Morirse por un crucero (Misterios de Rachel Prince 4) Capítulo 15
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Capítulo 15

Rachel tuvo un sueño agitado después de su tensa velada, conmocionada por el desagradable encuentro con la esquelética Emma. Seguro que Emma se había fijado en ella en la mesa durante la cena de la noche anterior, aunque le había estado dando la tabarra a Glenis la mayor parte del tiempo.

¿De verdad pensaba que yo era una chica de compañía o simplemente estaba siendo borde por razones desconocidas? Ninguna de las dos opciones hacía que la mujer le resultara más simpática.

Luego estaba la conversación con Jason, que claramente lo estaba pasando mal para gestionar la situación en la que se encontraba.

Era poco probable que denunciara a Heel al capitán Jenson, un tipo agradable pero «de la vieja escuela» al que no le haría mucha gracia que los oficiales subalternos fueran desleales.

Por otro lado, el señor Heel le estaba haciendo honor a su apellido.

No había nada que le impidiera a ella denunciarlo aunque solo fuera por su mala educación.

Si fuera una pasajera corriente, como lo había sido en cruceros anteriores, no dudaría, pero esta vez era una conferenciante invitada durante todo el viaje.

Aunque estaba empleada a través de una agencia, eso seguía desdibujando los límites con respecto a sus responsabilidades laborales.

—Una más y no dudaré, jefe Heel.

La carrera matutina, la ducha y el desayuno en el bufé le despejaron la cabeza, y se dirigió temprano al gimnasio.

El recepcionista, un hombre con el pelo negro y brillante cortado al rape, levantó la vista cuando entró.

Rachel llevaba unos pantalones anchos de tela blanca y una sudadera rosa, y guardaba un lápiz de memoria en el bolsillo.

—¿En qué puedo ayudarla?

—Soy Rachel Prince. Me dijeron que viniera aquí; tengo una clase de defensa personal a las diez.

El joven le sonrió de oreja a oreja, revelando unos dientes blancos y perfectos. Parecía un anuncio de esteroides.

—Hola, Rachel, venga conmigo. Le han asignado una de las salas de actividades.

Rachel lo siguió hasta una sala grande con cristaleras que cerraban el espacio, a excepción de dos paredes principales en las que se exhibían pósteres de actividades.

El brillante suelo de madera con efecto roble era perfecto para las actividades de fitness.

Se habían colocado veinte sillas en semicírculo con una mesa en la parte delantera.

Detrás de la mesa ya había una pantalla levantada y a un lado se disponía de un proyector y un ordenador portátil.

—Las esterillas están ahí. No estaba seguro de si las necesitaría para la primera sesión. —Señaló con la cabeza una puerta de armario que ella supuso que también albergaba otro material de gimnasio.

—Gracias, ya veré sobre la marcha. Si las necesitamos, nos serviremos. ¿Hay una lista?

—Ah, sí, disculpe, se me había olvidado. Soy bastante nuevo en la vida a bordo, todavía no he cogido la rutina. Por cierto, soy Dan. Iré a buscarla.

—Gracias, Dan.

Rachel insertó su lápiz de memoria en el portátil y comprobó que el proyector funcionaba. Todo perfecto; ahora solo tenía que dar la talla. La lista no llegó hasta que la clase estuvo casi llena. Rachel supuso que Dan se había distraído con los huéspedes y los asistentes a la clase.

—¡Rachel! No sabíamos que eras tú la instructora de defensa personal —gritó Glenis al entrar en la sala con media docena de personas de la lista de deseos, incluidos todos los de la cena excepto Deep.

Rachel los saludó con la mano, pero no se unió a ellos, no queriendo entablar conversación con la mujer esquelética, Emma.

Todavía estaba enfadada con Emma por insinuar que, en el mejor de los casos, era una chica de compañía y, en el peor, una prostituta.

Revisó la lista cuando Dan se la dio por fin y se familiarizó con los nombres y las edades antes de empezar la clase.

—Buenos días a todos, soy Rachel Prince, la responsable del curso de defensa personal. —Tras presentarse, explicar su formación como cinturón negro de kárate y averiguar un poco sobre la clase de veinte personas, incluidas las afecciones médicas o lesiones actuales, comenzó.

Tras un comienzo lento, la clase, predominantemente femenina, no tardó en congeniar.

A Rachel le resultó difícil adaptar la clase para ajustarse a las enormes diferencias de edad, pero la gente de la lista de deseos, junto con un pequeño número de personas de sesenta y tantos y siete mujeres de veintitantos, parecían deleitarse con su inexperiencia y no tenían miedo de mezclarse.

Charles estaba allí, algo sorprendente teniendo en cuenta su pasado militar, pero ella sospechaba que podría querer impresionar a las damas; a una en particular, ya que él y Prudence se comportaban como adolescentes con la risa tonta.

El hombre que le habían presentado la noche anterior, Victor, también estaba allí.

Rachel sospechaba que él también sentía debilidad por Prudence Crowther, que era muy atractiva y, al parecer, estaba encantada de flirtear.

Incluso Emma y Patty se unieron a la diversión y participaron en la práctica.

Patty se entregó con extraordinario vigor teniendo en cuenta la cantidad de temblores que emanaban de una falda corta y un chaleco demasiado ajustados, ambos revelando demasiada carne para el gusto de Rachel.

Emma no reconoció a Rachel y no pareció darse cuenta de quién era. Tampoco Patty, ahora que lo pensaba.

Después de la clase, Glenis arrastró a Emma como a una colegiala traviesa a través de la sala hasta donde estaba Rachel mientras esta guardaba el portátil para devolvérselo a Dan.

—Venga —la engatusó.

De cerca, Rachel observó las venitas en las mejillas de la otra mujer: una señal inequívoca de un consumo excesivo de alcohol. Emma evitó el contacto visual, pero musitó a regañadientes:

—Por lo visto le debo una disculpa.

Rachel esperó a que llegara la disculpa propiamente dicha, pero no lo hizo. Emma se dio la vuelta sobre sus talones y salió de la sala a grandes zancadas, dejando a Rachel y Glenis plantadas. Sin que Emma le cayera mejor que antes, Rachel no podía ni imaginar qué le pasaba.

—Ay, querida, lo siento, Rachel. Pensé que iba a mostrar algo de arrepentimiento después de insultarte anoche, pero está claro que no.

—Continuó sin esperar respuesta, hablando en voz más baja—.

Cuando me he enfrentado a ella esta mañana, parecía genuinamente sorprendida, ha dicho que no tenía ni idea de lo que estaba hablando y que no podía creer que hubiera dicho algo así.

No la conozco muy bien, pero creo que está muy agobiada cuidando de Patty, que tiene problemas de memoria. Demencia, creo.

—No te preocupes por eso, no ha sido nada. Como dices, quizá esté sometida a mucha presión, y sí que parecía empinar el codo con ganas. A lo mejor de verdad no se acuerda.

Glenis pareció escéptica.

—Eso es muy generoso por tu parte, pero, por favor, no dejes que eso te impida volver a quedar con nosotras.

¿Cenarás con nosotros esta noche? ¡Me recuerdas tanto a mi nieta, y es agradable tener sangre joven entre nosotras, las carrozas!

Prefiero mucho más la compañía joven, pero nadie de mi familia quiso venir conmigo a este crucero.

Mi hijo me sugirió el viaje de la lista de deseos cuando lo vio anunciado en el Times .

Bromeaba conmigo, ya que nunca he estado en el extranjero, salvo por un viaje a Escocia.

Rachel casi se atragantó con el vaso de agua que había cogido, encontrando difícil imaginar que ir a Escocia se considerara ir al extranjero.

—Pero viniste de todos modos.

—Estaba tan enfadada con la familia por no tomarme en serio cuando dije que quería hacer algo diferente para variar…

Llamé a una amiga que sabía de internet y nos sentamos juntas mientras ella me lo reservaba todo.

Mi hijo lamentó el día que me había enseñado el anuncio cuando le comuniqué que el resto de su herencia podría irse en futuros cruceros si disfrutaba de este.

—¿Tu amiga no quiso venir contigo?

—Lamentablemente, no podía permitírselo; intenta vivir con una pensión de miseria después de que a su marido le estafaran los ahorros de toda su vida. Esa experiencia lo llevó a la tumba y ahora ella se ha quedado sin nada. Intento ayudar cuando puedo.

—¡Qué espantoso! ¿Atraparon al estafador?

—Oh, sí, lo atraparon, claro, pero apenas recuperaron nada. Se había fundido los ahorros de ellos y de varias personas más.

—¿Y estás disfrutando del crucero, aparte de la muerte de la señora Flanders, por supuesto?

—En su mayor parte, sí, pero echo de menos a mi familia. Afortunadamente, Prudence parece estar en la misma situación, así que me hace compañía, y Charles se nos ha pegado, insistiendo en que será nuestro protector por si hay un asesino acechando. Por favor, ven esta noche, Rachel.

Rachel había querido evitar el comedor principal por miedo a encontrarse con Robert, pero se ablandó ante la sinceridad en los ojos grises de Glenis, visibles a través de las lentes transparentes de sus enormes gafas.

—Trato hecho —concedió mientras Prudence aparecía en el umbral de la puerta.

—Ahí estás, Glenis. Vi salir a Emma bastante mosqueada y me preguntaba si estabas bien. ¿Vienes a comer?

Rachel apretó la mano de Glenis y asintió comprensivamente mientras la mujer se marchaba para reunirse con su amiga.

Sarah ya estaba en el bufé junto con Bernard y Gwen cuando Rachel llegó.

—¿Dónde están Brigitte y los médicos? —preguntó mientras se unía a ellos con una bandeja cargada de ensalada fresca.

—Está de guardia, ha ido a ver a un tipo con un sarpullido —respondió Gwen.

—Y a Graham no se le vería por aquí ni muerto —dijo Bernard, guiñándole un ojo a Rachel—. Probablemente esté tomándose un almuerzo de tres platos en el comedor de oficiales o dándole un informe de los sucesos de anoche al capitán.

—¿Qué sucesos?