My safety net (Love Obviously 1) 25
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Entré en la residencia con la cabeza hecha un puto desastre.

Sabía que Mel me había traído, pese a tener clase en la universidad.

Y yo lo había aceptado como un cabrón egoísta porque quería arañar un rato más a solas con ella.

Había mantenido el tipo como pude, fingiendo que era un tío normal cuando, en realidad, me moría por tocarla de nuevo.

No había pegado ojo en toda la madrugada. En algún momento de la noche ella se había acurrucado contra mí y yo fui físicamente incapaz de apartarme.

Cuando despertó, me hice el dormido para que no se sintiera incómoda al verse entre mis brazos. Pero haberla tenido así, con su trasero pegado a mi polla, había sido demasiado.

Ahora necesitaba un ancla antes de que me explotara el pecho. Sabía que Liam estaría en su habitación y que Nate, al ver que yo no llegaba, habría dormido con él, ya que Noah solía quedarse en casa de Kenny. Así que empujé la puerta sin llamar.

La escena era la de siempre: Nate despatarrado en la cama, sin camiseta, sepultado bajo una montaña de apuntes. Liam, con el pelo húmedo por la ducha y en calzoncillos, rebuscando ropa en el armario. No dije nada. Simplemente cerré la puerta y me tiré en la cama, al lado de Nate, que ni se inmutó.

Me quedé mirando el techo un segundo. Y solté la bomba.

—Me he acostado con Mel.

El efecto fue inmediato. Liam se quedó congelado, con el pantalón a medio poner, y Nate levantó la vista de los apuntes como si hubiera escuchado la explosión de una granada en el pasillo.

—¿Perdona? —dijo Liam, mirándome con los ojos como platos.

—Lo que has oído.

—¿Melani West? ¿Nuestra princesa? —añadió Nate, incorporándose.

—¿Qué otra Melani conoces?

Sentía que la había cagado. No era ni caballero ni nada. Era un puto mierda que no estaba a la altura de mi dama.

—Vale, creo que voy a desmayarme. —Nate se pasó una mano por la cara.

—Eso mismo pensé yo anoche cuando la toqué —confesé.

No podía sacármelo de la cabeza. La forma en que sus paredes habían apretado mi polla cuando se corrió, cómo me había suplicado que me quedara dentro, el sonido que hizo al romperse.

Joder.

Había tenido sexo muchas veces, pero había sido sucio, bestia y vulgar.

Chicas de la calle, encuentros rápidos en sitios de mierda.

Y nunca me había importado, porque yo solo follaba para descargar la tensión de las pelotas.

Y me encantaba que fuera así porque ¿quién coño quiere el amor cuando apenas se quiere a sí mismo?

Peor aún, ¿quién coño puede enamorarse siendo un puto pringado que solo sabe robar y pelear y no tiene dónde caerse muerto?

Eso del amor no existía en mi mundo de mierda. Supongo que el hecho de haberme criado en un piso lleno de putas y politoxicómanos tenía algo que ver. Había visto tanta basura allí que cuando fui captado por las bandas de Islington tampoco me pareció para tanto.

Mi primer contacto sucedió a los trece años.

Los miserables para los que trabajaba por un puto plato de comida caducada al día me obligaron a perder la virginidad con una prostituta de cuarenta años.

Lo más humillante fue que me tocó follármela delante de todo el grupo de matones porque, si me negaba, iban a darme la paliza de mi vida.

Eso quizá había influido muchísimo en la percepción que yo tenía del sexo. Pero jamás en la vida imaginé que le haría el amor a alguien. Que sería capaz de adorar el cuerpo de una mujer con cada centímetro del mío.

—Podríais decir algo —murmuré.

—Hermano, fuiste con la intención de estudiar sintaxis y has vuelto desvirgado emocionalmente. Danos tiempo para procesarlo —dijo Liam antes de sentarse en su cama, a medio vestir.

—Me desvirgó emocionalmente en cuanto apareció en mi maldito campo de visión, Liam. Y eso sucedió hace meses.

Pero eso ellos ya lo sabían.

Justo en ese momento la puerta se abrió y entró Noah. Se detuvo al ver el cuadro: los tres mirándolo en silencio absoluto. Frunció el ceño, detectando la emergencia, cerró la puerta y se apoyó en ella.

—¿Qué pasa?

—Se ha acostado con Mel —informó Nate, todavía estupefacto.

Noah pestañeó, aturdido.

—La madre que te parió —soltó, sentándose al lado de Liam.

Porque claro, cuando me aconsejó que la cortejara, follar a la mínima de cambio no era exactamente la idea que tenía en mente.

—Técnicamente no la conozco —ironicé para aliviar la tensión.

Aunque se me pasó por la mente que la cabrona de mi madre podría haberme abortado. Así habría librado al mundo de tanta estupidez.

Noah se frotó la frente.

—A ver, que yo me entere. ¿Cuándo dices que te has acostado con Mel, te refieres a sexo?

Asentí.

—¿Con nuestra Melani, la que dice «por Dios» cuando Anthony habla de tetas?

—No me miréis como si hubiera profanado una capilla.

Me incorporé, sintiéndome aún más hecho mierda.

—Un poco sí lo parece. Aunque Melani, más que una capilla, es como la abadía de Westminster —añadió Nate.

—Eso, tú méteme más presión.

—¿Estás bien? —preguntó Liam con tono suave.

—Sí. Creo. Ah… No lo sé.

Me cubrí la cara con las manos.

—¿Cómo que no lo sabes? —Se extrañó Nate.

—Porque esta mañana estaba rara. Y yo también. Había tostadas. Y canciones románticas. Y noticias sobre impuestos. Y yo solo podía pensar en besarla de nuevo y follármela como un animal.

—Mel es muy delicada para eso… —empezó Noah.

—También me arañó la espalda como si quisiera dejar constancia notarial.

—¡Hostia! —soltó Liam con una carcajada.

—No quería saber eso y a la vez sí. —Nate sonrió de medio lado.

Las imágenes volvieron a mi mente. Ella diciendo que quería aprender, que tenía miedo de no hacerlo bien, y yo haciendo malabarismos para no correrme como un principiante porque ella no solo lo hizo bien, sino que fue un puto espectáculo.

—Podríais decir algo, no sé, que soy un bruto o un gilipollas.

Buscaba la reprimenda que aliviara mi culpa.

—Estoy… ordenando mis pensamientos —expuso Noah.

—El maldito Tinder tiene la culpa. Le propuse ayudarla con esa mierda de los diez cuerpos y acabamos… ya sabéis.

—Follando. Puedes decirlo —sentenció Liam.

—Para mí no fue follar. Os juro que eso fue… Casi se me escapa que la amo cuando la vi deshaciéndose en mis brazos… Yo no quería esto. Parece que me ofrecí a ayudarla para aprovecharme. No me arrepiento de lo que ha pasado, sino del cómo. Me habría gustado ser más… noble.

—La nobleza es una mierda si no escucha a la otra persona. ¿Tú la escuchaste? —preguntó Noah.

—Por supuesto.

—¿Le preguntaste?

—Todo el tiempo.

—¿Ella estaba de acuerdo y participó?

—Sí.

—Entonces tu problema no es que fueras un cabrón, sino que estás absolutamente enamorado y te da vergüenza que ella haya podido descubrirlo.

Y se quedó tan a gusto porque sabía que tenía razón.

—No creo que sea sano quererla de esta manera…

—¿Cómo? —preguntó Liam.

—Como si ya fuera mi compañera. Joder, es que la miro e imagino cosas que no debería…

No busco solo acostarme con ella o ser su amigo o, en el mejor de los casos, su novio.

Con lo que yo sueño es con… su taza en nuestra cocina, su ropa en una silla.

Despertarme abrazado a su cintura y robándole besos en el cuello…

Críos con sus ojos. Ah, he perdido la cabeza…

—Pero eso es precioso, Connor… —Nate parecía conmovido.

—Y aterrador.

—Las dos cosas pueden ser verdad —asintió Liam.

—No te aprovechaste, Connor —zanjó Noah.

—Créeme, eso no lo sabemos. No tenemos ni puta idea de lo que ella está pensando. Perdí la cabeza. Soy exactamente el tipo de hombre del que estaba intentando protegerla. Le dije que conmigo estaría segura. Y luego la miré como si fuera… todo.

—¿Y qué esperabas, mirarla como si fuera una hoja de cálculo? —protestó Nate—. Eres idiota si crees que por acostarte con ella te has convertido en un capullo.

—Estoy de acuerdo —dijo Noah.

—¿Y qué hago ahora, chicos? He tenido la brillante osadía de desafiarla al despedirnos.

—Define «desafiar» —quiso saber Liam.

—Le ofrecí diez polvos. Así que ahora quedan nueve y me encargué de recordárselo. Literalmente.

Los tres me miraron con cara de circunstancias.

—A ver, como concepto, tiene fuerza. —Intentó salvarme Nate.

—Eres idiota —dijeron Noah y Liam al unísono.

—Gracias.

—Dime al menos que sonrió —pidió Noah.

—Y también se ruborizó. Sí.

—¡Vamos, es un idiota con posibilidades! —exclamó Nate con optimismo.

—Vale. El plan. —Liam tomó las riendas dando una palmada—. Ahora no haces nada espectacular. No huyes. No la persigues. No te pones noble. Solo trátala normal, pero un poco mejor.

Normal.

Como si con Melani West pudiera existir algo parecido a la normalidad.