Capítulo 24 — Antes de la cena #3
—Está eligiendo la cronología posterior.
—Estoy diciendo que es la que mejor explica todos los elementos sin exigir que inventemos una lesión que nadie vio.
—Pero no puede demostrarla.
—Todavía no.
—Otra vez.
—Sí.
Delacroix dejó las notas.
—La cerradura era dura antes. Eso no demuestra una rebaba. Héloïse miró quizá su mano. Eso no demuestra sangre. La sensación durante la cena puede no tener relación. Lo único físico es la lesión encontrada después de la muerte.
Vauclair asintió.
—Y la irregularidad encontrada en la llave.
—Exacto.
—Entonces el punto más limpio para situar el cambio es entre el primer uso sin lesión demostrada y el último uso antes de encontrarla muerta.
—Sí.
Constance miró la hoja.
En el centro de ese intervalo estaba su nombre.
No había forma de ocultarlo.
—Muy limpio —dijo.
—Sí.
—Demasiado.
Delacroix sonrió apenas.
—Las soluciones suelen parecerlo cuando uno ha pasado cinco meses ensuciándolas.
Thibault soltó una risa que murió enseguida.
Mariette seguía mirando el dibujo del corredor.
—Hay algo más.
Delacroix se volvió.
—¿Qué?
—La caja.
—¿Qué ocurre?
—No estaba abierta cuando subí la primera vez.
El silencio fue inmediato. Delacroix se acercó.
—¿Está segura?
Mariette pensó.
—Sí.
—Antes dijo que la vio abierta durante la segunda subida.
—Sí.
—¿La primera vez pasó por el cuarto?
—Sí. Fui a buscar el broche.
—¿Vio la caja?
—Estaba sobre la mesa.
—¿Cerrada?
—Sí.
Constance permaneció inmóvil mientras Delacroix sentía encajar otra pieza.
—¿La lima estaba fuera?
—No.
—¿Seguro?
—Sí.
—¿Por qué lo recuerda?
Mariette frunció el ceño.
—Porque tuve que mover una cesta de ropa para llegar a donde había escondido el broche y la cesta estaba junto a esa mesa.
—¿Cuánto tiempo entre la primera y segunda subida?
—No sé. Quizá veinte minutos.
—¿Y en ese intervalo quién admite haber entrado al cuarto de ropa?
Nadie necesitó responder. Constance cerró los ojos; Geneviève miró a su hermana, Olivier bajó la vista y Delacroix permaneció inmóvil.
—Constance.
Ella abrió los ojos.
—Sí.
—Mariette ve la caja cerrada antes.
—Eso dice.
—Usted entra después.
—Sí.
—Usted ve la caja abierta y la lima fuera.
—Sí.
—Mariette vuelve más tarde y la encuentra todavía abierta.
—Sí.
—Entonces el cambio en la caja ocurre dentro del intervalo en que usted estuvo allí.
Constance sostuvo su mirada.
—O alguien entró entre medias.
—Sí.
La respuesta la sorprendió.
Delacroix continuó:
—Eso sigue siendo posible.
Thibault se volvió.
—¿De verdad?
—Sí.
—¿Quién?
—No lo sé.
—¡Pero ella admite estar allí!
—Y eso no vuelve imposible que otra persona también lo estuviera.
Constance lo observó.
—Gracias.
—No.
Delacroix se acercó.
—Porque ahora ya no necesito que la caja la condene.
Ella frunció el ceño.
—¿Qué significa?
—Que me basta para fijar que la herramienta salió durante ese intervalo.
—No quién la sacó.
—Exacto.
—Entonces seguimos…
—No.
Delacroix miró hacia el estudio.
—Porque quien la sacó en octubre hizo algo que cinco meses después alguien estuvo dispuesto a matar para ocultar.
La frase detuvo todo.
—Y esta noche —continuó— usted es la única persona cuyo recorrido presenta una mentira comprobable justo durante el segundo asesinato.
Constance endureció el rostro.
—El reloj.
—Sí.
—Una confusión.
—Puede.
—Entonces no la llame mentira.
—He dicho recorrido, no intención.
Ella respiró.
—Además, pidió hablar con Gabriel después de que él anunciara que iba a enseñarme las fotografías.
—Sí.
—Su ubicación no está confirmada durante parte de la pausa.
—Como la de otros.
—Sí.
—Y el llavero de Gabriel apareció bajo su ventana.
Constance cerró los ojos.
—Colocado.
—Puede.
—Entonces cada cosa admite otra explicación.
—Por separado.
Silencio.
Delacroix dejó la última palabra en el aire.
Constance abrió los ojos.
—Eso es lo que va a hacer.
—¿Qué?
—Sumarlas.
—No.
—Claro que sí.
—Sumar indicios solo produce un montón de indicios.
Ella lo miró.
—Entonces.
Delacroix se acercó al reloj del vestíbulo.
—Voy a reconstruir los quince minutos.
Thibault soltó aire.
—Otra vez.
—No.
Delacroix miró a Constance.
—Esta vez no desde dónde decía estar cada uno.
Señaló la puerta del estudio.
—Desde lo que tuvo que hacer el asesino.
La mujer no respondió.
—Entrar.
—Hablar con Gabriel.
—Conseguir que abriera o mostrara la evidencia.
—Impedir que llegara a mí.
—Tomar la llave de Héloïse.
—Tomar el llavero principal.
—Ocultar una cosa.
—Deshacerse de otra.
—Volver con tiempo suficiente para construir una referencia horaria.
Constance frunció el ceño.
—Construir.
—Sí.
—Ya decidió que el reloj fue deliberado.
—Todavía no.
—Pero quiere que lo sea.
Delacroix sostuvo su mirada.
—Quiero saber si alguien que realmente hubiera estado donde usted dijo podía haber hecho todo lo demás.
Nadie habló. Ahí estaba el siguiente paso: no una nueva pista, sino una incompatibilidad.
Delacroix tomó el reloj de bolsillo y lo dejó sobre la mesa.
—Quince minutos.
Miró hacia el estudio, después hacia la escalera y el jardín de invierno, y finalmente hacia Constance.
—Esta vez los vamos a gastar nosotros.