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A la mañana siguiente me desperté con una misión.

Necesitaba un tarot.

Pero no uno cualquiera.

Sino «El tarot».

Me fui a trabajar con aquella idea en la cabeza. Estaba súper entusiasmada y la mayor parte del tiempo era eso lo que rondaba por mi cabeza.

Cada vez que encontraba un hueco, entraba en Amazon para echar un vistazo rápido.

Iba guardando en favoritos todos los que me llamaban la atención. Pero me di cuenta de algo. Buscar un tarot era mucho más complicado de lo que había imaginado.

¿Cuál sería el más adecuado para empezar?

No tenía ni la más remota idea de cuáles eran las diferencias entre ellos.

Vi uno que decía «Rider Waite imprescindible» y me lo apunté.

Otro hablaba del tarot de «Marsella».

Otro era un «Tarot Egipcio».

Sin darme cuenta, tenía más de veinte pestañas abiertas y seguía sin saber por cuál decidirme.

Cuando llegué a casa comí lo primero que encontré en la nevera.

Las sobras de los fideos que había preparado Sara.

Bueno… eso mismo servía.

La primera cucharada que me llevé a la boca la solté de golpe.

Los fideos estaban pasados.

Pero el simple hecho de perder tiempo preparando otra cosa me desanimó.

Hice de tripas corazón y me los fui metiendo en la boca, masticando con demasiado asco, pero mucho más pendiente de los mazos que de la comida.

Decidí echarle un vistazo a las reseñas.

¡Sí! Esa era una buena idea. Tal vez eso me ayudara a decidirme.

Y entonces me decanté por el «Rider Waite», el de «Marsella» y luego vi un par de ellos monísimos. Tenían unos personajes de época increíbles que me llamaron muchísimo la atención.

Había otros preciosos, pero no me terminaban de convencer los colores.

Tres.

Y pensé:

«Por ahora creo que serán suficientes».

Esa tarde me la pasé buscando cursos de tarot en YouTube mientras esperaba a que llegaran.

Era una buena idea.

En uno de los cursos me voló la cabeza.

No solo existían los mazos de tarot de arcanos.

También había barajas de arcángeles, cartas con significados de piedras, mensajes…

Me quedé pensando unos minutos.

¿Sería suficiente con el tarot?

Y, sin darme cuenta, me encontré buscando mazos de otros tipos, piedras, sus significados y para qué servían.

Tenía que hacerme con alguna piedra también.

Amatista.

Esa sería la primera.

Decían que era buena para dormir.

Cerca de casa tenía un centro comercial donde vendían cosas esotéricas.

Había pasado cientos de veces por allí y nunca se me había ocurrido entrar.

Me duché rápido. Me puse un vestido de gasa, súper adecuado para mi nuevo momento, y bajé corriendo.

La tienda era pequeña, pero estaba llena de cosas interesantes.

En el centro había un montón de piedras de distintos colores con sus correspondientes significados, y aquello me llenó de emoción.

El olor a incienso me envolvió y me metí de lleno en mi nuevo estado.

Como si ya fuese una tarotista.

Sonreí al dependiente.

—Hola. Soy muy nueva en esto, pero me interesa el mundillo de las piedras. ¿Puedes explicarme un poco?

El chico me miró de arriba abajo. Sonrió y asintió.

—Claro. ¿Qué es lo que te interesa?

Normal.

En la tienda había de todo.

Y no solo piedras.

—No sé… me gustaría algún tipo de piedra energética.

—¿Para qué? ¿Prefieres piedras de tu horóscopo, para algo en especial, los siete chakras…?

Ahí se me abrió otro mundo.

Piedras de chakras.

Piedras de horóscopo.

Piedras para distintas energías…

¡Las quería todas!

Pero tenía que relajarme.

Hoy me llevaría solo algunas.

Además, las había de diferentes tamaños: sueltas, en colgantes, pulseras, pendientes… aquello era una pasada.

Me dieron ganas de llorar de emoción.

—Bueno, quiero una amatista. Me han dicho que es buena para conciliar el sueño y la verdad es que últimamente me cuesta un poco dormir.

El chico se quedó mirándome durante unos segundos.

Tal vez mi cara de cansancio ya decía más de lo que yo pensaba.

—Sí. Creo que te vendrá bien. Alivia la ansiedad, ayuda a calmar la mente y a disipar pensamientos negativos. Además, si la colocas cerca de la cama, puede ayudarte a relajarte. También está vinculada al séptimo chakra y se utiliza mucho en meditación.

—Sí, sí. Perfecta. Me viene genial. Quiero una de esas.

El chico asintió.

—¿La quieres en colgante? También tenemos pulseras.

Me enseñó varios modelos y uno llamó especialmente mi atención.

Era una piedra en forma de corazón.

—¡Ese!

Lo sacó y lo dejó sobre el mostrador.

—También tengo pulseras de horóscopos con los siete chakras, por si te interesa.

—Capricornio —dije del tirón.

El chico buscó entre varias y sacó una.

—Para Capricornio tengo estas. Son turmalinas con los siete chakras.

La miré.

—Vale. Me gusta. También me la llevo.

El chico parecía cada vez más entusiasmado.

—También tengo estas piedras de aquí. Son un poco más grandes. Puedo recomendarte alguna según lo que quieras trabajar. ¿Qué te gustaría mejorar?

Demasiado entusiasmado.

Miré las piedras que me enseñaba.

Eran más grandes, de esas que no llevabas encima, sino que dejabas en algún sitio especial.

—Normalmente la gente las utiliza para rituales o cuando hacen tiradas de tarot.

Aquello captó mi atención.

Había visto esas piedras en algunos vídeos y, de repente, me pareció completamente lógico tener alguna.

—Pues recomiéndame un par. Quiero empezar a hacer tiradas de tarot.

—Ah… entonces quizás también te interesen los tapetes que tenemos aquí.

Señaló una estantería.

—Justo esta semana han llegado unos bastante bonitos.

—¿Tapetes?

—Sí. Para no tirar las cartas sobre la mesa sin más. Necesitarás uno.

No había caído en ese pequeño detalle.

Claro. Un tarot necesitaba un tapete.

Le pedí que me enseñara algunos y elegí uno bastante sencillo.

—Y aquí tenemos las velas blancas para las tiradas y los rituales.

Lo miré.

—¿También hacen falta velas?

—Normalmente se utilizan. Ayudan a crear un ambiente especial. Y, por supuesto, el incienso.

«Vaya», pensé.

Me iba a salir caro aquello del tarot, pero me daba igual.

Así que acabé llevándome, además del colgante de amatista, la pulsera de mi horóscopo y el par de piedras para las tiradas, el tapete, dos velas blancas y cuatro paquetes de varillas de incienso de distintos olores que, casualmente, estaban de oferta.

Salí de allí completamente excitada con mi compra.

Como si hubiese hecho la compra del año.

Ahora solo tenía que esperar a que me llegaran los mazos de tarot y, por supuesto, ponerme ya con el curso.

Qué emocionante me parecía todo.

No tenía ni idea de dónde me iba a llevar aquello.

Solo sabía una cosa.

Por primera vez en mucho tiempo, algo conseguía ilusionarme.

Solo esperaba que, esta vez, el armario de las aficiones abandonadas tuviera todavía un hueco libre.