Muerte entre castaños (Los misterios de Valdecerezos 2) Capítulo 28
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Capítulo 28

A las nueve de la noche, Conchi había decidido que no iba a hacer nada más útil aquel día.

Había cenado, dejado la cocina recogida y colocado una manta sobre el respaldo del sofá con la intención de ver una película que llevaba semanas posponiendo.

Lili dormía cerca del radiador, completamente ajena a horarios, mensajes y a cualquier otra preocupación que no pudiera resolverse con comida o un paseo.

La película llevaba menos de diez minutos cuando sonó el teléfono.

Conchi miró la pantalla y vio el nombre de Álvaro.

—No me digas que son otros cinco minutos.

—Esta vez no.

Había algo en su tono que hizo que bajara el volumen del televisor.

—¿Qué pasa?

—Hemos terminado unas comprobaciones sobre la versión de Óscar.

Conchi dejó el mando sobre el sofá y se incorporó un poco.

Desde la conversación de aquella tarde con Lucía, la hora de las 16:27 había quedado instalada en su cabeza con una precisión incómoda.

A esa hora Berta seguía viva y había escrito a Marta para confirmar la reunión de la mañana siguiente.

Óscar, por su parte, sostenía que había salido de Valhondo alrededor de las cuatro y veinte, había ido después a Las Eras para realizar un pequeño trabajo y había terminado más tarde en El Cruce.

Hasta entonces, Conchi solo conocía una secuencia contada por él y una compra real cuya hora la Guardia Civil había decidido reservarse.

—Dime.

—Empezamos por Las Eras. El trabajo que Óscar afirma haber hecho allí no se realizó ese día.

La respuesta fue tan directa que Conchi tardó un instante en reaccionar.

—¿Eso está comprobado?

—Sí. La persona para la que supuestamente iba a hacer el trabajo no lo sitúa allí ese miércoles y tenemos otras comprobaciones que tampoco encajan con lo que contó.

Conchi cogió el mando y apagó definitivamente el televisor.

—Entonces esa parte de su versión es falsa.

—Sí.

Durante los últimos días había escuchado continuamente expresiones como no está confirmado , no tenemos respaldo suficiente o es una versión que hay que comprobar .

Aquella noche era diferente. Ya no estaban hablando de una ausencia de datos ni de un recuerdo impreciso: Óscar había situado una actividad concreta en Las Eras y la Guardia Civil había comprobado que no ocurrió.

—¿Os ha explicado por qué dijo que estuvo allí?

—Estamos hablando con él y haciendo nuestro trabajo. No voy a entrar en eso.

Conchi reconoció el límite y no insistió.

Álvaro dejó transcurrir unos segundos antes de continuar.

—Hay otra comprobación que debes conocer porque afecta a la misma secuencia. La compra de El Cruce está registrada a las cinco y siete.

Conchi permaneció quieta.

—¿A las 17:07?

—Sí. Su presencia allí a esa hora está suficientemente acreditada.

La hora se colocó casi sola junto a las demás.

Berta había escrito a Marta a las 16:27, Diego llegaría a Valhondo alrededor de las 17:28 y Óscar estaba en El Cruce a las 17:07.

El supuesto trabajo de Las Eras, que hasta entonces ocupaba parte del espacio entre unas horas y otras, acababa de desaparecer.

—Entonces hay un tramo que no está explicado.

—Hay una parte de la versión de Óscar que sabemos que es falsa y un intervalo anterior a El Cruce que no queda respaldado por lo que él contó.

Conchi comprendió la diferencia. Saber que Óscar había mentido sobre Las Eras no permitía colocar automáticamente otra actividad en aquel espacio. La mentira abría una pregunta, pero todavía no proporcionaba la respuesta.

—Y antes de que empieces a hacer cuentas —añadió Álvaro—, la presencia en El Cruce a las 17:07 tampoco te dice dónde estuvo durante todos los minutos anteriores.

Conchi sonrió.

—Ya estaba llegando yo sola a esa conclusión.

—Me alegro.

—No hace falta que parezcas tan sorprendido.

Escuchó una risa al otro lado y, un segundo después, la voz de Lucía.

—No está sorprendido. Está emocionado.

Conchi arqueó las cejas aunque ninguno pudiera verla.

—¿También estás ahí?

—Sí.

—Empiezo a pensar que no sabéis trabajar por separado.

—Nos organizamos para molestarte mejor —respondió Lucía.

La broma alivió un poco la conversación, aunque el dato que acababan de darle seguía pesando demasiado para desaparecer detrás de ella.

Conchi se levantó del sofá con el teléfono en la mano y fue hasta la cocina. Lili abrió los ojos al verla pasar, pero decidió que aquella actividad no justificaba levantarse y volvió a apoyar la cabeza sobre la manta.

—Quiero comprobar que lo estoy entendiendo bien —dijo Conchi al llegar a la mesa—. Óscar sostiene que salió de Valhondo hacia las cuatro y veinte, después dice que hizo un trabajo en Las Eras y sabemos que a las cinco y siete estaba en El Cruce.

—Sí —respondió Álvaro.

—Berta estaba viva a las cuatro y veintisiete.

—Sí.

—Y el trabajo de Las Eras no existió.

—No ese día.

Conchi apoyó una mano sobre el respaldo de una silla.

—Por tanto, una parte de la historia que utilizaba para explicar dónde estuvo después de ver a Berta no es cierta.

—Eso puedes decirlo.

—Pero no puedo decir que siguiera en Valhondo, ni que estuviera con Berta durante todo ese tiempo, ni que la mentira tenga necesariamente que ver con su muerte.

Lucía intervino enseguida.

—Exactamente. Ahora tienes una falsedad comprobada dentro de su cronología. Eso es importante, pero no convierte en hechos las cosas que todavía no sabemos.

Conchi permaneció unos segundos en silencio.

Aquella diferencia habría resultado mucho más frustrante unos días atrás.

La tentación habría sido rellenar inmediatamente el intervalo: si Las Eras no existía, Óscar tenía que haber estado en otro lugar; si había mentido, debía de estar ocultando algo; y si Berta había muerto durante esa franja, resultaba demasiado fácil decidir qué ocultaba.

Ahora comprendía que precisamente por parecer tan sencillo convenía no dar aquel salto.

—Supongo que sabéis lo que voy a preguntaros.

—Probablemente —dijo Lucía.

—¿Cuánto se tarda de Valhondo a El Cruce?

—No necesitas calcularlo tú.

Conchi dejó escapar una risa.

—Ni siquiera me has dejado terminar.

—Porque sabemos recorrer carreteras sin tu ayuda.

—Qué carácter.

Álvaro retomó la conversación.

—Las distancias y los tiempos los estamos comprobando nosotros. Lo importante para ti es que entiendas qué ha cambiado respecto a lo que sabías esta mañana.

Conchi se sentó a la mesa.

Hasta aquella tarde, la historia de Óscar había resultado plausible precisamente porque estaba formada por lugares ordinarios y actividades que no despertaban sospechas por sí mismas.

Había visitado a su tía, había ido a realizar un trabajo y después había comprado algo en El Cruce.

Contada de esa manera, la tarde parecía ocupada y completamente corriente.

Ahora una de aquellas piezas había desaparecido.

—Ha cambiado que ya sé que no contó toda la verdad sobre esa tarde.

—Sí —respondió Álvaro—. Eso está bien formulado.

—Y que El Cruce no es una coartada para todo lo anterior. Solo demuestra que estaba allí a las 17:07.

—También.

—Lo demás sigue necesitando explicación.

—Sí.

Conchi pasó la mano lentamente por la superficie de la mesa. No necesitaba apuntar ninguna hora porque sabía que aquella no se le olvidaría.

—¿Óscar sabe que habéis comprobado Las Eras?

Hubo un instante de silencio.

—Eso ya pertenece a nuestras conversaciones con él —respondió Álvaro.

—Era una pregunta razonable.

—Y esa es una respuesta razonable.

Conchi sonrió.

—Sois desesperantes.

—Sobrevivirás —dijo Lucía.

Podría haber insistido. Podía preguntar si habían vuelto a citarlo, si su actitud había cambiado o si la mentira de Las Eras modificaba ya la manera en que lo consideraban dentro de la investigación.

Sin embargo, ninguna de aquellas respuestas le correspondía y, además, había aprendido algo importante durante la última semana: saber qué pregunta podía hacer no significaba que necesitara hacerla.

—De acuerdo. No pregunto más.

El silencio al otro lado duró lo suficiente para que Conchi frunciera el ceño.

—No os acostumbréis.

—No pensábamos hacerlo —respondió Lucía.

Conchi se echó a reír.

Álvaro cambió ligeramente de tono.

—Hay una razón por la que queríamos contártelo. Tú conoces varias de las discrepancias que han ido apareciendo alrededor de Óscar y es posible que mañana empiecen a circular comentarios. Si alguien te pregunta por Las Eras o por sus horarios, no confirmes nada.

—No pensaba hacerlo.

—Ni siquiera si la información empieza a circular por otros lados.

—Álvaro, lo he entendido.

Conchi reconoció aquella insistencia. La semana anterior quizá le habría resultado ofensiva; ahora sabía que no se trataba de desconfiar de ella, sino de una consecuencia bastante lógica de la situación que se había creado en Valdecerezos.

Había gente que le contaba cosas esperando que las repitiera, otros que dejaban de hablar cuando aparecía y algunos que parecían asumir que mantener una conversación con ella equivalía de alguna forma a acercarse a la Guardia Civil.

Con una mentira comprobada dentro de la versión de Óscar, aquello podía empeorar con mucha rapidez.

—No voy a buscarlo —añadió.

—No te lo había dicho todavía —respondió Lucía.

—Pero ibas a hacerlo.

—Sí.

—Pues te ahorro el trabajo.

Se oyó a Álvaro reír al fondo.

—Eso sí es progreso.

Conchi negó con la cabeza.

—No sé por qué sigo cogiendo el teléfono.

La conversación terminó poco después. Antes de colgar, Álvaro volvió a recordarle algo que Conchi ya conocía pero que aquella noche tenía más sentido que nunca: una mentira podía ser importante sin explicar necesariamente el motivo por el que alguien había mentido.