My safety net (Love Obviously 1) 45
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Salí de la ducha con el cuerpo agotado y la sangre todavía caliente.

Después de follar como salvajes en la alfombra, no dejamos de besarnos.

Ella se envolvió con una manta del sofá y acabamos comiendo helado directamente del bote mientras el alba se filtraba por los ventanales.

Nos quedamos en el suelo, riéndonos, con la boca fría y dulce de chocolate e incapaces de dejar las manos quietas.

Luego volvimos a hacerlo. Pero esta vez no hubo prisa. Fue lento y suave. Casi insoportable. El orgasmo nos alcanzó en mitad de un beso tan profundo que estuve a punto de soltarle un «te quiero».

Me sequé el pelo con la toalla y me puse la ropa que Mel me había dejado. Era de Kenny, por supuesto. Unos vaqueros limpios y una sudadera blanca del Tottenham. Qué ironía.

Eran casi las siete, pero el apartamento seguía en penumbra. Mel debía de haber aprovechado mi ducha para bajar las persianas. La única luz provenía de la lamparilla de su habitación.

Me acerqué despacio, arrastrando una timidez que no me pegaba una mierda después de todo lo que habíamos hecho.

La lógica me decía que tenía que irme antes de estropearlo. Pero largarme era lo último que quería hacer.

Me asomé al dormitorio. Mel estaba en pijama, hecha un ovillo sobre la cama. Se había quedado dormida con las piernas medio fuera del colchón.

Se me escapó una sonrisa. Joder, era preciosa.

Entré sin hacer ruido. Tenía los labios entreabiertos y un mechón de pelo medio húmedo pegado a la mejilla. Se lo aparté con la punta de los dedos. Después le coloqué las piernas sobre la cama con cuidado y la cubrí con el edredón.

Entonces la miré. Solo un segundo. Uno solo. Y apagué la lamparilla.

Cuando me di la vuelta para marcharme, sus dedos se cerraron alrededor de mi muñeca.

—Connor…

Su voz somnolienta me dejó clavado en el sitio.

—Duerme, mi dama —susurré.

—La dama quiere dormir contigo.

Se me cerró la garganta.

—¿Quieres que me quede? —pregunté sin apenas aliento.

—Sí.

Tragué saliva.

—Vale.

—Ven aquí.

No me lo pensé.

Me quité los vaqueros y la sudadera, rodeé la cama y me tumbé a su lado. Mel se pegó a mí al instante y me abrazó con fuerza, escondiendo la cara contra mi pecho. Yo la rodeé con los brazos y enterré la nariz en su pelo.

No hice nada más. Tan solo cerré los ojos y, por primera vez en mi maldita vida, ser Connor Bradley fue más que suficiente.