Muerte entre castaños (Los misterios de Valdecerezos 2) Capítulo 29 #2
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Capítulo 29 #2

La mujer se aproximó medio paso.

—¿Es verdad lo de Óscar?

Conchi sostuvo su mirada.

—¿Qué cosa?

—Que la Guardia Civil ha vuelto a llamarlo. Dicen que han estado por su casa y que esta mañana...

—Carmen.

La otra mujer se detuvo.

—¿Qué?

—No sé qué está haciendo la Guardia Civil y, aunque lo supiera, no me correspondería contártelo.

Carmen frunció los labios.

—Entonces sí sabes algo.

—Eso no es lo que he dicho.

—Pero está pasando algo.

Conchi miró un instante hacia el ayuntamiento.

—Desde que murió Berta están pasando muchas cosas.

—Ya sabes a qué me refiero.

—Y tú sabes lo que te estoy contestando.

Carmen la observó con una mezcla de curiosidad y frustración.

—Todo el mundo dice que ahora están mirando a Óscar.

—Todo el mundo ha pasado una semana mirando a alguien distinto cada dos días.

La respuesta la hizo callar durante un momento.

—Esta vez parece más serio.

—Puede parecer lo que quiera. Si hay algo que tenga que hacerse público, lo comunicará quien corresponda.

Carmen suspiró.

—Últimamente no hay quien te saque nada.

Conchi sonrió apenas.

—Voy aprendiendo.

No esperó otra pregunta y continuó hacia casa.

El encuentro le dejó una sensación diferente a la de otros rumores.

Cuando las sospechas habían recaído sobre Andrés, Marta o Diego, el pueblo había construido historias a partir de frases, discusiones o deudas que eran reales, aunque no significaran lo que muchos querían que significaran.

Ahora empezaban a percibirse movimientos de la Guardia Civil alrededor de Óscar, pero nadie fuera de la investigación sabía qué representaban ni hasta dónde habían llegado.

Ella conocía más que Carmen.

Sabía que Las Eras era falso, que Óscar aparecía en El Cruce a las 17:07 y que Berta estaba viva a las 16:27. Sabía también que una medición neutral podía hacer visibles alteraciones que Berta ya no quería seguir tolerando.

Eso no le daba derecho a convertir esas piezas en una noticia.

Al llegar a casa encontró un mensaje de Álvaro pidiéndole que lo llamara cuando pudiera. Dejó las bolsas de la compra sobre la mesa de la cocina y marcó su número.

—¿Qué pasa?

—Quería comprobar una cosa contigo. ¿Marta llegó a explicarte qué pretendían revisar exactamente en la reunión que tenía prevista con Berta?

La coincidencia hizo que Conchi se sentara.

—Acabo de encontrarme con ella delante del ayuntamiento.

—¿La buscaste tú?

—No. Y antes de que preguntes, tampoco la interrogué.

Álvaro dejó escapar una risa breve.

—Entonces cuéntame qué te ha dicho.

Conchi resumió la conversación sin añadir conclusiones: documentación antigua, fotografías, referencias físicas sobre el terreno, una medición neutral y el deseo de dejar por escrito una delimitación que no dependiera de los recuerdos enfrentados de ambas familias.

También le contó que Marta había confirmado el cansancio de Berta respecto a los arreglos que Óscar realizaba por su cuenta.

Álvaro escuchó hasta el final.

—Eso coincide con lo que tenemos.

Conchi apoyó un brazo sobre la mesa.

—Entonces esa medición podía hacer visibles las alteraciones.

—Podía mostrar discrepancias entre referencias anteriores y la situación reciente.

—Que viene a ser bastante parecido.

—Parecido. Pero no exactamente lo mismo.

Conchi sonrió.

—No esperaba menos de ti.

Hubo un breve silencio antes de que formulara la pregunta que llevaba rondándole desde que había visto la carpeta de Marta.

—¿Eso os ayuda a entender el motivo?

Álvaro tardó unos segundos en responder.

—Ayuda a entender por qué la decisión de Berta podía tener importancia para alguien que hubiera intervenido deliberadamente en esas alteraciones.

La frase estaba cuidadosamente construida, aunque Conchi comprendió perfectamente lo que contenía.

—Si alguien había estado moviendo referencias y alimentando la disputa, una medición neutral podía dejar de convertir aquello en una pelea de versiones y mostrar cambios concretos.

—Sí.

—Y si la misma persona estaba detrás de varios de esos cambios, el final del conflicto podía perjudicarla.

—Podía.

Conchi recordó la mentira de Las Eras y todo lo que había ido acumulándose alrededor de Óscar.

—Pero eso sigue sin demostrar la muerte.

—Exactamente. Un posible móvil ayuda a entender por qué una situación podía volverse importante para alguien, pero no demuestra qué hizo esa persona. Si empezamos por la razón que nos parece más convincente y después hacemos encajar los hechos a la fuerza, estaríamos trabajando al revés.

Aquello era precisamente lo que la medición neutral aportaba en ese momento: contexto, no resolución.

—El pueblo ya empieza a notar que estáis haciendo más cosas con Óscar —dijo Conchi.

Álvaro guardó un breve silencio.

—¿Qué has oído?

—Que lo habéis vuelto a llamar, que habéis estado en su casa y unas cuantas versiones que probablemente serán mucho mejores dentro de una hora.

—No confirmes ninguna.

—No pensaba hacerlo.

—Te lo digo especialmente ahora.

El tono hizo que Conchi dejara de bromear.

—¿Ha cambiado algo?

—Estamos haciendo las actuaciones que corresponden con la información que tenemos. No necesitas conocer los detalles.

La respuesta no le decía nada concreto, pero sonaba distinta de las que había recibido unos días antes.

—Vale. No necesito saberlos.

—Y si alguien te pregunta por Óscar, limítate a decir que no tienes nada que contar.

—Eso es exactamente lo que acabo de hacer con Carmen.

—Bien.

—No pareces sorprendido.

—Estoy dispuesto a reconocer tus progresos.

Conchi sonrió.

—No abuses.

La conversación terminó poco después.

Mientras guardaba las compras, volvió a pensar en la carpeta de Marta.

Una revisión independiente podía hacer algo mucho más incómodo que decidir dónde terminaba una finca y comenzaba la otra: podía reunir fotografías, mediciones y posiciones antiguas hasta mostrar que algunos episodios que habían mantenido vivo el conflicto no eran simples accidentes ni el resultado inevitable de dos familias incapaces de entenderse.

Berta estaba dispuesta a permitir esa comparación.

A las 16:27 del día de su muerte todavía planeaba hacerlo.

Óscar había estado con ella aquella tarde y después había mentido sobre una parte concreta de su recorrido.

Por primera vez, un posible motivo empezaba a encajar con las contradicciones que ya existían, aunque Conchi sabía que una explicación convincente no podía ocupar el lugar de las pruebas que todavía correspondía reunir a la Guardia Civil.

Desde el salón llegó el ruido de Lili rascando la manta antes de acomodarse. Conchi dejó las llaves sobre la mesa, guardó el último paquete en el armario y puso el teléfono boca abajo junto al frutero.

Fuera, Valdecerezos seguiría hablando.

Aquella mañana, ella no tenía nada que añadir.