Nada como tú (Serie Nada 1) El momento perfecto
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El momento perfecto

ADRIÁN

Hace poco que la conozco y ya sé distinguir cuando está feliz, agobiada o se decepciona.

La he decepcionado y no tiene nada que ver con no poder cambiar mis compromisos.

Naiara es más organizada y práctica de lo que parece, por esa razón sé que le ha costado lo suyo proponer que quedásemos en menos de veinticuatro horas.

Si mi plan no fuera tan importante, lo anularía.

Estoy seguro de que no volverá a proponerme ninguno en mucho tiempo, pero no importa; yo lo haré por ella.

La compensaré hasta que vuelva a sentirse confiada conmigo.

No hay culpables, pero yo no he podido dormir muy bien esta noche. No paro de darle vueltas a la cabeza. Justo cuando tengo una cita imposible de anular, ella me propone quedar.

Tatiana, Valentina y yo estamos en la cola para entrar al acuario.

Me gusta estar con ellas, aunque una parte de mí se siente mal padre por estar pensando en Naiara en este momento.

Ayer estuve a punto de decirle que se viniera con nosotros.

Si no lo hice, fue porque había un pequeño detalle que me lo impedía: todavía no le he hablado de mi hija.

No es mi intención ocultárselo, solo que es demasiado pronto para los tres.

Quiero ir despacio por mi hija y por mí, pero sobre todo por ella.

Si quiero que Naiara entre en su vida para quedarse, debo tener una conversación con ella. ..

Durante cuatro años, mi hija y yo hemos sido un búnker donde no ha entrado nadie; no sé si Naiara está preparada para que le abra la puerta de un mundo que incluye dibujos animados y responsabilidades que no ha buscado.

¿Le gustarán siquiera los niños? No puedo arriesgarme a que mi hija se ilusione, cosa que hace con una facilidad que me asusta, para luego verla sentirse abandonada de nuevo.

—¡¿Me estás escuchando?! —pregunta mi hermana.

—Sí, Tatiana. Estás enamorada, no hace falta que me describas todo al detalle. Solo con decir su nombre te salen corazones por los ojos.

—¿Como en los dibujos animados, papá? —dice mi hija, con su sonrisa previa a soltar una de sus angelicales carcajadas.

—Sí, cariño. Tu tía es un dibujo animado. ¿No la ves?

Valentina empieza a reír y mi hermana, tras lanzarme una mirada de resignación, la atrapa y empieza a hacerle cosquillas.

No conozco al chico del que me habla Tatiana, para mí es más importarte verla feliz.

Ella misma me confesó que le ha costado asimilar su bisexualidad.

Es feliz y parece una niña ilusionada con su primer amor. Es el primero de género masculino.

Pago las tres entradas y Valentina le pide a su tía que la lleve en brazos. No está cansada, quiere mimos y ella no le niega nada, siempre la ha consentido.

—¿Vamos a ver a las nutrias y los pingüinos, cariño?

En el acuario hay miles de animales y cientos de especies diferentes, sin embargo, mi hija adora pasar la mayor parte de la visita viendo esos dos tipos.

—Y los tiburones… —dice mi hermana, para picar a la niña.

—Los tiburones, no —susurra, lanzando una mirada asesina a Tatiana.

—No le hagas caso. ¿No ves que se quiere vengar por haberla comparado con un dibujo animado? —la tranquilizo.

Justo en ese momento, creo estar alucinando porque veo a Naiara justo delante de mí.

A menos de cinco metros. Se da la vuelta y me mira con los ojos muy abiertos.

Va agarrada del brazo de un hombre alto y rubio.

Mierda, seguro que está con otro porque yo no he podido quedar con ella.

No es mi estilo, pero tengo que admitir que siento celos.

Me paro en seco. No sé qué hacer. ¿Debería ir a saludarla?

—Vamos, papá —me apresura Valentina.

De todas las formas en las que quería contarle a Naiara que tengo una hija de cinco años, esta es sin duda la peor de todas.

Ella aparta la mirada, suelta a su acompañante y parece huir sola a otra sección del acuario.

Tatiana se acerca a ese tipo con mi hija de la mano, pero yo no puedo apartar los ojos de ella.

Mi cuerpo toma la decisión por mí y sigue a Naiara.

La encuentro en la zona de los salmones. Todo su cuerpo parece estar en tensión.

—¿Por qué has huido? —murmuro, colocándome a su lado.

—¿Por qué no me has dicho que tienes novia e hija? O mujer… Lo que sea.

Su tono de voz suena más decepcionado que cuando le dije que no podía quedar con ella. ¿Está celosa? ¿Por qué cree que mi hermana es mi novia?

—Tatiana no es mi novia, es mi hermana —le aclaro.

Por fin, se gira y me mira. No sonríe ni finge una sonrisa para mí. Está molesta conmigo. Me controlo para no estrecharla entre mis brazos y decirle que no tiene por qué estarlo.

—¿Qué excusa tienes para la niña? Porque es clavada a ti.

—¿Excusa? Valentina es mi hija. —No me gusta que lo diga de esa manera. Como si fuera algo que tengo que justificar, cuando es lo mejor que me ha pasado en la vida—. ¿Por qué parece que estás celosa? —pregunto directo y confundido.

—No estoy celosa, Adrián —responde con más mal humor que el que le saqué la noche en la que nos conocimos—. No me gusta que me mientan.

Joder, me muero por besarla y probar sus labios.

—No te he mentido, encanto. —Ella hace el intento de huir. Me muevo para no dejarla marchar y en sus ojos noto que está nerviosa o alterada. Quizás ambas—. Si no te he hablado de mi hija es porque es pronto. ¿Pensaba hacerlo? Por supuesto. Quería conocerte un poco más.

—¿No podías quedar por tu hija?

Siento que se relaja y su pregunta parece aliviarla un poco.

No estoy seguro de si ella esperaba que tuviera planes con otra mujer.

La verdad es que no salgo con ninguna otra desde que la vi en urgencias.

Lo que tenía con las otras era solo sexo.

Jamás me ha apetecido quedar con ellas como quedo con Naiara.

—Valentina siempre va a estar primero. No tienes por qué entenderlo, me vale con que lo respetes.

Me gusta mucho Naiara, pero no voy a poner a nadie por encima de mi hija. Ni siquiera a mi madre o hermana.

—Lo entiendo… Y lo respeto.

Su respuesta me hace sonreír e intento no parecer demasiado eufórico porque haya decidido no huir.

—¿Y el rubito con quien has venido es tu novio? —pregunto.

—¿Mi qué? —dice antes de reírse y dejarme ver sus preciosos hoyuelos—. Isaac es mi hermano.

—¿Tu hermano? —pregunto incrédulo.

Su supuesto hermano es rubio de ojos claros y de piel blanca. Ella tiene los ojos avellana y una preciosa piel morena. Algo no me cuadra en el ADN de esos dos.

—Soy adoptada, Doctor Sabiondo. —Que se haya tomado mi metedura de pata de forma tan divertida hace que me guste un poco más—. Deberías saberlo, lo pone en mi ficha médica.

—No he cotilleado esa parte.

Mierda. He hablado de más.

—¿Has cotilleado alguna parte? —me cuestiona sin perder la sonrisa.

—Solo tu nombre y tu fecha de nacimiento —admito con una mueca avergonzada—. De todos modos, eso confirma mi teoría.

—¿Qué teoría? —me pregunta.

—Que deberíamos conocernos más.

—Pues cuando quieras.

Su respuesta me deja sin palabras. Ha escondido las manos en los bolsillos de atrás de sus pantalones y no me aparta la mirada.

Por una parte, parece estar tonteando conmigo y eso hace que me resulte muy difícil no pensar en besarla, así entendería que me interesa más de lo que cree.

Por otra parte, siento que ella no va a proponerme quedar en un futuro próximo.

Puede que no lo haga porque entiende que mi hija es importarte, no por miedo a arriesgarse.

¿Y si la beso?

—Papá, tía Tati me ha presentado a su novio —nos interrumpe Valentina.

«¿Qué?».

—¿Ella es…? —dice Naiara, mirando a mi hermana con sorpresa.

—Mi novia —responde su hermano.

—Así que ella es la rubia imponente que te tiene comiendo de su mano —comenta Naiara.

¿Rubia imponente? ¿Mi hermana? Puede ser, pero… ¿acaso ella no se mira al espejo? Naiara es la mujer más hermosa que he visto en mi vida.

Naiara y yo nos miramos y, segundos después, estallamos en una carcajada. Es jodidamente surrealista. Mi hermana enamorada del hermano de Naiara.

Después de las presentaciones oficiales, Tatiana, Isaac y Valentina están distraídos, y aprovecho para acercarme a ella.

—¿Quieres conocer a mi hija?

Dios, eso ha sonado como si le estuviera pidiendo matrimonio.

Qué idiota soy. Ella asiente al instante y me gustaría besarla por ser tan comprensiva y por mil razones más.

En ese momento, algo llama mi atención. Miro por encima del hombro de Naiara; nuestros respectivos hermanos están hablando con muy poco espacio personal entre ellos.

Dos segundos después, empiezan a besarse mientras Valentina los intenta separar.

Mi hija me mira y pone una cara de asco muy teatral, señalando a los dos tortolitos.

—Valentina, ven —la llamo y ella corre hacia mí como si fuera su excusa perfecta para no seguir viendo a su tía besando a su novio. Me coge de la mano y mira a Naiara con curiosidad y atención—. Ella es mi amiga Naiara.

Justo después siento cómo se agarra a mi pierna. La niña no dice nada. Solo se queda mirándola un momento y después me mira a mí con su carita de timidez y miedo.

—Y esta niña tan guapa, ¿cómo se llama? —se anima Naiara a preguntar.

La niña sigue sin contestar y sin quitarle la vista de encima.

—Nosotros vamos por libre. Luego nos vemos —anuncia Tatiana.

Entiendo que nos dejen a los tres porque quieren estar solos un rato, pero que mi hermana se vaya tan rápido, sin darme tiempo a improvisar un plan para que mi hija se sienta cómoda con Naiara…

No sé qué podría pasar. Nunca le había presentado a una amiga.

Sí a Fidel y Luis, y varios amigos más, pero nadie del género femenino.

—Contéstale, cariño, va a pensar que no sabes hablar o que eres muda.