Capítulo 23
Después de comer, Conchi intentó dedicar un rato a cosas que no tuvieran ninguna relación con Valhondo.
Puso una lavadora, recogió unos papeles de la mesa del salón y respondió a un mensaje de Fernando sobre la caja gris de herramientas que seguía empeñado en buscar al día siguiente. La normalidad, sin embargo, duró poco.
El teléfono sonó cuando estaba doblando una manta. Al ver el nombre de Álvaro en la pantalla, dejó la prenda sobre el respaldo del sofá y respondió.
—Empiezo a pensar que os habéis repartido mis horarios.
—Buenas tardes a ti también.
—A ver qué toca hoy.
Álvaro dejó escapar una risa.
—Tiene que ver con lo que Lucía te contó esta mañana sobre el poste del cierre.
Conchi se sentó.
—Dime.
—Hemos podido comprobar otra referencia antigua del lindero.
La frase bastó para que prestara toda la atención.
—¿Otra referencia?
—Un mojón.
Conchi guardó silencio. Había escuchado aquella palabra muchas veces durante su vida en Valdecerezos.
En el pueblo, un mojón podía ser una piedra vieja junto a una cuneta, una pieza medio enterrada a la que nadie prestaba atención durante meses o el origen de una discusión capaz de durar años.
Precisamente por eso prefirió esperar a que Álvaro concretara antes de sacar ninguna conclusión.
—Es un mojón antiguo que aparece documentado en fotografías y en referencias anteriores —continuó él—. Su posición actual no coincide con la que tenía.
—¿También está desplazado?
—Sí.
Conchi se incorporó ligeramente.
—¿Hacia dónde?
Álvaro tardó apenas un segundo.
—En la misma dirección general que el poste.
Conchi no necesitó que añadiera nada.
—Hacia el lado de los Roldán.
—Sí.
La respuesta cambiaba el tamaño del dato.
Un poste movido podía seguir siendo una intervención aislada, una reparación mal colocada o incluso una decisión tomada por alguien convencido de que aquella era la posición correcta.
Un mojón antiguo desplazado recientemente en la misma dirección introducía algo diferente: todavía no una solución, pero sí una repetición que resultaba más difícil tratar como una casualidad independiente.
—Entonces ya no es una sola cosa.
—No.
—Hay dos referencias físicas distintas que han cambiado hacia el mismo lado.
—Eso es lo que podemos afirmar.
Conchi apoyó una mano en el brazo del sofá.
—¿Sabéis cuándo se movió el mojón?
—Sabemos que el desplazamiento es reciente en relación con las referencias que estamos utilizando, pero no voy a darte una fecha exacta porque no la tenemos con esa precisión.
—¿Y cuánto lo movieron?
—No necesitas esa medida.
—Era por preguntar.
—Ya.
Conchi sonrió.
—Entonces tenemos el poste y el mojón desplazados hacia los Roldán, y ambos hacen que la finca de Berta parezca extenderse en esa dirección.
—Ese sigue siendo el efecto visual general.
Conchi permaneció unos segundos sin hablar.
Lo que había sabido a mediodía empezaba a cambiar de naturaleza.
Un único desplazamiento podía discutirse como una anomalía; dos elementos diferentes del lindero, alterados recientemente y en la misma dirección, resultaban más difíciles de mirar como hechos completamente independientes.
—Empieza a parecer un patrón.
Álvaro respondió con la cautela habitual.
—Empieza a permitirnos considerar que puede existir un patrón.
—Eso es una forma muy elegante de decir lo mismo.
—No exactamente. Un patrón completo implica saber cuántos elementos hay, cómo se relacionan, cuándo se modificaron y si responden a una misma actuación. Ahora mismo tenemos dos alteraciones recientes coherentes entre sí.
La explicación le pareció justa. Dos piezas podían empezar a sugerir una forma, pero todavía no bastaban para construir una historia entera.
Conchi pensó entonces en Adela. Berta estaba cansada de que Óscar hiciera arreglos y moviera cosas de la finca sin preguntarle.
Cuando lo había oído, aquella frase le había parecido bastante amplia; ahora la palabra moviera adquiría un peso distinto, aunque sabía que no podía obligarla a significar más de lo que realmente decía.
—Adela contó que Berta estaba harta de que Óscar moviera cosas.
Álvaro no respondió enseguida.
—Sí.
—¿Piedras también?
—Eso es lo que Adela te trasladó de manera general. Y no convierte a Óscar en autor de este desplazamiento.
Conchi apoyó la espalda en el sofá.
—Lo sé. Óscar trabajó en el cierre y Berta se quejaba de que hacía cambios por su cuenta. Ahora aparece un mojón antiguo desplazado en la misma dirección que el poste, y todo eso puede encajar alrededor de la misma persona, pero sigue siendo solo una posibilidad.
—Exactamente.
—¿Tenéis alguna prueba directa de quién movió el mojón?
—No voy a atribuirte una autoría que todavía no corresponde.
Conchi sonrió.
—Esa frase ya os la turnáis.
—Funciona.
—Muchísimo.
La conversación continuó unos minutos más.
Álvaro no le enseñó fotografías ni le dio mediciones o detalles sobre el procedimiento utilizado para comparar la posición antigua con la actual, y Conchi tampoco insistió.
Había aprendido a aceptar que comprender el valor de una comprobación no exigía conocer cada paso técnico con el que la Guardia Civil había llegado hasta ella.
Cuando colgaron, permaneció un rato sentada.
Lili dormía en el suelo junto al radiador y el salón estaba en silencio.
Sobre la mesa baja había un pequeño cuaderno que Conchi utilizaba para listas domésticas; lo abrió por una página en blanco y cogió un bolígrafo, tentada de escribir únicamente dos palabras: poste y mojón .
Se detuvo antes de hacerlo y cerró el cuaderno.
Convertir aquello en una lista propia podía parecer útil, pero llevaba demasiados días aprendiendo algo bastante más importante: una relación perfectamente ordenada de hechos podía seguir conduciendo a una conclusión equivocada si, junto a ellos, colocaba explicaciones que todavía no estaban demostradas.
No necesitaba construir su propio expediente.
Le bastaba con recordar que el poste y un mojón antiguo habían sido desplazados recientemente hacia el lado de los Roldán, mientras que la autoría, la finalidad de aquellos movimientos y su posible relación con la muerte de Berta seguían abiertas.
Se preparó una infusión y regresó al salón. Intentó leer durante un rato, pero terminó dejando el libro abierto sobre las rodillas mientras volvía mentalmente a las dos alteraciones.
Lo que más le costaba ignorar era la dirección común. Aquello no demostraba que ambas modificaciones hubieran sido realizadas por la misma persona, aunque cada vez resultaba menos natural contemplarlas como dos accidentes completamente independientes.
A las cinco decidió salir con Lili. El aire estaba frío, pero no hacía viento, y caminar le pareció una opción bastante mejor que continuar dando vueltas alrededor del mismo mojón desde el sofá.
Tomó una ruta corta por el Barrio de la Fuente, evitando de forma consciente pasar por La Tahona porque no tenía ninguna necesidad de convertir aquella información en otra conversación.
Lili avanzaba despacio, deteniéndose delante de cada portal con una dedicación que Conchi empezaba a envidiar. Los problemas de la perrita parecían resolverse siempre oliendo un poco mejor.
—No sabes la suerte que tienes.
Al doblar una esquina se encontró con Mateo, que llevaba una carpeta bajo el brazo y caminaba hacia la plaza.
—Buenas tardes.
—Buenas.
Mateo miró a Lili y después a Conchi.
—¿Todo tranquilo?
La pregunta era completamente normal, pero durante apenas un segundo Conchi sintió la tentación de mencionar el mojón.
Mateo conocía las fincas, los caminos y buena parte de las historias antiguas del pueblo.
Probablemente sabría qué piedra estaba dónde desde hacía años o, como mínimo, tendría una opinión al respecto.
Precisamente por eso decidió no preguntar.
—Sí. Todo tranquilo.
Mateo asintió.
—Mejor.
Continuó caminando y Conchi siguió su camino, algo sorprendida por lo fácil que había resultado dejar pasar la oportunidad.
Unos días antes quizá habría aprovechado el encuentro para preguntarle si recordaba aquel mojón, si sabía quién podía haberlo tocado o si había escuchado alguna discusión relacionada con él.
Ahora entendía que una versión informal de Mateo no mejoraría el dato que acababa de recibir de Álvaro.
La Guardia Civil ya había realizado la comprobación mediante referencias más sólidas y no necesitaba sustituirla por recuerdos de pueblo.
Siguió con Lili hasta la fuente y dio la vuelta.
Durante el regreso pensó de nuevo en la dirección común de los dos movimientos.
Si aparecían más alteraciones, la idea de una reparación aislada sería cada vez más difícil de sostener y, al mismo tiempo, cobraría sentido que algunas protestas de los Roldán hubieran surgido después de cambios físicos previos en el lindero.
Aun así, seguía ignorando cuántas alteraciones podía haber, quién había realizado cada una y en qué momento exacto.
Mucho menos podía saber qué relación, si existía alguna, guardaban aquellos cambios con Berta muerta en el cobertizo.
Eran preguntas distintas y no tenía ninguna razón para unirlas antes de tiempo.
Al entrar en casa dejó la correa en el recibidor y se quitó el abrigo mientras Lili iba directa al agua. Después volvió al salón y encontró el cuaderno exactamente donde lo había dejado. Esta vez ni siquiera sintió la tentación de abrirlo.
Aquella tarde había aparecido una segunda alteración física que encajaba con la primera.
Era suficiente para empezar a hablar de un posible patrón en el lindero y para que la línea de Óscar adquiriera más peso por razones propias, no simplemente porque Andrés, Marta y Diego hubieran quedado fuera de las principales sospechas.
Sin embargo, la existencia de un patrón incipiente no resolvía quién estaba detrás ni explicaba todavía la muerte de Berta.
Por primera vez, Conchi no sintió que necesitara avanzar un paso más de lo que permitían los hechos.
El poste y el mojón empezaban a parecer parte del mismo problema; si aquel problema conducía también al homicidio, tendría que demostrarlo algo más sólido que una coincidencia que cada vez resultaba más incómoda.