Muerte de una influencer (Baker Street 1) 6 La visita
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6 La visita

La visita

—No estoy loca, Nina.

Nina miró a su abuela, alarmada.

—Yo no he dicho que estés loca.

Estaban sentadas en el mismo banco del domingo anterior. Era más temprano y el sol estaba más alto, aunque calentaba lo mismo que la semana pasada: nada. La inutilidad del sol de noviembre. Aun así, era preferible a la lluvia.

—No, pero no hace falta. —La anciana la miraba con el ceño fruncido—. Te lo noto en el tono. “Cuéntame el resto de la historia, abuela, si quieres” —la imitó, con voz de pito—. Como si fuera un cuento chino.

¿Cómo se había metido en aquel jardín? Figuradamente hablando, claro.

Lo único que había hecho era salir de la estación, recorrer el camino hasta allí y encontrarse a su abuela tomando el sol en un banco.

Se había sentado a su lado y sí, le había dicho “cuéntame el resto de la historia, abuela, si quieres”, pero no lo había dicho con ningún tono en especial.

O eso creía. Tampoco podía asegurarlo. Estaba demasiado cansada y tenía las defensas bajas.

—Yo no he dicho que sea un cuento chino, tampoco.

—No, pero lo piensas —replicó su abuela con un tono entre dolido y acusador.

Bueno, de perdidos al río.

—Abuela —suspiró, y se frotó la frente—. ¿De verdad intentas decirme que la tatarabuela Rose conoció a Sherlock Holmes? ¿El Sherlock Holmes, no una persona que se llamase igual? ¿El Sherlock Holmes, personaje de ficción que no existe ni ha existido nunca?

Su abuela levantó la barbilla, testaruda.

—No intento decirte que lo conoció. Claro que lo conoció. —Extendió la manta que le cubría las piernas para tapar también las de Nina, con movimientos bruscos—. Es más, no solo lo conoció: se casó con él.

Nina miró a su abuela con los ojos como platos.

Una cosa tenía que reconocer: verdaderas o falsas, su abuela sabía contar historias como nadie.

No sabía si se le estaba yendo la cabeza o si aquello no eran más que fantasías pasadas de boca a oreja durante generaciones, pero era irrelevante.

Su abuela sabía calcular los tiempos y el impacto de cada frase, manejando todos los elementos de manera magistral para que una siempre acabase queriendo saber más.

¿Qué sabía ella de Sherlock Holmes, al fin y al cabo? Lo mismo que todo el mundo. Había visto la serie de la BBC. Alguna película antigua.

Entre todos los libros que poblaban las estanterías del salón de la casa de sus abuelos había un par de colecciones con las historias: una que siempre le habían prohibido tocar, con los originales de la revista The Strand encuadernados, y otra de los años setenta, varios tomos pequeños con el canto dorado y reproducciones de las láminas originales.

¿Había leído alguna de niña? La verdad, no se acordaba.

Había visto los dibujos animados, si eso contaba para algo.

Sí recordaba que en el colegio les habían hablado de El Valle del Terror, una de las historias más conocidas de Sherlock Holmes, porque estaba ambientada en un pueblo ficticio a las afueras de Tunbridge Wells.

Sir Arthur Conan Doyle se había inspirado para describir la casa de la historia en Groombridge Place, una casa enorme del siglo XVII, con foso incluido, que cualquier niño del pueblo con una bicicleta conocía bien.

Luego estaba la casa de su abuela, Holmes House. Pero era un apellido increíblemente común. De ahí a pensar que su familia tenía relación con el Sherlock Holmes de carne y hueso, e incluso que existía un Sherlock Holmes de carne y hueso, había un abismo.

Aun así, mentiría si dijese que no estaba intrigada. Lo estaba. Y no poco.

Por un momento temió quedarse sin conocer el resto de la historia, pero al final su abuela respiró hondo y empezó a hablar de nuevo, retomando el relato donde lo había dejado la semana anterior.

Su abuela tenía una historia que contar, y lo iba a hacer, la creyese o no.

—Al día siguiente, como comprenderás, Rose estaba nerviosa, pero sobre todo intrigada, esperando la visita de Mr. Holmes. No era normal que un caballero no solo no censurase, sino que tolerase e incluso fomentase intereses intelectuales en una joven de la época.

»Su tía, sin embargo, no estaba muy conforme con que un muchacho fuera a visitarla.

Ya se había hecho a la idea de que Rose fuese la acompañante de Violet mientras estuviera soltera, y la institutriz de sus futuros hijos.

Pero bueno, tampoco le veía mucho futuro a aquello.

Atribuía el interés del caballero a que todavía no sabía que Rose no tenía dotes ni posibles.

En cuanto se enterase, estaba segura, no volvería a aparecer por allí...