Muerte en París (Los misterios de Armand Delacroix nº 28) Capítulo 13 — La copia que faltaba #4
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Capítulo 13 — La copia que faltaba #4

—Léonie estuvo anoche en el estudio de Bellac. Él intentó venderle la ampliación. Horas después murió envenenado con una sustancia que alguien pudo colocar en el azúcar durante su visita.

La respiración de Bastien se hizo más rápida.

—No puede haber hecho eso.

—¿Por qué no?

—Porque me habría dicho...

La frase quedó incompleta.

Delacroix se inclinó.

—¿Le decía todo?

Bastien miró la fotografía del pasador.

—Sí.

—¿Le dijo que había comprado el anillo?

No respondió.

—¿Le dijo que visitaría a Bellac?

Silencio.

—¿Le dijo que pensaba culparlo cuando aparecieran las cuentas de Saint-Roch?

—No.

—Entonces quizá no lo amaba de la manera que usted necesitaba creer.

Bastien golpeó la mesa.

—¡No sabe nada de ella!

—Sé que Gabriel está muerto, Bellac está muerto y usted aparece en una fotografía sosteniendo la pieza que permitió la caída. También sé que Léonie permanece en su apartamento mientras usted se prepara para cargar con todos los crímenes.

Sémard se puso de pie.

—La entrevista ha terminado.

Delaunay no intentó impedirlo. Recogió las ampliaciones con calma.

—Su cliente será acusado de complicidad en el asesinato de Gabriel Montfort, fraude, manipulación de pruebas y conspiración.

—Impugnaremos la imagen.

—También podrá explicar la grasa, la cadena y sus declaraciones falsas.

Bastien permaneció sentado mientras el abogado recogía sus papeles.

Delacroix se dirigió a la puerta.

—Monsieur Delacroix.

Se volvió.

Bastien tenía los ojos fijos en la mesa.

—Si ella fue al estudio —dijo—, fue para protegerme.

—Bellac pensaba vender la fotografía a ambos.

—Quería impedir que me culpara.

—¿Envenenándolo?

—No.

—Entonces ¿cómo?

El hombre no pudo responder.

—Léonie no está protegiéndolo —dijo Delacroix—. Está eliminando todo lo que pueda demostrar que no actuó solo.

Salió al corredor.

Delaunay cerró la puerta detrás de ellos.

—No confesará mientras crea que ella puede salvarlo.

—No.

—¿Y si la detenemos por el fraude y el anillo?

—Pensará que comparten el mismo peligro.

—¿Qué propone?

—Que descubra que Léonie dispone de una llave de su casa.

Delaunay frunció el ceño.

—¿La copia?

—Bastien negó tener una llave del apartamento. Léonie negó que él pudiera entrar sin avisar. Sin embargo, conoce el dormitorio, los medicamentos y los escondites. Necesitamos demostrar la relación de una forma que ninguno pueda convertir en amistad.

—¿Y eso lo hará hablar?

—No todavía.

—Entonces ¿para qué?

Delacroix miró hacia la sala donde Bastien permanecía con su abogado, rodeado por las fotografías que convertían su amor en una prueba.

—Para que entienda que cada mentira que contó para protegerla es también una cuerda con la que ella piensa colgarlo.

Un agente se acercó con un informe urgente del instituto médico.

Lemaire había confirmado la presencia de cianuro en el organismo de Bellac. La dosis era suficiente para causar la muerte, aunque había permitido unos minutos de actividad antes del colapso. El café fuerte y el alcohol podían haber enmascarado el sabor durante los primeros sorbos.

La botella pequeña derramada junto a la taza contenía únicamente agua destilada. No había participado en el envenenamiento.

También se había encontrado el compuesto en dos terrones restantes de la caja azul.

No en todos.

Solo en los que estaban colocados en el fondo.

Delaunay leyó el resultado.

—Clovis añadió terrones limpios encima. Bellac tomó dos de esos. Girard, en cambio, apartó los superiores con las tenacillas y escogió dos del fondo.

—Léonie pudo contaminar los antiguos durante su visita.

—Y Bellac no los tomó antes porque Clovis había colocado otros encima.

—Sí.

—Eso ya no es solo oportunidad.

—No. Es un mecanismo.

—¿La detengo?

Delacroix miró la ampliación protegida dentro del sobre.

En ella, Bastien retiraba la protección que debía mantener vivo a Gabriel. Fuera de la imagen, Léonie había comprado un anillo, cambiado el flash y esperado el momento de empujar.

Bellac había visto solo un fragmento y había muerto por intentar cobrarlo.

—Deténgala por fraude y por la compra del anillo —dijo—. No le hable todavía del cianuro.

—¿Por qué?

—Porque quiero saber qué hace cuando cree que el segundo asesinato sigue pareciendo un suicidio.

Delaunay guardó el informe.

—Ya no podrá moverse desde una celda.

—No necesita moverse. Necesita hablar.

—¿Con Bastien?

—No. Con quien estuvo en el estudio antes que ella.

El comisario recordó los dos vasos de las seis.

—¿Cree que esa persona ayudó a envenenar a Bellac?

—Creo que Bellac intentó negociar con más gente de la que admitió. Y que una de esas personas conocía el alias Lucien Barois antes de que Léonie llegara al club.

—¿Quién?

Delacroix observó la última ampliación. Junto al reflejo de Bastien permanecía aquella segunda sombra, demasiado pequeña para identificarla y demasiado precisa para ignorarla.

—La persona que todavía no sabemos que estaba en la fotografía.

Delaunay miró la mancha clara detrás del hombro de Bastien.

La copia desaparecida había aparecido.

El pasador también.

Pero la imagen no había reducido el número de sospechosos.

Había añadido uno.