Capítulo 21
Al entrar en el despacho de la enfermera jefa Gwen Sumner, Rachel se rio al ver la misma reacción que había tenido ella al ver al visitante que ahora la acompañaba. Fue como mirar a un banco de peces boqueando en una pecera; todas las bocas se abrieron con incredulidad.
El doctor Bentley fue el primero en hablar, poniéndose en pie y corriendo hacia ellos.
—Jack, amigo mío, ¡cuánto me alegro de verte!
—Siento sorprenderos a todos así. Tengo entendido que habéis estado teniendo algunos problemas con el nuevo.
—Quedarse corto es poco —dijo Gwen—. Jefe Waverley, ¿le traigo un café?
—Algo un poco más fuerte, si no le importa… ¿un brandy? —Se sentó en una de las sillas.
Jason se puso en pie. —Me alegro de verle, señor.
—Y yo a usted, Goodridge.
Rachel permaneció de pie, todavía confusa, ya que Waverley no había explicado su presencia desde que había aparecido inesperadamente en su puerta.
Waverley carraspeó a su manera antes de empezar a explicar. —Pensé en recoger a la señorita Prince por el camino, sabiendo que estaría involucrada.
—Vamos, Jack, la tensión nos está matando. ¿Qué está pasando? ¿Dónde está Brenda? —preguntó el doctor Bentley.
Tras tomar un pequeño sorbo de brandy, disfrutando claramente del momento, Waverley se lanzó a dar su explicación.
—Hace unas seis semanas, el capitán me llamó a su alojamiento, junto al puente de mando, y me habló de un jefe de seguridad en un barco gemelo que estaba causando todo tipo de problemas.
Nadie sabía si era por despecho, ya que lo habían contratado a él en lugar de ascender a su segundo, pero debido a su comportamiento bastante extraño, y sabiendo que yo iba a tomarme un permiso para irme de luna de miel, el capitán Jenson me pidió que hiciera algunas comprobaciones de antecedentes mientras estaba fuera y que recomendara que el jefe se uniera a este barco para cubrir mi permiso.
—Por supuesto, ¿estamos hablando de Brian Heel? —aclaró Gwen.
—Sí, pero las únicas personas que sabían de este plan éramos el capitán, yo y Charlotte Franks, mi segunda al mando.
—Me preguntaba por qué no la habían dejado a ella a cargo —dijo el doctor Bentley.
—Bueno, en muchos sentidos, sí lo ha estado.
Ha estado observando y anotando el comportamiento de Heel todo el tiempo que ha estado a bordo.
También ha estado intentando investigar el asesinato del pasajero encontrado en la biblioteca…
, algo que no habíamos previsto —carraspeó—, aunque teniendo en cuenta que la señorita Prince estaba a bordo, deberíamos haberlo supuesto.
Rachel le lanzó a Sarah una mirada de «ni se te ocurra reírte», que ella —y todos los demás— ignoraron por completo, así que Rachel puso los ojos en blanco hasta que las carcajadas en la sala amainaron.
Una vez que las risas se acallaron, Waverley continuó.
—Como nuestro hombre había estado en la marina noruega en lugar de la británica, tuve que pedir algunos favores a un viejo amigo; no os aburriré con los detalles de por qué me la debía.
Baste decir que estuvimos en una operación conjunta hace algunos años y le salvé el pellejo. —Waverley tomó otro sorbo de brandy.
—Pensábamos que estabas en el Caribe —dijo Bernard.
—Por desgracia, tendré que dejar eso para otra ocasión.
—¿Y? —preguntó Sarah con impaciencia.
—El caso de Brian Heel es triste, me temo.
Es gay, algo a lo que no le dan importancia en las fuerzas armadas noruegas, a diferencia de las nuestras.
Por desgracia, su pareja, también marinero, tuvo un accidente en el campo de tiro.
Le alcanzó una bala de fuego amigo… Nunca he entendido ese término, ninguna bala es amiga, pero es la expresión que se usa, así que la aceptaremos por ahora.
Estaban en algún lugar perdido en los bosques de Noruega, y Heel vio caer a su amigo.
»La única persona con conocimientos médicos por allí era una enfermera.
La pobre mujer hizo lo que pudo, pero no consiguió reanimar al hombre; había muerto en el acto.
Heel nunca pudo aceptarlo. Al parecer, intentó que expulsaran a la enfermera de la marina por negligencia.
Como no lo consiguió, se dedicó a manchar su nombre por todo el campamento, inventando historias falsas sobre ella.
Al final, ella sufrió una crisis nerviosa y dejó la marina de todos modos.
»Aún no satisfecho, la emprendió con otras enfermeras.
De hecho, mi viejo amigo descubrió que debía de estar sufriendo flashbacks , imaginando que cada enfermera que conocía era la que él sostenía que había matado a su pareja porque no pudo salvarlo.
Al final le dieron un licenciamiento deshonroso, y luego, de alguna manera, consiguió el empleo a base de mentiras, primero en una línea de cruceros más pequeña, y ahora en Queen Cruises.
—¿Cómo pasó la comprobación de antecedentes? —preguntó Jason, atrayendo a Sarah hacia él, dándose cuenta claramente de lo mucho que ella debía de haber sufrido mientras Heel se ensañaba con ella.
—Un antiguo oficial, que sentía lástima por él, le dio las referencias que necesitaba. Se comportó durante un tiempo, incluso en nuestro barco gemelo, pero recientemente empezó a agitarse, gruñendo a la tripulación y a los pasajeros.
—¿Especialmente a las enfermeras? —preguntó Rachel.
—No, de hecho, evitaba el centro médico.
Parece que nuestro cadáver y la presencia de Sarah en el equipo que no pudo salvar a la pobre mujer desencadenaron una peligrosa reacción en cadena.
Según todos los informes, ha empeorado mucho desde que está a bordo del Coral Queen .
Charlotte ha estado vigilando a Sarah por si suponía algún peligro físico.
Lo siento, Sarah, no teníamos ni idea de hasta qué punto llegaría esto.
Está claro que sufre algún tipo de estrés postraumático, así que ahora está bajo arresto domiciliario.
Graham, no se tomará bien que tú lo evalúes, así que hemos llamado a un experto en salud mental que lo verá cuando lleguemos a Melbourne.
Si no acepta recibir ayuda, el plan es repatriarlo a Noruega, donde podrá ser evaluado por los médicos de allí.
El equipo y Rachel se quedaron en silencio mientras digerían la información. En retrospectiva, las señales eran obvias, pero un problema de salud mental real e inminente se les había escapado de las manos.
—Bueno, esperemos que el pobre hombre reciba la ayuda que necesita. —El doctor Bentley habló por todos.
—¿Se queda usted? —preguntó Gwen a Waverley.
—No pensaba hacerlo, pero como tenemos un asesinato y un intento de asesinato entre manos, siento que debo hacerlo.
Brenda se reunirá con el barco mañana y se unirá a mí.
Me he casado con una mujer muy comprensiva.
De todos modos, ya es hora de que vuelva a cocinar para los pasajeros; he engordado demasiado. —Se frotó el abdomen creciente.
—La vida de casado te sienta bien —dijo Sarah. Aparte de eso, había estado muy callada.
—Uno menos, quedan dos —dijo Rachel alegremente.
—¿Qué quiere decir? —preguntó Waverley.
—Investigaciones. —Se dejó caer en el sofá del despacho de Gwen y rodeó a Sarah con el brazo de forma protectora.
Waverley gimió antes de lanzarle a Rachel una mirada severa.
—Señorita Prince, permítame recordarle que usted es una conferenciante invitada a bordo de este barco, NO un miembro del equipo de seguridad.
No debe tener nada más que ver con ninguna de las investigaciones en curso, y si la descubro entrometiéndose, haré que la pongan bajo arresto domiciliario. ¿Ha quedado claro?
El tono de Waverley era más agudo de lo habitual y el enrojecimiento que se extendía desde su cuello hasta su cara convenció a Rachel de que hablaba en serio.
Quizás la interrupción de su luna de miel lo había vuelto menos tolerante, o quizás era el comportamiento de Brian Heel que se le estaba contagiando.
—Clarísimo, jefe. —Resistió el impulso de hacer el saludo militar e intercambió una rápida mirada con Jason, que por supuesto sabía del botín en el camarote de ella.
—En ese caso, les deseo a todos buenas noches. Goodridge, necesito verle.
Después de que los dos hombres se marcharan, Gwen rompió el atónito silencio, sonriendo con simpatía. —Bueno, eso te ha puesto en tu sitio, señorita Prince.
—Creo que esta vez va en serio, Rachel —dijo el doctor Bentley—. Deberías mantenerte al margen de esto.
Rachel asintió lentamente, con la mente en otra parte.
—Vamos, señorita Prince, tomémonos algo. —Sarah levantó a Rachel de la silla.
—Se acabó lo de señorita Prince o pagas tú. —Rachel le dio un codazo a Sarah, que miró hacia el interior de la sala.
—¿Alguien más se une a nosotras?
Bernard se levantó de su asiento como un resorte, pero el doctor Bentley declinó.
—Gwen y yo tenemos unos papeles que revisar y tengo que levantarme temprano mañana.
Mis hijos y sus familias se unen a nosotros y les prometí un recorrido por el barco.
—La cara del doctor Bentley se iluminó como si acabara de recordarlo—.
Debo decir que estoy encantado de no tener que andar con pies de plomo con Heel mientras estén a bordo.
Waverley tiene sus defectos, pero es un tipo decente, así que volveremos a la normalidad.
Rachel no estaba muy convencida de que ese fuera a ser el caso, pero no quiso pincharle el globo al doctor Bentley.
Alex explicó que había quedado con Greta para tomar algo, lo que provocó que el doctor Bentley enarcara una ceja, ya que era un poco lento de reflejos en lo que respectaba a los intereses amorosos de su equipo. Brigitte estaba callada, lo que no era propio de ella, así que Rachel la miró.
—¿Vienes, Brigitte?
—Nunca rechazo una copa, aunque para mí será una limonada. Estoy de guardia. —La sonrisa no le llegó a los ojos y la jovialidad habitual de la enfermera francesa había desaparecido. Rachel se preguntó si los demás se habían dado cuenta y si Sarah sabía qué le pasaba. Le preguntaría más tarde.