Quiero estar contigo #2
—¿Me estás pidiendo que sea tu novia? —pregunta en una mezcla de timidez e ilusión.
Asiento y sonrío ante la dulzura que me transmite en ese momento. Ella me devuelve la sonrisa y presiona sus labios contra los míos. Degusto sus labios sin prisa, hasta que una voz nos interrumpe.
—¡Nai! Te vas a congelar, vamos dentro.
Estoy empezando a cogerle un poco de manía a Sergio. Finjo no escucharlo, pero no funciona. Naiara detiene el beso. Pongo los ojos en blanco cuando él consigue su atención.
—Te quiero —susurra. Roza mis labios con una de sus sonrisas de hoyuelos—. Vamos.
No se va al instante. De hecho, no se mueve.
Entrelaza su mano a la mía y me observa.
Si no entro, se quedará conmigo, pero no es justo para ella.
Me ha dicho que me quiere mirándome a los ojos.
Eso merece que soporte a su mejor amigo un rato más.
De vuelta a la discoteca, me devuelve la chaqueta y elimina de un plumazo la incertidumbre que sufrí toda la semana.
Sergio vuelve al grupo al cumplir con la misión de joderme el momento con Naiara.
Ariadna y Gia nos detienen unos metros antes de llegar junto al resto.
—¿Te has fijado? —le dice Gia como si yo no estuviera allí.
—¿En qué? —responde Naiara, tan confundida como yo.
—Fidel —añade Ariadna, poniendo más énfasis a la intriga que Gia intenta crear—. ¿No has visto cómo mira a Laura? Se miran como si ya se conocieran.
—Esos dos han follado —completa Gia con su habitual sinceridad.
—Es imposible que adivinéis algo así.
Aunque Naiara intenta que sean menos fantasiosas, miro a los dos protagonistas desde la distancia. No me parece tan raro. Mis ojos favoritos me miran en busca de otra opinión, pero me encojo de hombros.
—Puede ser. Fidel no desaprovecha ocasión.
Doy un silbido. Consigo la atención de mis amigos y le hago un gesto a Fidel para que se acerque.
—¿Qué haces? —dice Ariadna, indignada.
—Sacaros de dudas.
Naiara se ríe y Gia se une a ella. Ariadna no está familiarizada con mi manera de solucionar las cosas; no dejar lugar a preguntas sin responder.
—Rubia.
Fidel mira a Gia, se la come con los ojos y ella lo ignora. A Ariadna parece no verla.
—¿Te has acostado con Laura? Estamos intrigados —le digo con una sonrisa ladeada.
Mi amigo me mira y hace un gesto nada sutil, indicando que Gia, su objetivo, está delante.
—Ella es más ligona que tú, idiota —dice Ariadna, impaciente.
Fidel mira de reojo a Ariadna y se encoge de hombros. No sé qué le pasa. Desde las presentaciones, no mira a Ariadna a los ojos. Es como si no la soportara y él soporta a todo el género femenino.
—Varias veces —confiesa.
—Caso resuelto.
El rostro de Naiara es de preocupación.
Me inclino y le susurro al oído:
—¿Estás pensando en decírselo?
—Alguien tiene que hacerlo. No es justo que todos lo sepamos. No se lo merece —responde con la mirada clavada en Fidel.
—A mí me da igual. Que conste que no sabía que la chica tenía novio —aclara mi amigo.
Fidel no es un cabrón. Jamás estaría con una chica borracha, tampoco con alguien con pareja. Al volver al grupo veo a Isaac en una calurosa charla con Sergio y me acerco a ellos.
—Pareces el escolta de Adrián —le increpa. Es lo primero que escucho al acercarme. Isaac posa una mano en mi hombro, pero mantiene la mirada en Sergio—. No has parado de vigilarlo en toda la noche.
Todos estamos algo achispados, pero no lo suficiente como para permitir que esos dos acaben peleándose. Fidel, al ver la escenita entre los dos, hace mutis por el foro hasta la pista de baile.
—Solo intento ver de qué vas. No te ofendas —dice Sergio, girándose a mí. Supongo que solo intenta proteger a su amiga. O prefiero creer eso. Vuelve a mirar a Isaac—. Tu hermana es otra cuando está con él. No me fío.
Frunzo el ceño. Intenta decirlo más bajo, pero lo escucho.
—Nai siempre ha sido así. Si a ti no te gusta verla feliz, es otra cosa.
Tener el favor de Isaac, a pesar del daño que le hizo mi hermana, me gusta. No me meto ni digo nada, escucho y espero paciente por si tengo que separarlos.
—Es mi mejor amiga. Por supuesto que quiero verla feliz.
—Ahórrate la actuación. No soy Nai. No te creo una mierda y cómo te estás comportando, menos. No sé si sigues enamorado de ella o no, pero deja de actuar como un capullo. No jodas lo que tiene con Adrián.
La cara de Sergio es un poema. La mía, también. Las palabras de Isaac son duras para él y prometedoras para mí. Que él defienda lo que tengo con su hermana es importante para que dure lo máximo posible. Tampoco quiero crear bandos ni mal rollo, no más del que ya hay entre ellos.
—Si Isaac tiene razón y sigues enamorado de ella, deberías hablar con Naiara. Confío en ella y en lo que tenemos. Sé que eres importante en su vida, pero merece saber que tú la tienes en otro grado de importancia —le sugiero en tono amigable.
—Tíos, estáis exagerando las cosas. No es así —dice con un nerviosismo evidente.
—Tranquilo, no me voy a pelear contigo. Naiara no es un trofeo, es una persona —le aseguro.
—Deberías hablar con tu novia y dejar de meterte en la relación de mi hermana. Laurita te está ocultando cosas.
Miro a Isaac, sorprendido. No esperaba que le soltara aquella acusación a medias.
—¿De qué estás hablando? —exige saber.
Sergio se encara con Isaac y me acerco un poco más. La tensión entre ellos es más que evidente y como sigan así, alguno va a llegar a las manos. Cosa que intentaré que no pase. Isaac ignora mis miradas de advertencia y lanza la bomba.
—La he visto besar a otro en un restaurante hace poco más de una semana.
La única que lo vio fue Gia. Isaac le espeta lo que ella vio con una rabia contenida, sin involucrarla.
Sergio se pone rojo de ira e Isaac aprieta los puños.
Intento saber quién de los dos estallará antes, pero cuando creo que van a soltar el primer puñetazo, a Sergio se le humedecen los ojos y se rinde.
Joder, qué tensión.
—La verdad es que no llevamos una buena temporada, pero no creía que de verdad fuera a ponerme los cuernos —dice totalmente hundido.
—Lo siento, tío. No me caes bien —admite Isaac, menos agresivo y más comprensivo—. Pero no te mereces que te engañen.
Entiendo a ambos, sobre todo la compasión que Isaac le muestra. Estoy seguro de que su empatía se debe a que se siente igual de engañado por mi hermana.
—Se ha acostado con Fidel, varias veces. Perdona que te lo diga así, me lo acaba de contar mi amigo. Él no sabía que ella tenía pareja.
Se puede follar a todas las tías que se proponga, nunca les miente y siempre pregunta si están solteras.
—Gracias por la información —nos dice con tristeza—. Los dos os equivocáis. Sí quiero ver feliz a Naiara.
—¿Qué pasa conmigo?
—Tu hermano cree que estoy enamorado de ti —le explica divertido, pero nos señala a los dos.
—¿Tú de qué vas? ¿Cómo se te ocurre acusar a Sergio de estar enamorado de mí? —explota ella.
—Naiara, tu hermano no tiene la culpa —intento mediar para que no discutan.
—Dejad de beber. Sergio es mi amigo. Dejadlo tranquilo —nos ordena, alterada.
Aunque me está echando la bronca, no puedo dejar de mirarla. Me gusta que tenga tan clara su relación con Sergio, incluso cuando Isaac ha conseguido que sospeche un poco de él.
—Tienen razón, Nai. Al menos, en parte. No sigo enamorado de ti, pero admito que tenía celos.
—¿Celos? ¿De qué hablas?
Si Naiara fuera un dibujo animado, le explotaría la cabeza en este instante y seguiría siendo preciosa.
—Laura y yo no estamos bien. Verte a ti vomitando arcoíris con Adrián me dio envidia. Puede que sea mayor que tú y tenga una hija, pero después de esta noche creo que es el indicado para ti. Estás resplandeciente desde que lo conoces. No te enfades con ellos.
Isaac y yo nos miramos, ladeamos la cabeza al mismo tiempo. Los dos juzgamos mal a Sergio.
—¿Qué te han dicho? ¿Por qué te vas ya?
Sergio se está poniendo el abrigo con intención de irse de la fiesta. En su lugar, yo también lo haría. No deben de quedarle muchas ganas de estar allí sabiendo que su novia le pone los cuernos.
—No estoy de humor para fiestas cuando supuestamente mi novia me ha puesto los cuernos.
—¿Qué os pasa? ¿Quiénes sois vosotros para decírselo? —nos recrimina ella, enfadada.
—¿Tú lo sabías? ¿Y no me lo contaste? De puta madre, Nai. —Sergio pasa de la tristeza a la incredulidad y el dolor.
—Yo no lo he visto. No puedo decirte algo de lo que no tengo pruebas. Tampoco quería hacerte daño ni que, por decírtelo, te enfadaras conmigo —le explica.
Sergio la mira sin abrir la boca. Sopesa la justificación que le da y asiente sin ganas. Es listo. Y aunque le moleste saber que su mejor amiga no se lo dijo, la conoce bien para comprender sus razones e inseguridades.
—Tranquila. Lo entiendo. Para la próxima vez, prefiero que me lo cuentes tú.
Es ella la primera en dar el paso y los dos se abrazan. Me gusta la bondad que hay en ella y la forma de consolar a su amigo. No siento celos, sino admiración. Me giro y me llevo a Isaac unos pasos más lejos para que tengan intimidad.
—Gracias por lo que has dicho antes de mí. Después de lo que pasó con mi…
—Lo que pasó no es culpa de nadie —me interrumpe con decisión—.
Tú hermana decidió hacerlo a su manera, por dolorosa que sea.
Se terminó y ahora toca sanar —dice sin ocultar que aún le duele.
Asiento y le doy un par de palmadas en el hombro para infundirle fuerza y demostrarle respeto—.
En cuanto a Naiara, no te relajes —me advierte con una sonrisa ladeada.
—No lo haré —prometo.
—¿Dónde se va?
Isaac y yo nos giramos al escuchar la voz de Laura, quien parece exigir una respuesta a Naiara.
—Deberías ir a hablar con tu novio. Sabe lo tuyo con Fidel, entre otras cosas —le avisa Isaac.
A Laura se le cae la copa de la mano. No se lo esperaba, es probable que ni lo viera venir. Tiro del brazo de Naiara para que no pise los cristales rotos y su hermano anuncia que va a avisar al personal antes de que alguien se corte. Cuando Laura reacciona, sale corriendo detrás de Sergio.
Luis y Fidel están en la barra. Gia parece estar poniendo al corriente de la situación a Ariadna y Paula. Isaac se acerca a mis amigos y nos deja solos.
—Demasiada intensidad para una noche —comento.
Una mujer rubia se presenta a nuestro lado. Sin importarle el escaso espacio personal que hay entre Naiara y yo, me propone salir a bailar. Es obvio que la mujer está borracha. Naiara enmudece y me mira, congelada.
—Gracias, pero quiero estar con mi novia —la rechazo con amabilidad y vuelvo a mirar a Naiara—. No te habrás puesto celosa, ¿no? —tanteo al notar que aún no dice nada.
—Eres atractivo, es normal que quiera bailar contigo. No estoy celosa, si no confiara en ti, no estaría contigo.
—¿Cómo de atractivo? —cuestiono en tono divertido.
—Aprobado raspado, para que no te vengas arriba —responde riendo.
—¿Debería preocuparme por que no me eches la bronca por lo de Sergio?
Ella sonríe con dulzura y me abraza hasta eliminar el espacio entre nosotros.
—Ya os he regañado antes a los dos.
—¿Por qué eres tan perfecta?
—Las reinas es lo que tenemos —replica juguetona y sus hoyuelos me dan la bienvenida. Su boca se pega a la mía y saboreo sus labios. Antes de que pueda perderme en su irresistible boca, se aparta—. ¿Está Valentina en tu casa?
Su pregunta despierta mi deseo.
—No. Vámonos.
—Me debes un baile —responde ignorando mi petición, provocativa.
Es sexy que haya jugado con mi paciencia. No pienso dejarlo correr. Pienso cobrarme una larga y dulce venganza, hasta que no pueda más.
—Tienes razón. Cómo me atrevo a no sacarte a bailar…
Naiara tira de mi mano para llevarme a la pista de baile y a mitad de camino nos cruzamos con Carla. Los dos nos miramos y hacemos una mueca. Estoy bastante seguro de que pensamos lo mismo; a Gia no le gustará.
Ninguno estamos muy sobrios, tampoco muy borrachos.
Cuando empezamos a bailar, ella pega su precioso culo contra mi entrepierna.
Se mueve de manera sensual mientras yo intento seguirle el ritmo.
No me molesto en ocultar lo dura que me la pone con el roce.
Ella lo nota y disfruta de mi rato de sufrimiento.
—Cuando acabe la canción, llévame a tu casa. —Se gira, me rodea con sus brazos sin dejar de bailar y acerca su boca a mi oído—. Tengo muchas ganas de que hagamos el amor —susurra. Mis manos aprietan sus caderas. Mordisquea mi oreja y añade—: Muchas.
Joder, me pone a mil. Niego con la cabeza a su petición y disfruto de ver la confusión en su rostro.
—Ahora —exijo en un susurro.
Sin ocultar mis ganas y sin paciencia, tomo su mano y la llevo fuera de la discoteca, acompañado por la hermosa melodía de su risa.