Capítulo 5 — La puerta que cedió #3
Recorrió con una lámpara el borde interior de la compuerta. Había una línea de grasa alrededor del mecanismo y una marca clara en el metal, aproximadamente a la altura de la cintura. Coincidía con la señal encontrada en el cuerpo de Gabriel.
En la zona inferior aparecía una huella parcial de zapato. La punta apuntaba hacia el borde. A su lado, algo más atrás, se distinguía la impresión estrecha de un tacón femenino.
—No se ha conservado bien —dijo Delaunay.
—El suelo estaba húmedo y cubierto de polvo de magnesio.
—¿Puede ser de Léonie?
—Probablemente. Posó allí.
Delacroix siguió la huella con la mirada. El tacón no se encontraba donde Léonie había quedado arrodillada después de la caída, sino detrás de Gabriel, ligeramente hacia su derecha.
—Bellac la colocó a la izquierda —dijo.
Delaunay miró la disposición.
—La vimos allí.
—Antes del fogonazo.
—Pudo moverse cuando intentó sujetarlo.
—Pudo.
—Vuelve a no demostrar nada.
Delacroix apoyó la lámpara en el suelo y examinó una marca alargada que descendía hacia la compuerta. Parecía producida por la suela de Gabriel al resbalar. No comenzaba frente a la cámara, sino casi medio metro atrás.
—Gabriel retrocedió.
—Léonie lo hizo retroceder para mejorar el encuadre.
—Después retrocedió otra vez.
—¿Cómo lo sabe?
—La marca empieza detrás de la posición trazada con tiza.
El comisario se acercó. La línea blanca dibujada por Bellac todavía era visible. La marca del zapato nacía más cerca del borde.
—Pudo perder el equilibrio al tensarse —dijo.
—Sí.
—O recibir un empujón.
—Sí.
Delaunay lo miró con impaciencia.
—Empiezo a sospechar que disfruta dándome la razón solo para que suene inútil.
—No toda razón es útil.
Roussel regresó con una pequeña caja que contenía muestras de grasa tomadas de otros mecanismos de la plataforma.
—Utilizamos este lubricante en las compuertas y bisagras. Tiene grafito y una mezcla particular para soportar la humedad.
Delacroix comparó visualmente la sustancia con la mancha de su guante, conservado en una bolsa. Parecían idénticas.
—Gabriel tenía restos en el puño y el zapato —dijo.
—Es normal si rozó el cierre al caer —respondió Delaunay.
—Léonie tenía una mancha en el índice del guante.
—También intentó sujetarlo cerca del marco.
—Sus guantes han desaparecido.
El comisario se volvió.
—¿Desaparecido o no encontrado?
—Ella dijo que quizá quedaron en el coche.
Delaunay llamó a uno de los agentes y ordenó que comprobaran de inmediato el vehículo utilizado para trasladarla. Después se acercó a la zona donde había aparecido el segundo botón.
El objeto seguía protegido bajo un pequeño vaso de cristal invertido. Delacroix lo levantó con cuidado utilizando unas pinzas.
—El fragmento de manga conserva un botón —dijo Delaunay—. Este sería el siguiente.
—Sí.
—Pudo desprenderse durante el tirón.
—Pero cayó aquí.
El botón se encontraba a casi dos metros del borde, detrás de la línea marcada por Bellac. Delacroix hizo que uno de los técnicos desplegara el abrigo de Gabriel sobre una figura de madera utilizada para colgar uniformes. Colocaron después el fragmento rasgado en su posición aproximada.
El botón recuperado junto al trípode correspondía al cierre situado cerca del codo. El que permanecía cosido en el trozo de tela era el del puño.
—Si Léonie lo sostuvo cuando ya caía —dijo Delacroix—, el peso habría desgarrado la manga desde abajo. Ambos botones deberían haber quedado cerca de la compuerta o caer con el cuerpo.
—Uno pudo salir despedido.
—En dirección contraria a la caída.
Delaunay tomó el fragmento con guantes.
—¿Qué propone?
Delacroix se colocó detrás de la figura de madera y sujetó la manga aproximadamente a la altura donde Lemaire había encontrado el hematoma.
—Que la tela empezó a rasgarse aquí, cuando Gabriel todavía se encontraba varios pasos delante de la compuerta.
Tiró lateralmente. La manga se tensó. El botón del codo quedó sometido a la mayor presión.
—Si él avanzó o trató de apartarse, este botón pudo desprenderse. Después la tela quedó debilitada. Cuando llegó al borde y Léonie mantuvo la sujeción, el puño terminó de rasgarse.
Delaunay observó la dirección del desgarro.
—Eso significaría que ella lo sujetó antes de que cayera.
—El hematoma también.
—Podría haberlo tomado del brazo para tranquilizarlo.
—Lo hizo. Todos la vimos.
—Entonces seguimos sin saber si el gesto fue afectuoso o violento.
—La diferencia puede estar en la fotografía.
Bellac había llevado la cámara y el negativo a un laboratorio policial improvisado bajo supervisión. La placa no estaría revelada hasta la madrugada. Delaunay parecía no confiar completamente en que sobreviviera al procedimiento ni en que mostrara algo útil.
Un agente regresó desde el ascensor.
—Comisario, han revisado el vehículo. No encontraron los guantes de mademoiselle Auber.
—¿En el instituto?
—Tampoco.
—¿La sala de la torre?
—No están entre los objetos recogidos.
Delacroix miró el marco engrasado.
—Los llevaba al bajar.
—Estoy seguro —dijo Delaunay—. Se los quitó antes de entrar en la sala.
—Entonces alguien los recogió.
—O ella los guardó.
—Su vestido no tenía bolsillos visibles. El abrigo fue revisado por el médico cuando la cubrieron con la manta.
—Puede haberlos arrojado.
—¿Por qué arrojaría unos guantes?
Delaunay no respondió.
Delacroix caminó hasta la escalera de servicio donde Bastien había desaparecido antes de la fotografía.
La zona quedaba parcialmente oculta por dos vigas cruzadas.
Desde allí podía verse el perfil de la compuerta, la espalda de Gabriel y una parte del equipo fotográfico.
También había acceso a un pequeño corredor que descendía hacia una plataforma técnica.
—¿Adónde lleva? —preguntó.
Roussel se acercó.
—A los mecanismos del ascensor y a una salida lateral. Estaba cerrada durante la recepción.
—¿Con llave?
—Sí.
—¿Quién tenía acceso?
—Yo, dos técnicos y la organización. Entregamos una copia temporal a mademoiselle Montargis para coordinar a los proveedores.
—¿La recuperaron?
Roussel buscó en el manojo de llaves.
—Me devolvió una al comienzo de la visita.
—¿Una o la copia?
El hombre frunció el ceño.
—La que le entregué, supongo.
—¿Llevan número?
—No.
Delacroix observó la cerradura. Alrededor había marcas recientes, demasiado finas para ser producidas por el uso habitual.
—Alguien pudo hacer otra copia.
—La llave solo estuvo en poder de la revista durante tres días.
—Suficiente.
Delaunay bajó la voz.
—Bastien se guardó algo en el bolsillo al regresar de esta zona.