Capítulo 19
El Coral Queen zarpó del puerto puntualmente sin Sunita ni Jack Chowdry.
Sarah apenas tuvo tiempo de cambiarse antes de reunirse con el equipo médico, a excepción de Alex, que estaba cenando con Greta en el comedor de oficiales.
El equipo se mostró comprensivo con que su día libre se hubiera convertido en una jornada laboral más una vez que les explicó los sucesos de la mañana, pero Bernard no pudo resistirse a tomarle el pelo.
—Es el efecto Rachel Prince. ¿Qué se puede esperar? Ahora tenemos a su ex a bordo, que parece atraer tantos problemas como ella.
—A ver si lo he entendido bien —intervino Graham—. ¿Su exprometido es un policía de Inglaterra que da la casualidad de que está en el mismo barco que Rachel?
—A mí me huele a chamusquina —dijo Gwen.
—Yo también lo pensé, y Rachel igual, pero ahora cree que está en una especie de misión secreta siguiendo a una pareja que resulta que está en este crucero.
También piensa que tiene una aventura con Sunita Chowdry.
—Sarah frunció el ceño, insegura de si a Rachel le haría gracia que compartiera todo esto, pero de todas formas saldría a la luz de un modo u otro.
Nadie creía realmente que hubiese sido el ataque de un desconocido.
—Aun así, creo que Rachel debería tener cuidado, porque si su ex está involucrado en este ataque, sabrá que ella lo descubrirá.
—Graham expresó lo que Sarah había estado pensando—.
Ojalá Waverley estuviera a bordo en lugar de este patán que tenemos por jefe de seguridad.
—Graham golpeó la mesa con la servilleta.
—¿Por qué no hace nada el capitán Jenson con el comportamiento de Heel? —preguntó Brigitte—. Ya debería estar en el calabozo. He oído que ha habido numerosas quejas del personal.
Graham pareció incómodo; no le gustaba hablar de un compañero oficial de alto rango, pero Sarah supuso que se estaba preguntando lo mismo.
—No lo sé. Tengo que llevarle el informe de Sarah sobre los sucesos de hoy al capitán Jenson después de la cena, así que se lo preguntaré sin rodeos. Para mí tampoco tiene ningún sentido. Gwen, dile a Alex que se encargue de la consulta de la tarde y os veo a todos luego.
Graham se levantó de la mesa justo cuando entraba el pomposo sujeto de su conversación.
El resto del equipo se levantó de inmediato y se dispuso a marcharse también, ninguno de ellos deseaba un encuentro con el jefe de seguridad, y menos que nadie Sarah.
Gwen le había dicho que no debía estar a solas con ese hombre y Sarah no tenía ninguna intención de desobedecerla.
No había visto a Jason desde la noche anterior y esperaba que de verdad se le hubiera pasado lo que le preocupaba.
Sarah estaba absolutamente segura de que nunca se había topado con el jefe Heel en su vida.
—Un momento, usted. —Heel le cerró el paso.
—¿Qué puedo hacer por usted, oficial Heel? —Sarah intentó controlarse, pero fue inútil. Le temblaban las manos visiblemente.
—Necesito hablar con usted sobre lo que ha pasado hoy, y otros asuntos —gruñó él.
Gwen intervino. —La enfermera Bradshaw llega tarde a la consulta, así que si quiere hablar con ella, preséntese en mi despacho a las siete y media en punto. —Luego cogió a Sarah del brazo y la guio rodeando la figura estupefacta del jefe Heel.
—Recuérdame que no me ponga a malas contigo —rio Sarah.
—Un detalle que harás bien en recordar —replicó Gwen de buen humor—. Ese hombre está aterrorizando a demasiada gente; espero de verdad que Graham tenga algo de éxito con el capitán.
La consulta de la tarde pasó rápidamente, aunque a Sarah le costaba concentrarse, aterrorizada por la reunión con el jefe de seguridad… si es que aparecía como le había ordenado Gwen.
Sin embargo, no tenía por qué haberse preocupado. Cuando llegó al despacho de Gwen, no había ni rastro del jefe, pero su rostro se iluminó al encontrar a Jason esperándola fuera. En contra de su discreción habitual, se lanzaron a los brazos del otro y ella hundió la cabeza en su pecho.
—¡Ay, Jason, cuánto me alegro de verte! —Las lágrimas que se habían estado acumulando desde el día anterior corrían ahora libremente por la camisa de él.
—He oído que has tenido un mal día. —Le acarició con dulzura el pelo ondulado. El olor de él y la sensación de seguridad que le producía estar en sus brazos la hicieron llorar histéricamente, y Gwen salió hecha una furia de su despacho.
—Ah, eres tú, Jason, perdona. Pensaba que era ese hombre horrible, Heel.
¿Por qué no usáis mi despacho un rato? Tengo que ir a ver a Raggie por unos suministros.
—Como encargado de suministros médicos, Raggie era un miembro muy valioso del equipo que siempre parecía saber lo que necesitaban y cuándo, desde café o comida hasta espacio.
Jason condujo a Sarah al despacho de Gwen y la sentó en el sofá, sirviéndole un café de la jarra que siempre estaba disponible al final de la consulta. Luego se sentó a su lado y la atrajo hacia sí.
—Lo siento, fui un tonto al pensar que me ocultarías algo. Es Heel, es un veneno, dijo cosas horribles sobre Graham y sobre ti… cosas que no pude procesar… y mi inseguridad pudo conmigo.
—Jason, te quiero. No quiero estar con nadie más que contigo y de verdad que no sé por qué tu jefe cree que me conoce. No es así. Hay algo más en todo esto, estoy segura. Creo que no está bien de la cabeza.
Jason respiró lentamente y ella pudo sentir cada aliento mientras la abrazaba. No quería que ese momento terminara.
—Yo también te quiero, Sarah Bradshaw. He tardado un poco en reaccionar y debería habértelo dicho mucho antes.
Cuando Sarah levantó la cabeza del pecho de él y le miró a sus ojos azul oscuro, percatándose de un atisbo de lágrima, se sintió sin aliento, pero más feliz de lo que se había sentido en toda su vida.
—Veo que vosotros dos habéis hecho las paces. —Bernard sonreía de oreja a oreja al entrar, seguido de cerca por Brigitte. Le dio un puñetazo en el brazo a Jason—. Por fin has entrado en razón, tío.
Brigitte resopló. —¡Hombres! Siempre son tan lentos en darse cuenta de que tienen una buena mujer. No nos merecéis.
Todos se rieron mientras la habitual opinión de Brigitte sobre el tema de los hombres hacía que los rostros masculinos enrojecieran, e incluso Bernard no respondió con una de sus típicas ocurrencias. Simplemente sonrió feliz.
—¿Alguien quiere un café? —preguntó.
—¿Alguien ha dicho café? —Alex se unió a ellos y, mirando a su alrededor las caras felices, añadió—: ¿Me he perdido algo?
—mientras se dejaba caer en una de las sillas de Gwen—.
Gwen vendrá en un minuto. Nos ha pedido que nos quedemos por aquí…
tú también, Jason. Graham está de vuelta de ver al capitán.
Gracias a Dios, pensó Sarah. Espero que sean buenas noticias.