Muerte en el círculo (Los misterios de Armand Delacroix nº 46) Capítulo 17 — Lo que ya habíamos tocado #3
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Capítulo 17 — Lo que ya habíamos tocado #3

Delacroix sintió una pequeña satisfacción.

No había mentido sobre eso porque nunca se lo habían preguntado directamente.

—¿Por qué allí?

—Ariane me siguió.

—Desde dónde.

—Salón pequeño.

—De qué hablasteis.

Hélène respiró.

—Lo mismo que ya dije. Literatura.

—Esa palabra empieza a cargar demasiado peso.

—Era eso.

—¿Páginas?

—Sí.

—¿Publicación?

—Sí.

—¿Tu carrera?

Hélène sostuvo su mirada.

—Sí.

—¿Amenazó con destruirla?

—No utilizó esa palabra.

—¿Cuál?

—Exponer.

Delacroix se quedó quieto.

—¿Qué iba a exponer?

—Que yo había utilizado material suyo.

—¿Y era verdad?

Hélène no respondió inmediatamente.

—Parte.

La palabra cambió algo. Delacroix esperó.

—Explícalo.

—Había utilizado una estructura que discutimos juntas. Algunas imágenes que surgieron en conversaciones. Una frase quizá.

—Antes dijiste que no habías utilizado elementos concretos.

Hélène lo miró.

—Dije que no había utilizado fragmentos de su manuscrito conscientemente.

—Eso es distinto.

—Sí.

—Y lo sabes.

—Sí.

—¿Por qué ahora cambias?

—Porque Amaury recordó la frase.

—¿La reconociste?

Hélène cerró los ojos.

—Sí.

—¿Era de Ariane?

—Puede haberlo sido.

—Eso no es respuesta.

—No sé dónde empezó.

Hélène se levantó. No para irse. Para caminar.

—Éramos amigas, Armand. Leíamos nuestras páginas. Hablábamos durante horas. Nos prestábamos ideas. Una proponía algo, la otra lo modificaba. Después volvíamos a discutirlo. ¿Sabes cuántas frases de un escritor nacen de una conversación que ya no puede atribuir a nadie?

—Muchas.

—Exactamente.

—¿Y Ariane pensó que habías cruzado una línea?

—Sí.

—¿La cruzaste?

Hélène se detuvo.

—Probablemente.

La respuesta no era la que Delacroix esperaba.

—¿Probablemente?

—No voy a seguir defendiendo cada página que escribí hace once años como si mi vida dependiera de ello.

Delacroix la observó.

—Quizá depende.

Hélène sostuvo la mirada.

—Entonces prefiero depender de la verdad.

Silencio.

—Utilicé más de Ariane de lo que admití entonces. No sé cuánto fue consciente. Sé que cuando me acusó me defendí porque admitirlo habría significado aceptar que mi primer éxito importante no era completamente mío.

—Cinco versiones de una caída.

—Sí.

—Y después La casa de las cinco voces.

Hélène bajó la mirada.

—Sí.

—Después de su muerte.

—Sí.

—¿Usaste material del manuscrito desaparecido?

La pregunta tardó en recibir respuesta.

—Creo que sí.

Delacroix sintió el golpe.

—Crees.

—Recordaba cosas. Escenas. Mecanismos. Frases. Durante años me dije que eran ideas compartidas.

—¿Y ahora?

Hélène miró hacia el fuego del salón visible al fondo.

—Ahora no estoy tan segura.

Delacroix permaneció quieto. Aquello podía ser una confesión moral cuidadosamente limitada. O culpabilidad real.

O una mujer obligada a mirar una carrera construida parcialmente sobre alguien muerto.

—¿Por qué no dijiste esto antes?

—Porque no quería.

La franqueza volvió.

—¿No porque no importara?

—No.

—¿No porque no recordaras?

—No.

—Porque no querías.

—Sí.

Delacroix asintió. Aquello era diferente.

Y, extrañamente, le inspiró más confianza que muchas de sus respuestas anteriores.

—¿Qué pasó en la escalera?

Hélène se quedó quieta.

—Discutimos.

—Frase concreta.

—Ariane dijo que al día siguiente escribiría a Valbert y a dos editores más.

—¿Qué respondiste?

—Que estaba destruyendo nuestra amistad por asuntos literarios.

Delacroix sintió la coincidencia con Thérèse.

—¿Esas palabras?

Hélène pensó.

—Algo parecido.

—¿La tocaste?

Silencio.

—Hélène.

—Sí.

Delacroix no se movió.

—¿Cómo?

—Le agarré el brazo cuando quiso irse.

—Fuerte.

—No lo sé.

—¿Cayó?

—No.

—¿Se golpeó?

—No.

—¿Te apartó?

—Sí.

—Después.

—Se fue.

—Dirección.

—Hacia el salón pequeño.

—¿Segura?

Hélène cerró los ojos.

—No.

Buena respuesta.

—¿La viste viva después?

—Sí.

Delacroix sintió interés.

—¿Dónde?

—En el corredor principal.

—Hora.

—No sé.

—¿Con quién?

—Sola.

—¿Alguien más la vio?

—Creo que Édouard.

—Otra vez creo.

—Entonces no sé.

Delacroix observó.

Si era verdad, Hélène no había sido la última persona conocida con Ariane.

Pero aquello no la eliminaba.

—¿Por qué ocultaste que la agarraste?

—Porque estaba muerta horas después.

—Minutos.

Hélène lo miró.

—Sí.

—Y tú eras la persona a la que amenazaba con exponer.

—Sí.

—¿Entiendes cómo suena?

—Perfectamente.

—¿Y aun así me lo dices ahora?

—Me lo has preguntado bien.

Delacroix frunció el ceño. Hélène se sentó otra vez.

—Antes preguntabas si discutimos. Sí. Si estaba enfadada. Sí. Si era por literatura. Sí. Todo cierto. Ahora has preguntado qué hice con mis manos.

Delacroix sintió la lección. Preguntas. Otra vez.

La verdad no siempre se ocultaba detrás de una mentira.

A veces detrás de una pregunta demasiado amplia.

—Eso ha sido irritantemente inteligente.

—Gracias.

—No era elogio.

—Los mejores...

Ambos se detuvieron. Veyrac. No terminaron. Hélène miró las manos.

—No maté a Ariane.

Delacroix no respondió.

—Y sé que eso tiene menos valor cada vez que lo digo.

—Sí.

—Pero no voy a dejar de decirlo porque empiece a sonar defensivo.

—Bien.

Ella levantó la vista.

—¿Thérèse recordó la escalera?

Delacroix se quedó quieto.

—¿Por qué preguntas?

—Porque nunca me habías preguntado dónde discutimos.

Delacroix no respondió. Hélène sonrió sin alegría.

—No hace falta ser asesina para seguir una investigación.

—No.

—Ten cuidado con ella.

—¿Por qué?

—Porque si lo ha recordado ahora, puede recordar algo más.

Delacroix sintió inmediatamente la alarma.

—No le preguntes.

—No pensaba.

—Ni cambies tu comportamiento.

Hélène lo miró.

—Eso es mucho pedir después de decirme que lleva once años recordando una pelea junto a una escalera.

—Hazlo.

La novelista sostuvo su mirada. Finalmente asintió.

—Bien.

Delacroix salió de la biblioteca con una sensación extraña.

Hélène acababa de admitir más motivo. Más mentira por omisión. Más proximidad.

Incluso contacto físico con Ariane poco antes de morir.

Todo debería haber aumentado su sospecha. Y lo había hecho.