Muerte bajo llave (Los misterios de Armand Delacroix nº 47) Capítulo 17 — Los papeles de Gabriel #3
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Capítulo 17 — Los papeles de Gabriel #3

Aquella frase mostraba algo más triste.

También había tenido miedo de tenerla.

Delacroix siguió.

La siguiente página estaba fechada una semana antes.

Solo contenía una pregunta:

¿Qué hacía Héloïse inmediatamente antes de empezar a sentirse mal?

Debajo:

Cenar.

Tachado.

Hablar.

Tachado.

Había cerrado la habitación antes.

No tachado.

Otra flecha.

Llave.

Delacroix levantó la vista.

El mecanismo estaba casi allí.

No la sustancia.

No el autor.

No la prueba.

Pero la forma.

Héloïse había cerrado la habitación antes de cenar.

Después sintió hormigueo.

Más tarde volvió a encerrarse.

Terminó muerta.

Gabriel había empezado buscando cómo podía entrar alguien en una habitación imposible.

Había terminado preguntándose qué había hecho Héloïse antes de que nadie necesitara entrar.

Delacroix tomó el lápiz.

Debajo de la frase de Gabriel escribió una nueva pregunta.

No en el cuaderno.

En su propia hoja.

¿Qué movimiento de Héloïse hacía inevitable el crimen una vez preparado?

Vauclair intentó leer.

—¿Qué escribe?

Delacroix cubrió la hoja con la mano.

—Todavía no.

Thibault soltó aire.

—La cara otra vez.

—Doctor, deja de enseñarle cosas.

Vauclair sonrió.

Delacroix pasó a la última sección.

Ahí Gabriel había hecho algo más importante que todas las teorías.

Había construido una lista de personas que podían haber tocado la llave durante las horas anteriores a la cena.

No según memoria.

Según rutas.

Héloïse, obviamente.

Éliane, dentro de la habitación.

Mariette, por el servicio.

Thibault, al cambiarse.

Constance, porque su habitación quedaba más allá y había admitido subir.

Gabriel.

Dos criadas.

Morel.

Una lista demasiado amplia.

Pero junto a algunos nombres había anotaciones.

Junto a Thibault:

motivo fuerte / no conocimientos específicos / impulsivo.

Junto a Éliane:

motivo personal débil / estuvo dentro / no explica preparación.

Junto a Mariette:

miente sobre recorrido / robo probable.

Delacroix miró a la mujer.

Gabriel también lo había sospechado.

Junto a Constance:

motivo sistémico / sabía lunes / resolvía problemas / conocimientos enfermería guerra.

Delacroix dejó de mover la página.

Vauclair lo vio.

—¿Qué?

Delacroix levantó la mirada hacia Constance.

—Usted trabajó como enfermera.

La mujer no pareció sorprendida.

—Voluntaria.

—¿Cuándo?

—Durante la guerra.

—¿Cuánto tiempo?

—Casi tres años.

—¿Dónde?

—Primero en un hospital auxiliar. Después cerca de Compiègne.

—¿Administraba medicamentos?

Constance sostuvo su mirada.

—Sí.

Gabriel había escrito una última nota junto al nombre.

Sabe tratar sustancias / pero no basta.

Delacroix sintió una curiosa admiración por el muerto.

No había saltado.

Ni siquiera cuando todo podía haberlo llevado a hacerlo.

Había puesto pero no basta.

Eso era exactamente lo que Delacroix necesitaba recordar ahora.

—¿Qué tipo de sustancias manejaba? —preguntó.

Constance frunció ligeramente el ceño.

—Las habituales en un hospital militar.

—No necesito una lista.

—Entonces ¿qué pregunta?

—Si tenía experiencia con preparados capaces de ser peligrosos en cantidades pequeñas.

La sala quedó quieta.

Constance no respondió inmediatamente.

—Sí.

Thibault levantó la cabeza.

Geneviève cerró los ojos.

Delacroix continuó antes de que nadie convirtiera la respuesta en sentencia.

—Eso no significa que conociera o utilizara el tóxico que pudo matar a Héloïse.

—No.

—¿Conservaba medicamentos antiguos?

—No que recuerde.

—¿Preparados en casa?

—No.

—¿Conocía plantas medicinales?

Constance pensó.

—Como mucha gente de mi generación que pasó por hospitales.

—¿Alguna vez habló de eso con Héloïse?

—No.

—¿Gabriel lo sabía?

—Supongo.

—¿Cómo?

—La familia lo sabía.

Delacroix asintió.

El motivo.

La oportunidad potencial.

La herramienta.

El conocimiento general.

Era demasiado.

Y todavía insuficiente.

Precisamente como Gabriel había escrito.

Pero no basta.

Delacroix cerró el cuaderno.

—Vamos a parar aquí.

Thibault lo miró.

—¿Aquí?

—Sí.

—¿Después de esto?

—Especialmente después de esto.

—¿Por qué?

Delacroix sostuvo el cuaderno entre ambas manos.

—Porque acabamos de conseguir suficientes piezas para construir una historia muy convincente contra una sola persona.

Constance lo observó.

—Y no quiere hacerlo.

—No.

—¿Por prudencia?

—Por experiencia.

Delacroix dejó el cuaderno.

—Las historias convincentes son exactamente las que más cuidado necesitan. Si Constance mató a Héloïse, quiero probarlo. Si no la mató, todo esto puede destruirla con una facilidad repugnante.

Geneviève bajó la mirada.

Thibault se calló.

Constance permaneció inmóvil.

Delacroix miró a Mariette.

—Ahora sí.

La mujer cerró los ojos.

—¿El nombre?

—El recuerdo.

Mariette respiró.

—Bien.

Delacroix tomó otra hoja.

Antes de empezar, volvió una última vez a la frase de Gabriel.

No preguntar quién entró. Preguntar qué tocó ella.

Cinco meses de investigación habían llevado a un hombre desesperado hasta esa línea.

Y, por primera vez desde que llegara a Les Ormes, Delacroix creyó que Gabriel Fontenay no había muerto por saber quién había matado a Héloïse.

Había muerto porque estaba a punto de demostrar cómo.