Capítulo 15 #2
—Baja la voz —dijo Gwen, mirando a su alrededor para comprobar que no estaban al alcance del oído de otros pasajeros. Todos comían tarde, así que el bufé estaba relativamente tranquilo y su mesa en la esquina estaba bien resguardada.
—Me llamaron al camarote de Georgia Flanders anoche. Estaba inconsciente en la bañera. —Los ojos de Sarah recorrieron los alrededores—. Pensábamos que estaba borracha o que había tomado una sobredosis, pero dice que la drogaron.
—¿Y fue así?
—Creo que sí. Tenemos una muestra de sangre para entregar en Burnie mañana, pero, por lo que dice, sí que lo parece.
—O eso o tiene una imaginación muy activa —intervino Gwen.
—¿Qué dice el jefe de seguridad?
El arqueo de cejas de Sarah lo dijo todo.
—No quiere ni oír hablar del tema; dice que es una chica tonta que intentó suicidarse. Graham intentó hablar con él, pero no ha sido receptivo.
A Sarah se le llenaron los ojos de lágrimas.
—¿Qué pasa?
Bernard negó con la cabeza y, mientras Sarah se secaba los ojos con una servilleta, el enfermero filipino le puso una mano en el hombro.
—Es Jason, ha estado un poco raro con Sarah —explicó—. Le he dicho que probablemente sea el trabajar con ese hombre lo que le está volviendo loco.
—No me habla, Rachel. Anoche lo llamé después de llegar a mi camarote y fue brusco, me dijo que estaba ocupado y me colgó. Nunca ha sido así, desde que lo conozco. —El labio inferior de Sarah tembló y se lo mordisqueó sin piedad, como era su costumbre cuando estaba preocupada.
—Me encontré con él anoche, y desde luego que lo estaba pasando mal con su nuevo jefe.
—Todos los ojos estaban ahora puestos en Rachel—.
Mira, no hay excusa para que sea distante contigo, pero ese hombre, Heel, es capaz de hacer que la persona más plácida se enfurezca.
Jason presenció cómo su jefe le montaba un pollo a mi camarera por su colchón, algo que no tenía nada que ver con ella.
La encontré llorando después de que el jefe de seguridad casi me arrollara mientras salía furioso y luego me gritara como si fuera culpa mía que se hubiera tropezado conmigo.
Jason y yo charlamos un rato después y él se debatía entre la lealtad a su jefe y denunciar lo que había presenciado.
Entiendo cómo podría afectarle eso; quizás necesite algo de espacio para resolver las cosas.
—Oh, Rachel, tiene que ser eso. Jason es leal hasta la médula. Este tipo de situación le carcomerá, eso seguro. Pensé que tal vez Heel le había dicho que no podía verme más, o peor, que se había hartado de mí.
—Puedes olvidarte de la segunda parte de esa frase —dijo Gwen—. Ese hombre está coladito por ti, Sarah, está loco por ti. Mi consejo es que le des un poco de espacio. En fin, será mejor que vaya a hacer algo de facturación o me la voy a cargar.
Después de que Gwen se fuera, Bernard miró a Sarah con vacilación.
—¿Sabe Gwen lo que pasó anoche?
Sarah negó con la cabeza, todavía secándose los ojos.
—¿Qué pasó? —Rachel se dio cuenta de las miradas que intercambiaron.
—El jefe Heel le susurró algo a Sarah. Ninguno de nosotros lo oyó, pero vi la malicia en sus ojos mientras se alejaba.
Rachel tomó la mano de Sarah, haciendo que esta levantara la vista de su pañuelo.
—Dijo que me las pagaría o algo así… Estaba preocupada por Georgia Flanders, así que no estaba escuchando de verdad.
Fue después cuando me di cuenta de lo que había dicho, pero no lo entiendo.
Que yo sepa, nunca me lo he encontrado antes.
Es el hombre más extraño, estoy segura de que lo recordaría si lo hubiera hecho.
La preocupación por su amiga creció en el pecho de Rachel, junto con el temor de que el nuevo jefe de seguridad pudiera ser realmente peligroso.
—¿Quién tiene acceso a los expedientes del personal?
—Cada jefe de departamento puede acceder a los expedientes de su propio equipo, pero si estás pensando en el de Heel, olvídate. Solo el capitán podría acceder a ellos. O Waverley, pero está tostándose al sol en el Caribe.
—Supongo que todavía no ha dejado marchar a Deep, ¿verdad?
—Sí, lo ha hecho, esta mañana. Perdón, se me olvidó decírtelo.
Graham recibió los resultados del forense de Adelaida: a la serpiente le habían quitado el veneno, así que no era peligrosa.
La señora F fue envenenada con una neurotoxina que la paralizó y la mató; todavía están haciendo pruebas de toxicología.
El capitán le ordenó a Heel que dejara marchar al hombre a menos que tuviera alguna prueba para acusarlo.
Por lo visto, desde entonces está hecho una furia y no le dirige la palabra a Graham, como si fuera culpa suya que la mordedura de la serpiente no la matara.
—Encontraron una caja para serpientes en el camarote del señor Janda, así que la serpiente aún podría haber sido suya —añadió Bernard.
—Así que el asesinato fue escenificado de forma elaborada; presumiblemente el asesino iba a retirar la serpiente después de que hubiera mordido a la señora F y dejar que todos pensaran que había sido apuñalada o asesinada por una serpiente que no se encontraría.
No me puedo creer que la serpiente fuera de Deep, quizás alguien planeó incriminarlo o plantaron la caja por si acaso después de que él los interrumpiera en la biblioteca.
—Eso parece —suspiró Bernard—. Te necesitamos más que nunca, Rachel. El jefe de seguridad está desquiciado, e incluso si investiga, no descubrirá al verdadero asesino. Actúa a lo bestia y no tiene la inteligencia para investigar a un asesino astuto como este.
—Y por lo visto sigue convencido de que el señor Janda cometió el asesinato, según dicen. —Sarah miró a Rachel con aire suplicante.
—Tú y yo vamos a tener que echar ese vistazo en el camarote de la señora F esta noche, después de todo.
Sarah se sonó la nariz, levantó la vista y sacó la barbilla.
—Trato hecho.
—No sin mí, desde luego que no. ¿Qué puedo hacer yo? —preguntó Bernard.