Mujer peligrosa (Ficción Lésbica) Capítulo 15
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Capítulo 15

Zaira Myrin

Kate estaba dentro de la ducha, debajo del chorro de agua, echando vapor por los poros mientras el barro y la sangre seca de la fosa se le escurrían por las piernas hasta el desagüe. Se apoyaba contra los azulejos con los ojos cerrados; parecía algo agotada.

Me acerqué a la mampara sin quitarme la ropa. Cogí la pastilla de jabón, me enjaboné las manos y metí los brazos bajo el agua para empezar a lavarla. Le pasé las manos por la espalda, quitándole el barro de los hombros y acariciándole las costillas llenas de moratones.

—Estoy bien, nena. Puedo yo sola.

—Cállate y déjame hacerlo a mí —me negué a separarme de ella en ese momento.

Le aclaré el pelo negro hasta que quedó limpio.

Bajé las manos por su vientre y fui directo a su entrepierna.

Le abrí las piernas con el muslo y le metí dos dedos entre los labios empapados, frotándole el clítoris sin rodeos.

Kate soltó un gemido sordo contra el azulejo y me agarró de la muñeca, echando la cabeza hacia atrás.

—¿No eras tú la que estaba a punto de desmayarse hace media hora, pelirroja? —murmuró con la voz ronca, buscando mi boca desde la ducha para darme un beso profundo y caliente.

—Necesito sentirte bien antes de que enfrentes al hijo de puta que tiene a Lily —le contesté contra los labios.

Aceleré el ritmo dentro de ella. Kate abrió más las piernas, respirando a tirones, hasta que se apretó contra mi mano y se corrió con un espasmo violento, mordiéndose el labio inferior para no gritar. Se quedó pegada a mi hombro unos segundos, recuperando el aliento mientras el agua la salpicaba.

Salió de la ducha y la sequé con la toalla.

El plan exigía un cambio radical: no podía entrar vestida de motera.

El tipo miserable del mensaje esperaba que Rossi enviara a una chica nueva para cerrar el trato o sustituir a Lily.

Teníamos que vender a Kate como una puta de lujo o una actriz porno que solucionaría todos los problemas que le causó la chica del italiano.

Elijah consiguió un vestido rojo ajustado con un escote muy pronunciado. También había unas medias negras y unos tacones con los que Kate rondaba el metro ochenta.

—Me siento incómoda. No me gusta ir con tacones —protestó Kate, poniendo los ojos en blanco—. El vestido está bien, no me molesta, pero los tacones…

—Es el único disfraz que se van a tragar —le respondí, obligándola a meterse en el vestido—. Piensan que Rossi envía mercancía fresca. Tienes que parecer una actriz porno cara o una de las chicas del club que sabe perfectamente a lo que va.

Le subí la cremallera.

Le recoloqué el pecho en el escote, le ajusté las medias y le puse los tacones. Al erguirse, Kate se veía espectacular: alta, provocativa y con una mirada de depredadora que daba miedo y, a la vez, te ponía cachonda.

—Tienes una cara de pánico que no puedes con ella, pelirroja —me dijo con suavidad, tomándome de la barbilla con sus dedos largos.

—Estoy aterrorizada, Kate. Te vas a meter allí sin tu chaqueta, sin tus botas y casi desnuda. No quiero perderte.

—No me vas a perder —me atrajo por la cintura, pegándome a su cuerpo—. El vestido no me quita la fuerza ni las ganas de destrozar a quien toque a Lily. Sabes de sobra que puedo con cualquier bastardo que se me cruce, vaya en tacones o en vaqueros.

—Prométemelo. Entras, finges ser la chica del trato, confirmas que Lily sigue viva y esperas a que cortemos la luz.

—Te lo prometo por mi moto, Zaira. Y sabes que para mí eso es sagrado.

Saqué el neceser de maquillaje. Le puse una capa de base para cubrirle las marcas, le remarqué los ojos con lápiz negro y le pinté los labios con un rojo intenso. Le despeiné el pelo negro sobre los hombros. Parecía una diosa salvaje lista para un rodaje.

—Estás increíble —le dije, mirándola a la cara.

—Y tú estás loca por dejarme ir así —sonrió de lado, rozándome los labios.

Nos dimos un último beso. Nos manchamos la boca de pintalabios rojo, apretándonos con una desesperación íntima y real.

Kate se guardó una navaja en la liga de la media izquierda y una mini pistola compacta bien encajada entre los pechos, disimulada bajo el escote.

Bajamos al garaje del edificio.

Kate se montó en la Harley con el vestido subido por los muslos y los tacones apoyados en los estribos, dejándome con la boca abierta y el sexo tembloroso.

—Nos vemos en un rato, nena —me dijo antes de acomodarse el casco.

Le dio una patada al arranque, el motor rugió por todo el garaje y salió disparada hacia Throttle Point, directa al peligro.

Me quedé en la rampa viéndola perderse en la calle. Elijah se puso a mi lado y me tocó el hombro con cuidado.

—Tranquila, Zaira. Kate es una mujer fuertísima, sabe cuidarse sola. Vamos a recuperar a Lily, te lo prometo.

Asentí en silencio, me limpié el carmín de la comisura con la manga y me subí a la furgoneta para seguirla.

Era el momento de actuar.