My5: Parte 1 (Cuentos perfectos 5) 1 #3
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Con los movimientos justos, me siento en el borde de mi lado de la cama.

Busco el pantalón del pijama, ese que técnicamente ya no uso, y me lo enfundo para acudir al baño.

Una vez aseado, salgo, y me encuentro a Nikky esta vez boca arriba, con ambos brazos estirados abarcando la totalidad de la cama de matrimonio, y eso que no es precisamente pequeña.

Lo adoro con todas mis fuerzas, pero es horrible dormir con él con cómo se mueve.

No sería la primera noche que acabo relegado a un rincón a base de empujones.

Con una sonrisa imborrable en la cara, salgo a la cocina. Munik me sigue de cerca con pasos cortos y elegantes que contonean su pelaje. En la cocina, ocupa su lugar en la esquina de la isla y se estira con toda la elegancia que lo caracteriza. A veces pienso que es el más sofisticado de esta casa.

Sirvo su desayuno primero, como sabe que haré, y solo después busco lo necesario para preparar el mío. Saco también las tostadas que querrá Nikky más tarde y la leche para el café. Concentrado en mis tareas, doy un brinco en cuanto noto los brazos que me rodean por detrás.

—Buenos días a ti también —saluda Nikky con la voz ronca posando un beso en mi hombro. Me doy la vuelta para pasar mis brazos alrededor de su cuello, encontrándolo con los ojos cerrados todavía. Otra sonrisa sin sentido.

—Buenos días. —Le doy un beso en los labios que casi no puede corresponderme del sueño—. Creía que tardarías más en despertar.

—Ya, yo también —se queja adormilado—. Pero resulta que no tenía a mi lado la razón de que descanse bien.

Pretende sonar ofendido, pero se me antoja mucho más parecido a las quejas de un niño porque lo hayan levantado contra su voluntad.

—Me moría de hambre —le explico mirando el desayuno por preparar. Nikky sigue sin abrir los ojos para hundir la cabeza en mi cuello y contestar:

—Y yo. —Acaricia mi piel con sus dientes, consiguiendo que un escalofrío me recorra la espalda entera.

—Hablo de comida, Nikolai —matizo, teniendo en cuenta sus movimientos y la erección matutina que su pantalón de chándal no consigue esconder.

Pongo los ojos en blanco pero no hago nada por frenar sus avances.

No deja de sorprenderme. Creía que la euforia y el frenesí decaerían tras los primeros meses juntos, pero más de un año después no tiene aspecto de que eso vaya a ocurrir ponto.

No son extraños los fines de semanas que nos pasamos encerrados en este ático con la ropa justa, o ni eso.

Ladeo la cabeza para darle permiso a que siga con esos mordiscos sutiles que más tarde dejarán marca mientras sus manos aprietan mi cintura.

Pero no es un gemido lo que emerge de mi cuerpo, sino el rugido de un estómago que parece más convencido que otras partes de mi cuerpo.

Nikky se aparta y me mira con esos ojos entrecerrados.

—Tienes hambre —certifica. Vivo con los ojos en blanco por razones que no son las que querría.

—Te lo he dicho.

—Pensé que hablabas de otra hambre —se defiende poniendo un poco de distancia para hablar. Suspiro con fuerza.

—Nikky…

—Sí, sí, lo sé.

Se aparta, no sin darme un último beso en los labios, y se dirige a los ingredientes del desayuno. Me uno a él; uno prepara la bebida y otro el pan tostado.

—¿Cómo está tu madre? —entablo una conversación que debió surgir ayer pero que se perdió entre otros quehaceres.

—De maravilla —comenta poniendo la leche justa en mi café y llenando medio vaso en el suyo—. Hunt va a llevársela de vacaciones. —Lo miro con una ceja en alto—. Sí, en contra de la voluntad de todos nosotros. —Chista y niega con la cabeza—. No tenemos ninguna autoridad con respecto a ese hombre.

Sonrío, porque sin duda esa es una afirmación muy acertada.

Y no porque no respete a los hijos de su pareja; Hunt jamás haría nada que dañara a esa familia, al revés, solo emplea su tiempo en protegerlos.

Pero es cierto que, ya no solo en los trabajos que gestiona junto a Doc y Jason, el hombre tiene una autoridad que antepone a todo menos a Mamma.

Si ella quiere irse de vacaciones, ya pueden negarse los siete hermanos que su opinión no será escuchada.

—Los que han preguntado mucho por ti son tus sobrinos —continúa con sorna. Me encanta que los llame «mis sobrinos» aunque sean hijos de sus hermanos—. Bueno, Snowy, claro. Tommy todavía no puede, pero lo he visto mirando tu silla vacía varias veces.

Me encanta el deje de celos en sus palabras. Pretende bromear al respecto, pero también sé que en el fondo envidia y goza a partes iguales de que sus sobrinos disfruten de mi presencia. Nunca me habían interesado los niños especialmente, pero admito que con ellos tengo guardado un cariño especial.

—Espero que disculparas mi ausencia en mi nombre —comento untando las tostadas.

—En absoluto —responde con una sonrisa—, les dije que no fuiste porque no quisiste.

Dejo mi tarea y le dirijo una mirada que ya casi no le reservo a él, pero que se merece. Y en vez de causar el estupor buscado, consigo de mi novio una risa estridente.

—Es broma, es broma —se corrige—. Es más, puede que los haya invitado a pasar el día aquí.

—¿Hoy?

La sonrisa culpable de Nikky me es confirmación suficiente. Lo de descansar tendrá que esperar.

—Vendrán a comer —continúa explicando—. Tenemos tiempo de preparar su habitación para entonces.

El cuarto que fuera de invitados y antaño ocupara Nikky cuando empezó a trabajar para mí —antes de adueñarse del mío propio y de mi vida— se ha convertido ahora en una sala de juegos dedicada en exclusiva a los infantes. Pero no me quejo, fue idea mía.

Nikky, leyéndome la mente como solo él sabe hacer, toma un primer mordisco de la tostada que le paso, apoyando la cadera en la encima y dedicándome esa sonrisa que me ablanda las piernas.

No mentiré diciendo que odio que me lea tan bien; me creía el tipo más inaccesible y misterioso del mundo hasta que me atravesó con esos ojos oscuros.

Ni quiero ni puedo tener secretos con él por la simple razón de que me descubrirá, como ya ha hecho otras veces.

Como ahora mismo, perfecto sabedor que es de que a duras penas me terminaré el café antes de empezar a preparar el día y llenarlo de actividades para los niños. Uno tiene que mantener el título de «Tío favorito».