrigada e impaciente del grupo y no le da vergüenza serlo.
Luis le sonríe, cada día parece un poco más enamorado de su novia.
—Aún no —responde Naiara—. Todo a su tiempo.
Después de que Sergio le echara una mano, al primero al que contó su decisión fui yo. En cuanto el camarero nos trae las cervezas, pago esa ronda.
—¿Qué es más probable: que me mates por no reponer el cajón de las Pikotas, o por tener turnos caóticos en el hospital?
Suelto la pregunta para cambiar de tema y que no la atosiguen con el tema de sus padres biológicos. Ella reconoce mi intención y me guiña un ojo, cómplice.
—No reponer mis Pikotas es motivo de ruptura.
La mayoría sueltan un «oh, oh» que me hace reír.
—Lo peor es que no es broma —comenta Isaac antes de dirigir su mirada hacia a mí—. Prefiero alimentar y mojar a un gremlin después de medianoche que ver a mi hermana sin Pikotas.
—Para estar en el ecuador del periodo de prueba, no lo llevamos tan mal, ¿no?
Naiara me lanza un beso al aire y brinda conmigo en la distancia como respuesta. Este rato en grupo me gustaría convertirlo en rutina.
Luis y yo nos levantamos para pedir otra ronda. Después de que el camarero nos sirva, mis dos amigos y yo nos levantamos para ir al baño.
—Me parece muy bien que intentéis a toda costa complementaros para vivir juntos de manera oficial, pero… —dice cuando la puerta del baño se cierra.
Los tres nos alineamos para cambiarle el agua al canario. En cuanto escucho ese «pero», dejando su frase en el aire, lo miro con el ceño fruncido. Odio que haga eso.
—No le has dicho lo más importante sobre Elisabeth —me recuerda Luis, acabando la frase de mi amigo.
Resoplo. No me gusta ese tema. De hecho, entre el trabajo, Valentina y estar con Naiara, lo olvidé por completo. Hasta ahora.
—Si se lo cuentas ahora, te va a matar —dice Fidel.
—No creo que se lo vaya a tomar muy bien, pero tienes que ser sincero con ella —añade Luis.
Tienen razón. Debí contárselo mucho antes y sé que es raro decir que olvidé algo tan importante, pero es la verdad. Desde que la conozco no dejo de pensar en ella.
—Gracias por los ánimos.
Adiós a mi tranquilidad.
—Sabes que tenemos razón. Nos cae muy bien Naiara. Cuanto más tarde se lo cuentes, más complicado será que te perdone —dice Luis con un tono más amable.
—Olvídate de que sea comprensiva. Dejaste pasar mucho tiempo, tío.
El tono de Fidel es despreocupado, pero sus palabras son tan reales como crueles. En el peor de los casos, no puedo lanzar balones fuera; he metido la pata hasta al fondo, ya no importan los motivos.
Esto me lleva a la pregunta principal y más importante.
¿Qué es más probable: que la mujer de mi vida lo comprenda, o que no quiera volver a verme nunca?