Mujer peligrosa (Ficción Lésbica) Capítulo 7
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Capítulo 7

Zaira Myrin

La habitación del motel se volvió pesado en cuanto cerramos la puerta tras de nosotras.

Elijah avanzó hacia el centro del cuarto, se quitó la chaqueta de cuero con un movimiento brusco y la tiró sobre el único sillón de la esquina.

Luego se giró hacia nosotras, cruzó sus gruesos brazos sobre el pecho y nos miró con una seriedad que no dejaba espacio para bromas.

—He hablado con Oliver mientras estabais en el restaurante. Los Bandoleros vienen ahora mismo. En cuanto lleguen, volveréis a Nubertón. No os podemos poner en peligro. El cabrón de Leonardo es más peligroso de lo que imaginábamos.

Cuando dejó bien claro que Kate y yo teníamos que volver, las imágenes de la casa de Leonardo, el olor a humedad y el rostro aterrorizado de Lily… me dejaron atemorizada. Ella seguía allí, atrapada en ese infierno, sin nadie que diera la cara por ella.

No podía abandonarla.

Prometí que volvería a por ella.

—¡No! ¡No podemos irnos todavía! —protesté de inmediato, dando un paso hacia él—. ¡Tenemos que buscar a Lily! ¡Sigue encerrada en esa casa! Los hombres de Leonardo se la llevaron antes de que yo pudiera salir corriendo. No puedo dejarla atrás.

—Pelirroja —intentó tranquilizarme, pero no lo consiguió.

—La abandoné, Kate. La dejé sola. Tenemos que volver. Nos necesita.

Elijah negó con la cabeza de forma tajante.

—Lo lamento muchísimo, Zaira, pero ahora mismo nuestra prioridad es mantenerte protegida. Cuando me reúna con los demás, iremos a buscarla. Lo prometo.

—¡La matarán! —terminé alzando la voz y noté cómo se me llenaban los ojos de lágrimas por la rabia y la impotencia que sentía—.

No puedo permitir que le pongan la mano encima.

Lily me necesita. Nos necesita —repetí una y otra vez—.

Ojitos bonitos —me acerqué hasta la morena y acuné su dulce rostro con mis manos—, tú tienes armas.

Tienes experiencia. Podemos sacarla de allí antes de que se la lleven a otro sitio. Os lo suplico.

Estuve a punto de arrodillarme ante ellos, pero Kate me detuvo.

Y Elijah siguió con la cabeza.

—Sé que eres una chica lista, Zaira. Así que piensa en ella.

Si vamos, disparamos y los acorralamos, se verán amenazados y la matarán.

Y no es lo que queremos, ¿verdad? El tiroteo de la calle ha puesto en alerta a toda la escolta de Leonardo.

Para estas horas habrán pedido refuerzos a los clanes vecinos.

Esa mansión debe de estar atestada de matones armados hasta los dientes, esperando que cometamos la estupidez de volver.

No voy a poner en riesgo la vida de Kate, ni la tuya, ni la mía, ni la de nadie.

Volveremos a por Lily cuando tengamos el perímetro controlado.

—¡Es mi amiga!

—Y lo lamento por ella, de verdad —dijo Elijah, bajando un poco el tono, pero manteniendo la firmeza en su postura—.

Pero mi trabajo es proteger a la gente de mi club y sacarte a ti con vida hacia Nubertón.

La decisión está tomada. Ahora mismo lo único que vamos a hacer es descansar unas horas hasta que llegue Oliver.

—Escucha a Elijah, pelirroja. Solo quieren cuidarte y, cuando controlen a la verdadera amenaza, irán a por Lily.

—Kate…

Ella me abrazó para tranquilizarme.

Y no me vi capaz de renunciar a su calor, así que la abracé con todas mis fuerzas.

—Te prometo que volveremos a por ella cuando los chicos nos respalden. ¿Confías en mí, pelirroja?

Por supuesto que confiaba en ella, pero tenía miedo de que todo fuera demasiado tarde.

Miré al hombre una vez más y decidí aceptar su decisión. El verdadero problema surgió cuando los tres tuviéramos que compartir la misma cama.

—No hay más sitio —dijo Elijah, señalando el colchón—. No voy a dormir en el suelo con la moqueta llena de mierda teniendo una cama donde cabemos los tres. Así que espero, señoritas, que durmamos de una vez.

Sin dar opción a réplica, se tumbó en la parte derecha del colchón, de espaldas a nosotras y pegado al borde, dejando un espacio en el centro y a la izquierda.

Kate suspiró, se quitó las botas con cansancio y se acomodó en el lado izquierdo.

Yo, temblando ligeramente por la mezcla de frío y miedo, me deslicé en el medio, quedando atrapada entre el cuerpo musculoso de Elijah y la presencia magnética de Kate.

La penumbra volvió a adueñarse de la habitación cuando Elijah apagó la lámpara de la mesita de noche. El único sonido era el zumbido constante del aire acondicionado y el pulso agitado de mi propio pecho.

No podía dormirme.

La cercanía de Kate actuaba como un imán para cada uno de mis sentidos. Su calor corporal atravesaba la sábana, recordándome de forma inevitable todo lo que habíamos compartido en esa misma cama apenas unas horas antes y todo lo que casi había vuelto a estallar en el restaurante.

Despacio, con un movimiento casi imperceptible para no hacer ruido, me giré sobre el costado, apoyando la mejilla en la almohada y deslizándome hacia ella hasta que la punta de mi nariz rozó la tela de su camiseta.

Kate se tensó al instante.

Podía sentir el ritmo acelerado de su respiración contra mi rostro.

—¿Te encuentras mal? —susurró Kate contra mi oído, con una voz tan baja y cautelosa que pareció un soplo de aire.

—No. Solo quería respirar tu perfume y recordar lo que pasó entre nosotras hace un rato. Quería sentir tu piel antes de quedarme dormida.

Kate tragó saliva en la oscuridad, y pude notar cómo se le erizaba el vello del brazo. Pero antes de que pudiera responder, la voz de Elijah retumbó desde el otro lado de la cama.

—Chicas, por favor. Hablaba en serio con el tema de descansar.

Nos quedamos inmóviles durante unos segundos.

El silencio regresó a la estancia, pero la corriente de electricidad que nos unía a Kate y a mí no hizo más que aumentar.

Me acerqué un milímetro más, dejando que mi mano buscara la suya por debajo de la sábana.

Al encontrar sus dedos largos, me deslicé suavemente sobre su piel hasta rozar la cara interna de sus muslos por encima del pantalón, recordando la forma en que me había salvado de la locura.

Me incliné hacia su oído y le susurré con una mezcla de provocación y ternura que me nació del fondo del pecho:

—Me gusta el corazón que tienes entre tus piernas…

Kate ahogó un jadeo en su garganta, intentando apartar mi mano con poca convicción, pero el movimiento del colchón no pasó desapercibido.

—Eres una chica mala que viste con una chupa de cuero, pero después eres tan dulce y delicada que has grabado ese corazoncito en tu piel.

—Pelirroja…

—Dejad de hablar y dormir un rato, por favor.

Kate aprovechó el aviso de Elijah para alejarse un par de centímetros, aunque sus ojos me buscaban entre las sombras. Estaba enfadada, pero no por las burlas de Elijah, sino por algo mucho más profundo que llevaba guardado desde hacía meses.

—No es el momento… deja de provocarme, porque soy la primera que se muere de ganas de tocarte.

—¿Serías capaz de follarme con tu amigo al lado?

—¡Chicas!

Ignoramos su advertencia y esperé una respuesta de ojitos bonitos.

—Te habría atado en mi cama desde el día que me diste la espalda, Zaira.

Decidiste desaparecer. No me diste una oportunidad.

No quisiste conocerme. Y, ahora, creo que estás jugando conmigo porque es la forma de tenerme comiendo de tu mano.

Soy débil, pelirroja. Por eso te he pedido que no juegues conmigo.

Se giró ligeramente hacia el lado contrario, dándome con el hombro, y me soltó una respuesta cargada de una frialdad que me atravesó el pecho como una daga:

—Y no sé por qué me ignoraste. Tampoco buscaba nada serio contigo.

Sus palabras me dolieron tanto que me oprimió el corazón, dejándome sin aire.

Quise replicar, quise decirle que sabía que mentía, que la forma en que me miraba, en que me había tocado y en que me defendía de todos decía exactamente lo contrario.

Pero me tragué el nudo en la garganta y me quedé en silencio, escuchando cómo la distancia emocional entre las dos se volvía de pronto más infranqueable que la distancia física.

Pasaron diez o quince minutos eternos. El ambiente en la habitación se fue calmando poco a poco. La respiración de Kate se volvió pausada y profunda, mientras que desde el otro lado de la cama comenzó a llegar el sonido pesado de los ronquidos de Elijah.

El motero se había quedado profundamente dormido al fin.

Era mi última oportunidad.

Me giré despacio hacia Kate.

No podía irme a Nubertón dejando a Lily a su suerte. No podía permitir que la destruyeran como casi me destruyen a mí. Y sabía, con una certeza absoluta, que la única persona en este maldito mundo capaz de hacerle frente a Leonardo y salirse con la suya era la mujer que tenía a mi lado.

Avancé en la penumbra hasta quedar a escasos milímetros de su cara. Kate no estaba dormida; lo supe por la forma en que sus pestañas temblaron ligeramente al sentir mi presencia tan cerca.

Sin pedir permiso, me incliné y pegué mis labios a los suyos.

Fue un beso suave y lento que buscaba deshacer la frialdad con la que me había hablado minutos antes.

Sentí cómo Kate abría un poco los labios bajo los míos, rindiéndose por un segundo al instinto, y cómo su respiración se entrecortaba en un suspiro ahogado mientras sus manos buscaban instintivamente mi cintura para atraerme más hacia ella.

Cuando me aparté despacio, rompiendo el contacto apenas a un milímetro de su boca para que pudiera sentir el calor de mi aliento agitado contra el suyo, la miré directamente a los ojos.

—Por favor… —le susurré, dejando que una lágrima traicionera se me escapara por la mejilla e impactara en su pómulo—. Por favor, Kate… ayúdame a ir a por Lily. No me pidas que la abandone. No puedo hacerlo sin ti.