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Lo había logrado.
Marzia había conseguido que Gildo fuese a hablar con ella. Después de varios días escabulléndose como una anguila, se enfrentaban uno al otro.
Gildo, antes de entrar en el Lèttere Caffè, habría preferido comerse una pizza con piña.
Marzia estaba en la última mesa. Las luces estaban a medio encender. A pesar de ser un día muy luminoso, con las persianas bajadas, el local se encontraba en penumbra.
A Gildo le dio la impresión de estar en un bar del Lejano Oeste. De una película de spaghetti western de Sergio Leone.
Avanzó poco a poco hasta llegar a la mesa donde se encontraba. Aunque parecía que estuviera trabajando con el ordenador, Gildo sabía que estaba igual o más nerviosa que él.
Ella se quitó las gafas que usaba para leer y lo miró.
Los dos se observaron unos instantes en silencio. La belleza de Marzia lo dejó sin aliento. La morena llevaba una trenza que le caía por el hombro, tejanos y una camisa de rayas, muy lejos de la habitual camiseta negra.
—No me ha gustado la broma.
Ella alzó las cejas.
—¿Acaso crees que es una broma?
—Tengo un caso importante y tengo que irme enseguida.
—No es culpa mía que lleves no sé cuántas semanas sin decirme nada y esquivando mis llamadas e intentos de hablar contigo.
Gildo fue a hablar y ella se lo impidió.
—Que no quieras volver a desayunar aquí…
, lo entiendo. Que no quieras volver a verme porque has encontrado a otra, lo entiendo.
Que has vuelto con tu ex, lo comprendo. Que ahora tu madre de nuevo es famosa y no quieres juntarte con alguien de la plebe, también lo entiendo, pero lo que no comprendo es que me hagas el vacío.
No soporto que la gente desaparezca y me deje sin explicarme el porqué de su cambio de idea.
¿Entiendes? Eso es lo peor que puedes hacerle a una mujer.
El silencio. Dudar sobre si he hecho algo.
Eso es mortal. Y aunque no quieras volver a verme jamás, esto no debes hacérselo nunca a otra mujer porque duele mucho más de lo que crees.
Gildo dejó de sostener la mirada de Marzia. Bajó la vista y se pasó la lengua por los labios. Fue a hablar, tenía mil cosas que decirle, pero no le salió nada.
Sintió que se había equivocado. Aunque tuviera razón y se hubiera sentido mal, había provocado un dolor en esa persona.
Levantó la cabeza y suspiró.
—Hace dos semanas, vi cómo te besabas en la boca con un hombre. Aquí, en tu cafetería. Os cogíais de la mano y os mirabais con pasión. Lo vi con mis propios ojos. Yo estaba allí, allí fuera. Me sentí engañado. Si tenías novio y no me lo dijiste, no estuvo bien. Me diste a entender algo que no era.
Ella bufó.
—¿De qué me estás hablando?
Gildo arrugó el ceño.
— Porca miseria , Marzia. Estabais allí.
Un hombre alto, corpulento, pelo corto, moreno y con tatuajes.
Parecía un actor de Cinecittà. Parecía un toro.
Os besasteis en la boca. No es ningún malentendido, ¿sabes?
—dijo Gildo, molesto, dio un paso hacia adelante y tendió la mano—.
Las llaves del candado. Me tengo que ir.
Ella asintió.
—Ahora entiendo. Es Davide…
Gildo se encogió de hombros.
—Me da igual cómo se llame.
Marzia se echó a reír.
—¿Sabes quién es Davide?
—Ni lo sé ni me importa.
—Es mi ex. Estuve con él casi diez años. Es como un hermano para mí.
Él dio un paso adelante.
—Las llaves.
—¿Es que no me escuchas? ¿Me has hecho el vacío todo este tiempo por culpa de mi ex?
—Las llaves, Marzia, por favor, tengo mucha prisa.
Ella se mordió los labios y miró hacia un lado. Se metió las manos en el bolsillo del pantalón y sacó las llaves del candado.
Se las acercó, pero, antes de dárselas, le dijo:
—Está bien que tengas una emergencia, pero prométeme que esta conversación la seguiremos y la acabaremos.
—No te prometo nada.
—Promételo o tendrás que ir en taxi a tu urgencia. Y sé… lo que detestas ir en coche.
Gildo se lo pensó, pero solo fue un farol, él ya sabía que necesitaban concluir la conversación.
—De acuerdo.
Ella sonrió. Le dio las llaves y vio cómo se marchaba.
Gildo, en cambio, desbloqueó el candado, dejó la cadena en la maceta de Marzia y arrancó la Vespa. Salió rápido hacia el caso que acababa de asignarle Er Bufa y que le haría saltar por los aires todo el fin de semana.